domingo, 1 de septiembre de 2013

Aniversario





No mires atrás y te preguntes “por qué”; mira hacia delante y
pregúntate “por qué no”

Abre lentamente los ojos. Le pesan demasiado los párpados.
Quiere levantarse de la cama, pero al levantar un poco la cabeza todo empieza a darle vueltas.
Suelta un gruñido. No lo entiende. ¿Está enferma de repente?
Alguien llama a la puerta de su habitación. Aprieta la mandíbula, han tocado demasiado fuerte.
Su madre entra en la habitación.
  • ¿Estás despierta, Violeta?
  • ¡Shhh! - le pide silencio la chica.
  • Lo tienes bien merecido, cielo.
La mira confundida. Su madre se acerca y se agacha a su lado, junto a la cama.
  • ¿Que?
  • Tienes resaca.
Se queda callada unos segundos, le cuesta pensar.
  • ¿Resaca, yo?
Su madre la mira con seriedad, aunque no parece enfadada.
  • Llama a Rubén, tenéis que hablar.
  • Uff, mamá, no grites tanto...
Sin decir nada más su madre sale de su cuarto y la deja sola.
¿Cuándo se emborrachó? Nunca le había pasado antes... ¿Y por qué no recuerda nada? ¿Cuánto tiempo lleva durmiendo? ¿Ha hecho alguna estupidez estando ebria?
Y lo peor de todo: ¿cuál ha sido la reacción de su padre? No quiere ni imaginárselo, y le duele pensarlo.
¿Qué le ha dicho su madre antes de irse, que llamase a Rubén? ¿Para qué? ¿Qué tiene él que ver con que ella esté borracha?
No puede evitar pensar en lo que podría haber pasado estando ella borracha... ¿y si él estaba borracho también?
Suelta un gemido y entierra la cara en la almohada.
A su lado hay un cubo, y junto a este un paquete de guisantes congelados. En otras circunstancias habría sonreído al ver los guisantes, pero no puede evitar sentir arcadas al girar la cabeza.
Respira profundamente, intentando que su estómago vuelva a un estado más o menos estable.
Ve por el rabillo del ojo su espejo y se pregunta cómo de desastrosa estará.
Tiene que levantarse.
Saca una pierna de debajo de las sabanas empapadas de sudor, luego otra, y finalmente levanta el resto de su cuerpo, sentándose sobre la cama.
Se le corta la respiración.
Tiene de nuevo arcadas y se tira al suelo junto al cubo. Vomita violentamente.
Muy bien, lección aprendida.
Se levanta a duras penas y olvida el espejo.
Se arrastra hasta la cama y se deja caer sobre el colchón. Da gracias porque no sea una litera.
  • Puuuuuuuuuff
Alarga el brazo hasta la bolsa de guisantes congelados y la coloca sobre su frente. Decide ver su reflejo en la pantalla del móvil.
Todo está borroso.
De repente, suena el tono de llamada que tiene asignado para su novio.
Haciendo caso de su ahora casi inexistente memoria, pulsa a tientas el botón para aceptar la llamada y coloca el móvil junto a su cabeza sobre la almohada.
  • ¿Violeta?
  • Nunca más, Rubén, nunca más – murmura ella.
  • ¿Qué?
  • No pienso volver a acercarme a una sola gota de alcohol.
Escucha su risa al otro lado de la linea, tan musical, tan suya.
  • Pues conociendo a la Violeta sobria, no sé cómo te has emborrachado esta vez, cielo.
  • Yo tampoco...
  • Tienes suerte de que pasase por la ciudad y que te viese, porque si no, puede que siguieras tirada en la calle.
Eso le duele. Tirada, suena fatal.
  • ¿Tirada...en...la...calle?
  • Sí, a las cinco, cariño, a las cinco – ella resopló, llevándose una mano a la dolorida cabeza – tus padres creyeron que estarías con algún amigo, ¡menuda cara pusieron cuando te traje borracha a casa!
  • ¿Tú me llevaste... a casa?
  • ¡Claro, ¿cómo iba a dejarte allí sola?!
  • Gracias... - dijo ella suavemente al teléfono, le dio un sonoro beso al altavoz, para que lo escuchase Rubén – me gustaría tanto que estuvieses aquí... estoy sola...
  • Mmmm, lo siento, no puedo... Cómo decirlo... - hizo una larga pausa – Tu padre no quiere que vuelva a verte, Violeta.
Se hizo el silencio entre los dos.
  • Entiéndelo, está asustado.
  • ¿Asustado?
  • Sí, ayer su hija volvió a casa borracha, en brazos de su novio casi veinte años mayor que ella, ¿qué crees que fue lo primero que debió de pensar?
  • Si te digo la verdad, he llegado a pensar lo mismo hace nada más unos minutos – dice ella en un susurro.
  • Sabes que yo no te haría eso, Violeta – parece ofendido.
  • Lo sé, cielo... lo sé – de nuevo el silencio durante unos segundos - ¿y por qué estabas en la ciudad ayer, no me avisaste?
  • ¿No sabes qué día era ayer? - parece incluso más ofendido que antes.
  • Efectos del alcohol... - intenta justificarse ella.
  • Ayer fue nuestro aniversario... - concluye él muy tristemente – ayer, fue el mismo día hace tres años en el que te vi la primera vez.
  • Lo siento... de verdad. No entiendo cómo pude emborracharme... cómo pude hacerte esto... Estarás horrorizado...
  • Estoy más asustado de que tu padre ponga una denuncia por violación que otra cosa.
  • Pero ayer no pasó nada...
  • No, no pasó nada.
Violeta se estruja la cabeza, haciendo que la bolsa de plástico cruja y le provoque más dolor de cabeza.
Le molesta incluso el ruido del roce de la sábana en su ropa. Entones se da cuenta, sigue vestida.
Muy lentamente, se quita los vaqueros y los tira al suelo.
  • Adiós, Violeta. Feliz aniversario.
Ella mira de golpe al teléfono.
Tiene ganas de llorar.
  • Te quiero, Rubén – consigue sollozar.

Hace tres años.
Tres largos y maravillosos años, que conoció a Rubén.
No se conocieron por una buena razón, pero tampoco fue horrible viendo cómo habían terminado las cosas.
Recuerda que estaba sentada en un banco en el parque, esperando a su novio, un chico irresponsable, asqueroso y gamberro, y ni siquiera era asombrosamente guapo, simplemente un chico irresistible ante sus ojos por ser justamente todo lo malo que era.
Llevaba al menos veinte minutos esperando.
Siempre se retrasaba al menos un cuarto de hora, porque venía en patines, pero a ella no le importaba.
Solía acercarse a ella muy serio, le daba un buen beso y la acompañaba de la mano a una pista de skate para que lo viera patinar con sus amigos.
Era simplemente para no tener que perder una tarde con una chica tonta, su táctica de siempre.
  • Cielo, hace frío – le había gritado ella sentada desde el banco una vez.
  • ¡No me llames cielo! - le había contestado él enfadado.
Pero ella seguía allí, esperando. Olvidando todo lo que él le había hecho como una tonta, una niña.
Y así pasaron horas, ella rememorando “buenos” momentos junto a su “novio” y la noche y el frío en pelo mes de octubre llegando.
Llevaba un vestido, se había puesto guapa para él, y se estaba congelando por él.
Un joven, de unos veinticinco años se acercó a ella.
  • Cielo, ¿qué haces aquí? Es ya tarde...
  • Lo sé – dijo ella secamente. Pederasta, pensó para su interior ¿Qué clase de hombre se acerca a una niña desconocida y la llama cielo?
  • ¿A quién esperas?
  • A mi novio – dijo ella, dejándolo bien claro. No iría con un viejo por ahí.
  • Pues tu novio no llega, lo siento.
  • No pasa nada. Lo esperaré un rato más.
  • Llevas aquí mucho tiempo ya, no va a venir, cielo.
  • ¡¿Me has espiado?! - le gritó ella, levantándose - ¡¿Y quién te crees que eres para llamarme cielo?!
  • ¿No te acuerdas? Violeta, soy Rubén, el hermano de Tony, tu novio.
Entonces se fijó bien en su cara. Sí, era él. Lo recordaba de cuando fue a cenar a casa de Tony.
  • Siento que sea yo quien te lo diga, pero me ha dicho que habéis cortado.
  • ¿Cortado? A mí no me ha dicho nada.
  • Sabes que Tony no tiene ni cerebro ni tacto, me lo dijo así, antes de encerrarse en su habitación para jugar a algún videojuego. Esta tarde no ha salido de casa – Violeta bajó la mirada. Se había olvidado de su cita – Y creo, que si lo piensas bien, que te haya dejado aquí sola, es su manera de decirte que... ya sabes... es su manera de romper contigo.
Ella asintió tristemente.
  • Y como sé que es muy bruto – siguió diciendo él, pero Violeta solo quería que se callara – le pregunté cómo había roto contigo. Me dijo lo que había hecho – se encogió de hombros – Si hubieras sido cualquier otra chica, simplemente me habría acabado peleando con él, porque claramente no sabe respetar a nadie, pero cuando viniste a cenar la semana pasada, me pareciste encantadora, no te mereces que te hagan esto.
La chica lo miró. Sintió el frío calarse entre sus brazos y sus piernas desnudas. Una mala elección, el vestido veraniego, claramente.
  • Y vine a por ti corriendo. Imaginé que tendrías frío, así que te traje un abrigo. Espero que no te moleste que sea mío, no suelo llevar abrigos de mujer.
Violeta río y aceptó el abrigo de buena gana. Estaba caliente, y olía a casa de Tony, con algo distinto, olía a Rubén.
  • Gracias.
  • Te llevo a casa, ven.
Rubén le tendió su brazo y ella lo cogió. Le sacaba unas cuantas cabezas. Era muy guapo. Le gustaba su pelo corto y despeinado y su barba de unos días.
Se subieron al coche juntos. Un coche caro, muy caro. Rubén encendió la calefacción.
  • Una mala elección el vestido veraniego en pleno otoño, ¿no te parece? - le dijo riendo.
Violeta río.
Cuando la dejó en casa, ya estaba loca él.

***

  • ¿Diga? - contestan al otro lado con una voz gutural.
  • ¿Estoy hablando con Shrek?
  • ¿Que?
Jorge suelta una carcajada.
  • ¿Eres Violeta?
  • Sí, soy yo. ¿Qué quieres, Jorge? - contesta ella con brusquedad.
  • Nada, nada. Si te molesto... - empieza a decir él.
  • No, lo siento, perdona – dice ella frotándose la frente – es que estaba durmiendo.
  • ¿Durmiendo? ¿A las dos de la tarde?
Violeta resopla a modo de asentimiento.
  • Vaya, ¿qué te pasa? ¿Estás enferma?
  • No... es solo... - le cuesta decirlo – es resaca.
Su amigo no dice nada. Al cabo de unos segundos muy largos, la chica empieza a preocuparse.
  • ¿Jorge? - susurra.
  • ¡¿RESACA?! - le grita él - ¡¿ESO SIGNIFICA QUE RUBÉN Y TÚ...?!
  • ¡SHHHH! - dice ella con los ojos cerrados. Le pitan los oídos - ¡No pasó nada!
  • ¿Estás segura?
  • Bueno, no me acuerdo...
Su amigo empieza a gritar. Parece ¿emocionado? ¿Es eso? ¿Emocionado porque su amiga haya perdido la virginidad? Violeta arruga la nariz, no le gusta.
  • Rubén me ha asegurado que no pasó nada, Jorge, no te emociones tanto.
  • ¿Y en qué se basa?
  • En que me encontró tirada en la calle a las cinco de la tarde, ¿quizá? - dice ella molesta.
  • Violeta, no estás hablando en serio – dice su amigo de pronto enfadado.
  • Tan en serio como que las nubes son blancas.
Jorge suspira al otro lado, abatido.
  • ¿Y cómo te emborrachaste?
  • ¡No lo sé!
  • ¡No te irrites! - se enfada el chico – Tranquila.
  • Perdona.
Odia tener resaca.
Se frota los cansados ojos y se mira las manos, borrosas.
El teléfono en manos libres está en el suelo.
  • ¿No te acuerdas de nada?
  • No del todo... Antes, de nada; ahora recuerdo que estaba ya borracha al salir de algún sitio, no sé si de mi casa o del instituto.
  • ¿Desde tu casa o de un instituto privado? - Jorge ríe con suavidad – lo dudo mucho.
  • Bueno, pues desde algún sitio.
  • ¿Y antes de estar borracha, no te acuerdas?
La chica gruñe, y se estruja la cabeza en busca de algo que no sea borroso.
  • Estaba en clase.
  • Y...
Ya sabe lo que pretende Jorge, fue lo mismo que hizo ella con él cuando los casos eran contrarios, él se emborrachó en una fiesta, o más bien lo emborrachó una chica. Fue así, después de eso, cómo descubrió definitivamente que era gay.
Aún recordaba la cara avergonzada de la chica, totalmente frustrada, que le preguntaba <<¿Tan mal lo hice?>>. Pobre.
  • Y me pasaron una nota. Era una chica, no recuerdo bien...
  • Vamos, Violeta – la animó su amigo.
  • Pff, ¡qué dolor de cabeza, Jorge, no puedo!
  • Bueno, ya sabes algo de lo que pasó ayer, te pasaron una nota en clase – dijo el intentando parecer animado.
  • Que triste.
Jorge río.
Violeta cerró los ojos.
  • Violeta, te dejo.
  • Adiós... - bostezó ella.
  • Duerme.
  • Duermo.

***

<<Sale del instituto. Alguien la lleva del brazo. Ambas sonríen. Cruzan un paso de peatones con una multitud de chicos y chicas mayores que ella pisándoles los talones. Está repentinamente feliz. ¡Por fin tiene amigos! Se gira de nuevo, todos le sonríen, o eso parece.
Después de andar un tiempo, entran en una casa.
Dentro todo está vacío y no hay luz. Unos chicos cerca de ella encienden unas velas.
  • ¿Es normal que no haya luz? - pregunta extrañada Violeta a la chica que la sujeta del brazo.
  • Sí, sí. Son solo los plomos, solemos tener problemas. Es una casa muy vieja.
Escucha risitas.
  • Pero aquí no hay muebles...
  • Es que los hemos quitado para poder hacer la fiesta aquí, ¡tonta! - dice ella sonriendo - ¡Ya verás lo que nos vamos a divertir! >>




viernes, 2 de agosto de 2013

3 misterios, 2 enamorados, 1 hecho del pasado

En el instituto deberían enseñar a mirar desde los ojos ajenos.

 

Jorge andaba apresurado por los pasillos de su instituto, entre las taquillas, con los brazos repletos de libros. Siempre andaba rápido por no tener que toparse con ellos. Un chico castaño con el pelo hairflip se chocó contra su hombro he hizo que se le cayeran algunos libros. Oyó su risilla y se volvió con enfado. Era Paúl.
-¿Qué pasa, enclenque? ¿Eres un debilucho y se te caen los libros con un simple toquecillo?
Lo había hecho aposta. En realidad Jorge era más alto que él, mientras que Paúl era más enclenque; pero no quería meterse en líos y lo dejó pasar. Recogió sus libros del suelo mientras el chico reía y continuó su camino. Paúl le adelantó para ir a encontrarse con su amigo Armando, que se encontraba riendo en frente de la taquilla de Jorge. Él bufó por lo bajo. Armando era delgado, demasiado, más alto que Paúl y con el pelo negro en punta. Ambos llevaban los pantalones caídos y converses con los cordones desatados. Al lado de la taquilla de Jorge, estaba la de su novio Javi, y el muchacho estaba apoyado sobre ella mirando el móvil. Tenía el pelo negro peinado para delante, era moreno, más bajo que Jorge. Jorge no pudo evitar sonreír por el simple hecho de verle.
-Hola, Javi. -lo saludó cuando llegó a su altura.
Él levantó la mirada del móvil para mirarlo por el rabillo del ojo. Se incorporó y se fue en sentido contrario sin decirle nada. A Jorge se le heló la sangre. ¿Por qué se comportaba ahora Javi así con él? Él no había hecho nada para eso... ¿O sí? No... no había nada... No podría haberlo o lo sabría...
-¿Qué, te ha dejado el novio, marica? -se burló Paúl desde atrás mientras Armando reía.
Jorge tragó saliva e impidió salir a las lágrimas. Evitó girarse para no decirle nada a ese imbécil. Dejó los libros de mala manera, cerró la taquilla de un portazo y se fue en pos de su clase, por donde se había ido Javi, con los dos chicos riendo a sus espaldas. En ese momento pasaba por allí Samuel, el cabecilla del grupo que estaba siempre metiéndose con él. Eran cuatro, ese día faltaba Víctor, el pelirrojo. Samuel llevaba el mismo estilo de peinado que Paúl, pero más rubio. Era alto, ancho e imponente.
-¡Eeeeh! -le dijo- Que la taquilla no tiene la culpa de que tú seas marica, ¿eh? Un poco de respeto al material escolar. -sus amigos reían a carcajadas, Jorge estaba de espaldas a los tres y seguía andando- A ver si va a ser contagiosa tu enfermedad mental y te la ha pega'o el novio... ¡Quita, bicho, no te me acerques, que no quiero ser marica!
Él aguantó las lágrimas. Siguió hacia delante, recto, con orgullo. Como si le resbalaran todos aquellos insultos; aunque no fuera así. Lara, la mejor amiga de Violeta y Jorge en ese instituto, bufó para sus adentros. Lo había visto y oído todo.
-Imbéciles... -murmuró- Enfermedad mental la que tenéis vosotros, como para poder decir tantas tonterías juntas en un sólo momento. Tienen que tener el grado supremo de “idiotez absoluta”. Por favor...
Se fue lo más rápido que pudo a por Jorge, y lo pilló justo antes de que éste entrara al baño de chicos para pasarse toda la clase llorando.


Jus se acercó a Peter en el aula. Esperó a que estuviera solo.
-Oye, Pet. Sobre lo que me dijiste el otro día... ¿Por qué me dijiste que te llamara Pedro?
Él miró a los lados para asegurarse que no hubiera cotillas de por medio y le respondió:
-Mira, Peter me llaman los que sólo quieren aprovecharse de mí, los que no les importo, los que sólo les interesa que sea popular y tener un compañero para echarse unos porros. Pedro me llaman los que me quieren, o los que me respetan por mi “yo” verdadero, no por lo que les pueda dar, no sé si me entiendes. Y yo sé que tú no te acercas a mí porque sea popular o por lo que te pueda proporcionar porque tú no eres así, y también porque no te puedo dar nada.
-Um... ¿Y cuánta gente te llama Pedro?
Él se quedó parado y callado unos momentos. Apartó la vista.
-Casi nadie.
Jus se quedó sin saber qué decir. Se escuchó la puerta abrirse.
-Vete, que ya está aquí el profesor y te va a regañar. -le echó Peter.

Dani se preocupaba por intentar pensar en una escusa para no tener que quedarse ese día cuidando a sus hermanos cuando se fueran sus padres. Eliot se acercó y le preguntó que en qué pensaba. Dani se lo dijo.
-Tío, no hagas eso, deberías de arrimar un poco el hombro y ayudar a tus padres. Yo también lo hago cuando Espe -su hermana mayor- está fuera. Es lo normal, tendrás que ayudarles un poco que los pobres están muy atareados.
-Primero: lo tuyo no es lo mismo, tú sólo los cuidas cuando Espe no está.
-Bueno, y tú cuando no están tus padres.
-Que no es igual, porque la mayoría de las veces que tus padres salen está Esperanza allí para cuidaros, y cuando es Espe quien sale suelen estar tus padres allí. Es igual, y lo segundo: ¿y por qué tengo que cuidarlos yo cuando no me cuidaron a mí ellos, que son mis padres?
-Venga, no seas, te dejaron algunas veces con otros cuando no estaban ellos; pero ya está... Como hacen ahora con Lucas Martín y Caro: los dejan contigo.
-Bueno, pues que los dejen con los abuelos como hicieron conmigo.
-¿Y no crees que tus abuelos ya han tenido bastante con tener que criarte a ti y a ellos?
-¡Pero es que no es justo! ¿Por qué siempre tengo que cuidarlos yo? Que se quede Lucas cuidando a Caro, por ejemplo.
Él escondió una risa.
-Por favor... ¿Pero tú estás escuchando lo que estás diciendo? Martín es demasiado pequeño como para cuidar de Caro.
-Quién nos escuché va a pensar que estamos locos, hablando con dos nombres de la misma persona... -comentó Daniel. Ambos sonrieron.
-Lo sé. Pero volvamos al tema, Dani, por mucho que no te guste Lucas no va a poder suplantarte cuidando el de Caro hasta que no tenga por lo menos trece años, y sabiendo cómo son tus padres no le dejaran al cargo hasta los quince. O sea, que te quedan por lo menos cinco años. Y de todas formas ¿tanto te cuesta? ¿no puedes quedarte cuidando de ellos una vez de vez en cuando? Tú piensa que ellos siempre están ahí para ayudaros y darían todo por vosotros ¿tanto te cuesta ayudarles tú a ellos sólo un rato?
-Jo, tío... Eres como mis padres. Bueno, no, tú eres peor: porque encima a ti te lo cuento y luego me haces sentirme mal.
Él sonrió.
-¿Los cuidarás?
-Está bien, de acuerdo. Pero sólo si tú vienes a ayudarme a poder pasar el rato.
-Vale; pero si me dejas llevarme a Bartolomé, que hoy yo también tengo que cuidarlo mientras Espe va con Sara al cine.
Daniel se aguantó una risa.
-En serio que sigo sin entender cómo a tus padres se les ocurrió ponerle ese nombre. Es un nombre demasiado grande para una persona tan pequeña.
Él se encogió con una sonrisa.
-Ya crecerá.
-No, en serio: Esperanza, Sara, Eliot... hasta ahí iba bien; pero ¿Bartolomé?
-Déjalo ya, anda.
-Vale, vale. -dijo aguantando la risa.


Justin llamó a Agustín y se tiró sobre la cama nada más llegar a casa. Tenía ganas de escuchar su voz, y la comida todavía no estaba hecha. Al rato de la conversación, Agustín le preguntó:
-Oye, Jus, ¿has visto a Antonio?
-¿Antonio? … ¿Tu ex?
-Sí... El primero.
Justin no le contestó.
-Eh, venga, Jus. Que es sólo porque quiero saber cómo está. Ya sabes que no lo traté del todo bien y... Me gustaría saber cómo le va la vida, es sólo eso.
-Ya, tú sueles utilizar a la gente.
-Ya... ¡Oye! Que ya no lo hago, y además, tú no puedes quejarte de eso porque yo a ti no te he utilizado nunca.
-Claro, claro... -dijo en un tono que Agus no supo identificar si era irónico o le daba la razón.
-¡Jus!
-¿Qué? Oye, que tengo que dejarte. Me llama mi madre para ir a comer. Y no, no lo he visto. Bueno, sí, le vi alguna vez pasando por los pasillos; pero ya está, no sé cómo le irá la vida ni na'. Si quieres mañana se lo pregunto a Margarita, a ver si ella sabe algo.
-Vale. Grax.
-Nada. Oye ¿y de Marcos? ¿No preguntas?
-No, a ese tío me da igual cómo le vaya. Es mala gente.
-¿Por qué? ¿Por querer utilizarte igual que tú lo hacías?
-Um... Puede... -se hizo el interesante- Bueno, vete que se te enfría la comida.
-Adiós.
-Adiós... cari. -le preocupaba si a Jus podría haberle molestado su pregunta; aunque sabía que era complicado molestarlo. No, no le había importado; pero ahora le daba curiosidad preguntarle a Marga.


Ainoa andaba por la calle con su hermano, Robin. Era cuatro años mayor que ellos, tenía veinte e iba a la universidad. Su madre le había pedido que cuando saliera de estudiar con un amigo suyo se pasara por la casa de Estrella para que volvieran los dos juntos. No estaba a demasiada distancia; pero así su madre se quedaba algo más tranquila. Además, de todas formas iban a tener que hacer el mismo camino. Robin metió las manos en los bolsillos.
-Mierda... -dijo- Se me han olvidado las llaves en casa.
-Tan despistado como siempre. -sonrió su hermana.
-¿Tú las tienes?
-No.
-Pues tendremos que esperar a mamá, ha salido a comprar. Le mandaré un mensaje para que nos llame cuando llegue, ¿vale? Mientras quedémonos aquí mismo -estaban al lado de un parque- para no tener que esperar en el portal de casa mientras todos los vecinos comentan lo despistados que somos.
-¡Oye! Despistado tú, que a mí nadie me ha dicho que tuviera que coger las llaves y tú se supone que eres el que las lleva encima siempre.
Robin sonrió.
-Vale, vale, está bien. Mía culpa. Pero vamos a sentarnos en el césped, anda, que ha sido hoy un día largo y estoy cansado.
-Vale.
Se sentaron con la espalda apoyada uno en la del otro. Sin darse cuenta, ambos cogieron a la vez una margarita y empezaron a quitar petalos uno por uno. Para su suerte, el otro no se había dado cuenta; si no podría darse cuenta y empezar a hacer preguntas incómodas.


Era de noche. Violeta salió de su casa y vio a Rubén en un coche que no era el suyo. Llevaba una gorra negra que hacía que no se le viera bien la cara. Se acercó como si una fuerza le impulsara. Alguien le tocó la cintura y se volvió. Era... ¿Rubén? Habría visto mal al conductor del coche. Fue a saludarle, aunque le veía raro: vestido de oscuro y con la cara casi tapada por completo. Rubén le tapó la boca en cuanto la abrió.
Abrió los ojos. Estaba en ese siniestro coche, atada. Delante de ella, estaban Rubén y otro hombre. No se lo podía creer. Rubén... No... Él no era así, no podía serlo. ¿O quizás sí? Empezó a llorar desesperada y asustada.

 

jueves, 25 de julio de 2013

Justin Bieber, Peter Pan y ...

 

 

Detrás de un escudo de roca, puede haber una persona formidable.

 


-Pedro González. -pasaba lista el profesor.

-Aquí. -contestó Peter.

Normalmente siempre les corregía y les pedía que lo llamaran Peter; pero aquél era un profesor de guardia y no haría falta, pensó, porque no creía que fuera a volver a verle.

Al acabar la hora, un chico intentó incondiarle.

-¡Ey, Pedro! -le dijo- Que nombre más bonito tienes, ¿eh?

Él fue a replicarle con enfado que le llamara Peter; pero Justin, que estaba también allí, se le adelantó.

-Oye, pues a mí Pedro me parece un nombre muy... -iba a decir “bonito” cuando se dio cuenta de que quedaría mal- guay, ¿eh?

Peter sonrió.

-Gracias, Justin.

-Es la verdad.

Dejaron de lado al muchacho dirigiéndose a la puerta para irse al patio. Peter iba con él.

-La verdad es que tú tienes peor suerte. Justin... como el chulillo ese de la tele.

Jus sonrió.

-Ya. ¿Sabes que me han llegado a preguntar que si a mis padres les gusta Justin Bieber?

-¿Ah, sí?

-Sí. Y yo como noooooo. Además, para cuando yo nací Bieber todavía no era conocido.

-Qué loca está la gente.

-Pues sí. Aunque a mí mi nombre me gusta.

Él sonrió.

-Justin ¿qué, era?

-¿Llevas cuatro años conmigo en clase y todavía no te lo sabes? -él se encogió de hombros y Justin sonrió- Justin Hurtado Campos.

-Qué raro me pareció el primer día escuchar ese nombre.

-Ya, es lo que tiene tener nombre inglés y padres españoles. Pero a ellos les gustó.

-Um. Justin Bieber.

-Oye, ¿y tú qué? ¿Como Peter Pan?

Él sonrió.

-¿Te gusta Justin Bieber?

-Ni me gusta ni me disgusta. Paso. ¿Y a ti Peter Pan?

Él se rió.

Estaban parados en la puerta de la clase, por fuera.

-Oye, ¿cómo es que te has quedado hablando conmigo en vez de irte con tus amigos?

Él se encogió de hombros.

-Mis amigos... Están en una excursión. Aunque en realidad puedo irme con el que quiera, claro. Conozco a casi todo el mundo en este instituto. Me acerco a cualquier grupo y ya está. Ya sabes, soy Peter.

-Um... No sabía que Peter Pan fuera tan famoso. -le bajó los humos. Peter sonrió.

-Oye, ¿alguna vez has tenido novia? -le preguntó Peter.

Él prefirió no mentirle: no, nunca había tenido una “novia”.

-¿Nunca? -se extrañó Peter.

-Bueno... Vale, sí. He tenido una pareja. De hecho, ahora mismo estoy saliendo con alguien.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo se llama?

Cotilla... Pensó Justin. Aunque no podía quejarse, él también había intentado cotillear antes la vida de él.

-Yo le llamo “A” cuando estamos en público. -dijo “le” por no tener que hacer ninguna diferencia de género. Peter frunció el ceño.

-Dicen que no es bueno avergonzarse de tu pareja como para no querer decir quién es.

-Yo no me avergüenzo; simplemente, no queremos que nos molesten.

-Um.

-¿Y tú? ¿Has tenido novia? -le preguntó para poder cambiar el centro de atención.

-Bueno, ya sabes, ligoteos de una noche. Sales con alguien, te lías con ella en la disco, te lías en los pasillos del instituto, lo dejas y vuelta a empezar.

Justin ya sabía que hicieran eso; pero le horrorizaba escucharlo así.

-Um... ¿Y cuántas has tenido?

-Dos o tres.

Justin vio que sus amigos lo miraban con mala cara unos metros más allá. No se habían acercado porque veían que el chico sonreía- Bueno, yo en cambio tengo que irme. Mis amigos ya me estarán esperando.

-Ya. -Peter los miró por el rabillo del ojo- Son un poco sobreprotectores, ¿no?

-Bueno... Saben que me cuesta muy poco meterme en problemas y que yo solo no se salir de ellos. Así que me protegen, sí.

-Um... Son tu papi y tu mami. -contestó él en tono burlón. Justin sonrió.

-Podría decirte. Sólo que ellos han elegido tener que aguantarme, no como mis padres. -bromeó.

Peter sonrió y le dio una palmadita en el hombro.

-Anda, vete. Que tus niñeras te están esperando.

Justin sonrió y Peter se fue en sentido contrario.

-Hasta luego, Peter.

-Pedro, llámame Pedro.

Justin frunció el ceño sin saber qué habría querido decir con eso. Se dio la vuelta para preguntárselo; pero Peter ya se había alejado demasiado. Justin se acercó a su grupo.

-Ey, ¿que tal?

-¿De qué hablabas con Peter? -le preguntó Dani curioso.

-Na', de clases de mates, motes de los profesores y frases absurdas de los compañeros. Lo normal.

-Um.

-Oye, -le preguntó Eliot- ¿no te gustará Peter, verdad?

Justin lo miró como si lo que acabara de decirle dañara su persona.

-¡No, por Dios! Sabes que estoy muy enamorado de mi “A”.

-Bueno, ya... Pero eso no evita que otra persona te gusta.

-Y dale, que no.

-Bueno... ¿pero te parece guapo?

-Blaaaaaaaagh. -respondió él. Entendía que le preocupara que pudiera llegar a gustarle alguien como él; pero no le gustaba que insinuaran que le gustaba un chico por hablar con él. A ellos tampoco les gustaban todas las chicas con las que hablaban.

-Bueno, vale.

-Pero sabes que no lo decías por el físico en principio.

-Bueno... No.

-Y Peter es hetero, no podría salir con él aunque quisiera. Aunque bueno... sí hacerme daño.

-Pues eso.

Todos lo miraban como queriendo meterse en su mente para saber si decía la verdad. Y si lo hicieran, sólo encontrarían imágenes de Agus, que ocupaban el 99,9% de sus pensamientos.

-Y parad ya de suponer quién me gusta; porque yo os podría decir de quién estáis enamorados todos vosotros ¿eh? Así que dejadme tranquilo con mi Agus.

-¿Ah, sí? Pues venga, dime quién me gusta a mí, que yo todavía no lo sé y así lo descubro. -le respondió Eliot.

Las chicas y Dani preferían mirar a otro lado y rezar porque Jus no soltara la lengua. No pensaban que lo hiciera: llevaba guardándole secretos desde que tenían que trepar para sentarse en las sillas y nunca había contado nada a nadie.

-Pues ahora te jodes y no te lo digo. -le respondió él.

Y era verdad. Justin sabía por quién estaban colados cada uno de sus amigos excepto Eliot. Entre su intuición y lo observador y callado que era, esas cosas no solían escapársele. Eliot, por toda respuesta e intentando meterse con él para picarle, se apoyó en la pared como Agus solía hacerlo. Una pierna doblada y puesta baja en la pared, los codos doblados apoyados en ella y pasándose la mano de vez en cuando por el pelo de alante a atrás.

-Hola, soy Agustín y soy más guay que nadie ¿sabes? -intentó imitar su voz, aunque no se pareciera demasiado. Las chicas intentaban aguantárse la risa mientras Dani sonreía y Jus ponía mala cara- Y es que yo desde peque era el más chuli del barrio. Pero ahora me he mudado a otra ciudad y no me conoce casi nadie, claro, -se pasó la mano por el pelo al estilo Agus- pero claro que cada vez que paso por aquí voy saludando por todos lados.

-¡No te metas con mi Agus! -le dijo él empujándole.

Eliot sonrió.

Margarita, que pasaba por allí y los había visto, sonrió.

-¿Aún sigues con Agus? -le preguntó. Él asintió- Eres el novio que más tiempo ha tenido.

-Ya, y espero que siga siendo así. De hecho, espero no sonar egoista; pero prefiero que sea el último que tenga.

-¿Es tu primer novio, verdad?

-Sí, pero me da igual que sea el único que tenga en toda la vida. Sueño son ello.

Marga sonrió. Los del grupo fruncieron el ceño. Justin hizo un movimiento de cabeza para decirles que salieran ya al patio; ya que un profesor se acercaba dispuesto a echarles. Él y Estrella se adelantaron, andando con los otros por detrás mientras charlaban.

-¿Ya sabías que es gay? -le preguntó Eliot a Margarita.

-Sí, me lo dijo él mismo cuando Agus salía con Marcos. Pero la verdad es que yo ya se lo notaba.

-Um.



Ese día no hubo noticias buenas por los mundos de Violeta. Todo por unas cuantas llamadas que le dieron ganas de tirar su móvil por la ventana. La primera, fue de Rubén.

Violeta respondió al teléfono después de comer. No había podido cogerlo antes porque sus padres no le habían dejado levantarse de la mesa; sobretodo después de que uno de ellos viera que la llamada entrante era de Rubén.

-Hola, Violeta, cariño.

-Oh, oh... No me gusta ese tono. ¿Qué te pasa, Rubén?

-No es nada, es sólo que...

-¿Qué te pasa, Rubén? Tienes que decírmelo.

-Prométeme que no te enfadarás.

-Me estás asustando...

-No es nada, sólo que... no podré ir a verte en una semana. O... quince días.

-¿¿¿Sólo???

-Ya lo sé, cariño, ya lo sé... Pero no te preocupes, se pasará en nada, de verdad. Es por viajes de trabajo.

-Es que ya no es sólo que te vaya a echar de menos, Rub. Es que eres la única persona que conozco de aquí a cinco kilómetros a la redonda y no voy a poder evitar querer verte.

-Pues ya va siendo hora de que te vayas haciendo amigos. Hablaremos por la noche tooodos los días ¿vale? Te lo prometo.

-Puf...

-Ahora tengo que dejarte, cariño. Tengo una reunión. Adiós. Te quiero.

-Pufff...

-Adiós, prin... -Violeta le cortó la llamada.

Tendría que haberle prometido que no se enfadaría antes de contárselo... En fin... Pensó él. Mientras, Violeta pensaba que no sabía cómo iba a poder soportar quince días sin él. Y quince días, siendo viajes de trabajo de Rubén, bien se podrían alargar en veinte. Le llegó un Whatsapp de una amiga de su antiguo instituto y recordó que debía de llamar a Jorge. No tenía gana alguna de hacerlo; pero por el mensaje de él, parecía ser importante.

-Perdona, ahora mismo no puedo hablar contigo -le dijo a su amiga- Te escribo luego ¿vale?

Llamó a Jorge y esperó a que se lo cogiera.

-Hola, Jorge. ¿Que tal? -intentó que no se le notara que estaba ella también mal.

-Hola, Violeta... Mal... -Violeta suspiró para sí. Tendría que olvidar lo suyo con Rubén.

-¿Qué te ha pasado?

-¿Conoces a algún gay u homosexual mayor que pueda ayudarme? -obvió él su pregunta.

-Pues por desgracia no, -le contestó ella, que no sabía esa faceta de Justin- ¿por qué? ¿Qué te ha pasado?

Él resopló.

-Pues verás... En mi instituto han entrado este año unos homófobos de mierda.

-No me digas eso.

-Sí. Pues mira, descubrieron lo mío con Javi. Porque claro, como yo me había dado cuenta de eso antes habíamos intentado ocultarlo para que no nos molestaran. Y empezaron a meterse muy mucho con nosotros. Dicen que tenemos una enfermedad mental o algo. -Violeta se mordió el labio inferior- Nos ponen carteles ofensivos en las taquillas e, incluso, en Educación Física le dicen al profesor ¡Noooooo! ¡Que ese es gay! ¡No me lo pongas en mi equipo!

-Joder.

-De verdad, tía. Es que esto ya es bulling obsesivo macho.

-De verdad. ¿Y no se lo habéis dicho a la tutora o algo?

-¿Y de qué serviría? Les darían una regañina y luego se enfadarían más con nosotros y sería peor todavía.

-Bueno... Pero anda, hadme caso y díselo a la tutora, al orientador o a tus padres. Seguro que ellos saben cómo hacer algo.

-Vale...

-¿Y con Javi? ¿Qué me decías que pasaba?

-Ah, eso... Pues que últimamente está muy raro, Violeta. -ella adivinó que al chico se le saltaban las lágrimas.

-¿Por qué dices eso? ¿Qué hace para que digas que está tan raro?

-Pues no lo sé... Se lo noto, lo intuyo. Está extraño, no es el de antes. Necesito que vuelvas Violeta... Te necesito...

-Ya, ya lo sé. A mí también me gustaría estar allí para poder ayudarte, Jorge. Lo siento.

-En fin, no es culpa tuya... Te echo de menos.

-Y yo a ti, peque. ¿Y por qué decías que si conocía a algún Homosexual mayor?

-Pues porque a lo mejor él (o ella) había aprendido ya a pasar de los insultos de los otros, a superarlo y todo eso. Pensé que podría enseñarme...

-Entiendo. Siento no poder ayudarte.

-Bueno... Tengo que dejarte, Violeta. Clase de inglés.

-Adiós.

-Ciao.

Puff... Vaya mierda... Y encima no tengo aquí a Rubén para preguntarle como poder ayudarlo... Y, para colmo, tengo que empezar a hacer amigos ya por mandato de él y de mi padre. Tiene tela... Pobre Jorge... AYYY ¡MIERDA DE DÍA!

Sólo había una cosa para mejorar la situación: al día siguiente, exámenes de mates y sociales.

lunes, 15 de julio de 2013

Confesiones


Ayudar a los demás y sentirte feliz porque sonrían ellos, hace ver lo grande que eres.

 

Tenían Plástica y esa profesora no solía pasar lista ni enterarse cuando estaban cambiados de sitio. Por eso, como de costumbre, todos se sentaron con sus amigos. Justin no tenía ningún amigo en su clase, y con los que se llevaba bien tenían mejores amigos con los que sentarse que él. Permitió al amigo de su compañero coger su sitio y se dispuso, como siempre, a esperar para ver que sitio quedaba libre. Cambió de idea al percatarse de que había un sitio libre cerca de Peter, el cuál tenía su asiento aislado al lado de la pared y no podía cambiarse porque sí lo notaría la profesora. Se sentó allí, llegó la profesora y empezó la clase. Ella siempre les dejaba hablar en voz baja. Justin observaba de vez en cuando a Peter. Siempre le había llamado mucho la atención aquel chico: siempre se mostraba tan voraz y cortante cuando estaba con sus compis, actuaba como si se creyera el mejor del mundo y se hacía el malote. Pero Justin intuía que no era así, que él mismo no se creía tan guay como aparentaba creer y notaba que siempre intentaba aprobarlo todo “a escondidas” es decir, haciendo como si todo aquello no fuera con él.
-Ey, Justin. -lo llamó el chico en un momento dado- Préstame un lápiz amarillo, anda, que se me ha olvida'o.
-Claro, toma. -respondió tendiéndoselo con una sonrisa. Él le sonrió.
Pero Justin había notado que el chico no se notaba bien en cuanto le había hablado y le había mirado. Por su tono de voz y su mirada. Parecía desolado. Y Justin tenía esa extraña necesidad de ayudar e intentar hacer feliz a todo el mundo, incluso a los que lo trataban mal o lo ignoraban.
Cuando acabó la clase Justin se acercó a él, que estaba guardando las cosas en su estuche. Peter levantó la mirada extrañado por su presencia allí.
-Eh... Hola. -le dijo.
-Hola, Peter. Dime, ¿te pasa algo? Hoy te noto un tanto extraño.
-No, nada. -volvió a su tarea- Gracias; pero estoy bien.
Justin se preguntó si había sido demasiado directo. Se le daba muy mal hablar con desconocidos y sobretodo entablar él la conversación con ellos.
-¿Estás seguro? Porque creo que si no es así yo siempre podría ayudarte.
Él le sonrió.
-Te lo agradezco, Justin, en serio. Pero no me ocurre nada. Además, apenas te conozco ¿qué querrías hacer tú por mí?
Justin entendió en ese momento que, de saber Peter que él era gay, podría haberlo mal interpretado; porque podría pensar que lo que quería era tener algo con él o que se preocupaba porque le gustara. Tenía suerte de que sólo algunos de la clase lo sabían. Si Peter hubiera llegado a pensar así, no hubiera querido volver ni a mirarle a la cara. No obstante, Justin ya estaba acostumbrado a ello y no le culparía.
-Bueno, en mi opinión, no tienes que conocer a una persona para querer ayudarla: yo pienso que es un deber humanitario intentar ayudar a los demás cuando estos lo necesitan, y sin esperar nada a cambio. De todas formas, si tú dices que no es nada... pues ale.
En ese momento aparecieron los del grupo de Peter por la puerta, él se levantó y comenzó a gesticular como si se pusiera, como hacía siempre, por encima de él. A sabiendas de que no lo escuchaban, no le importó continuar con la conversación.
-Mira chico, puede que me pase algo ¿vale? Pero de todas formas a ti no tiene por qué importarte. Sé apañármelas por mí solito ¿eh? Así que métete en tus propios asuntos que la gente se lo puede tomar mal si te acercas como si nada y les dices que les pasa algo. Adiós.

Violeta encendió el móvil al salir al recreo. Recibió un Whatsapp y lo miró mientras merendaba.
-Tía, Violeta, tenemos que hablar... mi chico está últimamente muy raro, y no sé qué le pasa... Necesito tu ayuda. Llámame en cuanto puedas, ¿vale? -decía el mensaje. Era de su amigo Jorge.
-Claro, en cuanto llegue a casa ¿vale? A no ser que quieras contármelo por aquí antes...
Pero no recibió ningún mensaje y Jorge no se puso “en línea” así que se resignó a esperar a llegar a casa.

Ainoa y Justin estaban solos en el recreo; ya que Estrella no había ido a clase ese día y los chicos estaban terminando un examen. Estaban en un lugar apartado al que a ambos les gustaba ir porque era fresco y no pasaba casi nadie. Justin estaba tumbado en el suelo, y Ainoa le pasaba la mano por el pelo con cariño. Se llevaban como si fueran primos de toda la vida, sobretodo desde que Ainoa sabía que Justin nunca podría sentir nada por ella, lo cuál la tranquilizaba ya que él nunca le había gustado. Pero le tenía un gran cariño. En su mundo ficticio, Estrella, él y ella eran hermanos trillizos que habían separado porque sus padres no querían cuidarlos a todos. Idea de Estrella, que tenía una gran imaginación que nunca paraba de trabajar. También había dicho una vez, cuando Eliot y Daniel se habían quejado de no salir en su ficción, que aquello era porque ellos, Agustín, Robin y otros tantos más eran príncipes que tenían que pelearse entre ellos para conseguir la mano de las bellas princesas, que mientras esperaban jugando al baloncesto en su castillo y comiendo tartas mientras se contaban los cotilleos de todo el barrio. Ainoa sonrió al recordar esta parte del absurdo relato. Cuando de imaginar o de inventar respuestas tontas se trataba, Estrella era la mejor de todos.
-Ainoa... -la devolvió a la Tierra Justin.
-Sí, dime.
-Lo echo de menos...
Ella no pudo reprimir una carcajada.
-¡Justin! ¡Pero si estuviste ayer mismo con él!
-Ya, lo sé, pero... Es que apenas pudimos estar un rato, y además, yo no quiero estar con él un rato, yo quiero estar con él siempre.
-Bueno, pues tú piensa que tienes toda una vida por delante para poder compartirla con él ¿vale?
-Y eso pienso hacer. Te prometo que la compartiré con él toda.
-No me cabe duda. -le respondió con una sonrisa.
-Pero... El problema es que yo no quiero estar con él toda mi vida.
-¿Y eso? -le preguntó atónita, acababa de contradecirse a sí mismo.
-Porque yo quiero pasar la eternidad con él, no mi vida, que es muy corta. -Ainoa sonrió- Además, no me importa que vaya a poder estar con él después. Yo quiero estar con él ahora durante cada segundo de mis días. Le echo mucho de menos, Aino, si al menos pudiera verlo un par de veces por semana...
-Bueno, bueno, no te preocupes Jus. Ya verás como dentro de nada vendrá de nuevo aquí y podrás pasar todos los días con él, ¿vale?
-Claro. Oye, por cierto, -cambió de tema- ¿a ti te sigue gustando mucho "el", eh? -sonrió pícaro.
-¡Justin! ¿No se lo habrás dicho a nadie, verdad? -preguntó, visiblemente alterada.
-No, tranquila. Tu secreto está completamente a salvo conmigo.
-Pero... ¿cómo lo has sabido?
Él se encogió de hombros.
-Intuición, supongo. Simplemente, me he dado cuenta.
-Pero ¿estás seguro de que es...? -estuvo a punto de pronunciar su nombre, le preocupaba que Justin se hubiera equivocado de chico en su predicción. Él asintió.
-Sin ninguna duda. De todas formas, no creo que ni siquiera Estrella lo sepa. -ella negó con la cabeza- Pues tranquila, que tu secreto estará completamente a salvo conmigo. Aún así... oye, a ver si te lanzas ¿eh? -le dio un codazo mientras sonreía pícaramente. Ella se sonrojó.
-Uf... Cállate, tonto.
En ese momento llegaron los dos chicos.
-Ey, ¿de qué habláis? -les preguntó Eliot.
-No, de nada. -le respondió Ainoa.
-¿Qué tal el examen, chicos? -les preguntó Justin.
-Bien. -contestó Eliot.
-Eso creo. -dijo Dani.
 

miércoles, 3 de julio de 2013

Besos

Ese sentimiento de saber que quieres estar con esa persona durante todos los momentos de tu vida. Ése, es el más bonito del mundo.

 

Entró en la cafetería un joven robusto, moreno, con el pelo negro y muy distinguible acompañado por una joven rubia de cara adorable.

-Agus, venga, que tenemos que irnos. -le llamó su hermano mayor.

-Jo... ¿De verdad que te tienes que ir ya? -a Justin se le saltaron las lágrimas a los ojos, llevaban mucho tiempo sin verse, y no había podido disfrutar apenas de su maravillosa voz y sus entrañables historias.

-Sí... Lo siento, pero vendré a verte en cuanto pueda, cariño. Te lo prometo.

Yabo le pasó un brazo por encima a su hermano y a Justin.

-Venga, nada, chicos. Despedíos, que nos tenemos que ir.

Justin asintió.

-¿No podéis venir por aquí más a menudo?

-No lo creo... -le respondió el hermano mayor- Esta vez hemos venido porque ella tenía la fiesta del cumpleaños de su primo por aquí cerca... -señaló a su novia- Además, ¿y a ti podrían traerte?

-No sé... esta vez me ha traído el hermano mayor de Ainoa.

-Oye, ¿Robin no le gustaba a...? -empezó a preguntar Agustín.

-Sh. Calla.

Miranda se rió.

-Sí que tenéis vosotros rollos amorosos por allí ¿no?

-Uf, ya verás. -sonrió Justin.

La verdad era que a penas la conocía. Sólo se habían saludado alguna que otra vez; pero le caía bien. Y Justin no solía equivocarse con sus intuiciones sobre las personas. Habían quedado en una cafetería que estaba de camino a la ciudad de Justin. Agus vivía con su hermano mayor, que tenía poco más de veinte años pero ya se había independizado y trabajaba, y su novia, que aunque no vivía teóricamente allí, pasaba la mayor parte del tiempo con ellos y acostumbraba a dormir en su casa. Siempre tenía la escusa de que le quedaba más cerca del trabajo que la casa de sus padres. Agustín se había ido a vivir con ellos porque el bachillerato de Bellas Artes de su ciudad era mejor.

-Te juro que intentaré venir a verte en cuanto pueda, Jus, cariño. Me quedaré algún fin de semana o una temporada cuando tenga tiempo. -él asintió.

-¿Y tú no podrías pasarte por allí alguna vez? En nuestra casa hay sitio de sobra, y siempre serás bien recibido. -sugirió Yabo.

-¡Sí, como que me iban a dejar mis padres!

-Em... ¿saben qué eres gay?

-No...

-Y pensar que fuiste tú el que me convenciste para que se lo dijera... capullo... -medio bromeó Agustín.

-Bueno... pero esto no es lo mismo.

-¿Ah, no? ¿Y por qué?

-Porque antes eras tú el que tenía que hacerlo y ahora soy yo... Y... me da pereza. -no se le ocurrió nada mejor.

-Caaaapullo. -Jus sonrió.

-Bueno, lo sabe mi madre.

Era verdad que Justin le había ayudado a Agustín antes de saber que el mismo era gay. Después de eso, Agus había salido con dos chicos antes de saber que Jus era homosexual. Y le había hecho daño, porque él ya lo amaba.

-Bueno, pues esperemos que podáis volver a veros pronto. Pero vamos chicos, ahuecando el ala.

Se levantaron y dejaron el dinero sobre la mesa antes de salir. La pareja se separó un poco. Agustín le besó.

-Adiós, te quiero, cielo.

-Hasta pronto, mi pequeño. Te amo. -lo volvió a besar.







Violeta se había quedado preocupada. ¿La dejaría Rubén? ¿Pararía de verla? Odiaba la conversación que habían mantenido la noche anterior. No pensaba que aquello fuera a terminar en una ruptura pero... el estómago le daba vueltas. Esperaba que no pasara nada... Salió del cuarto de baño, donde había estado lavándose las manos, y se dirigió a la cocina. Allí estaba Rubén terminando de hacer la comida. Violeta se le acercó y lo besó.

-Te quiero. -le dijo.

-Y yo a ti también. Te amo, Violeta. Y te voy a querer por siempre. Es posible que a partir de ahora tenga que venir un poco menos por el dinero; pero... que sepas que te quiero y que en cuanto me necesites estaré ahí; aunque sea aquí. -le señaló el corazón. A ella se le saltaron las lágrimas- ¿Me entiendes? -le preguntó haciéndole subir la mirada, hasta que sus ojos quedaron clavados los unos en los del otro- Te quiero, Violta, y nunca voy a dejarte. Sería como desprenderme de una parte de mí. -le sonrió- Violeta. ¿Te he dicho alguna vez que me encanta tu nombre?

Ella hundió la cabeza sobre su pecho y le abrazó con fuerza, abrazo que le fue correspondido.

-A mí el tuyo también, Rubén. Te quiero.





Daniel había tenido que quedarse de nuevo cuidando de sus hermanos aquel sábado. Los llevó al parque para que jugaran un rato. Allí, se quedó apoyado en la pared. Eliot lo vio y se acercó a él. Iba montado en su skate.

-¡Ey! Creía que hoy no podías salir. -Dani le señaló a su hermano- Ah, va. Ya me extrañaba a mí.

Eliot se acercó a Lucas Martín, se quitó el casco y se lo puso debajo del hombro. Revoloteó el pelo al niño.

-¿Qué tal, Martín? -él le sonrió.

-Bien, Eliot.

-Oye, ¿cómo te van tus planes para el futuro?

Una gran sonrisa se enmarcó en la cara del niño.

-¡Muy bien! Mira ya sé cómo quiero que me vayan a llamar: L. Martín. Ese va a ser mi logo. Y tendré una gorra que lo ponga y todo, como los profesionales.

-Estoy seguro que a tu padre le gustaría más que te llamaras Lucas M.

-Da igual, a mí me gusta más Martín. Y no creo que le importe.

Él se rió.

-No, seguro que no. ¿Y qué, tienes alguna canción nueva, vas entrenando? -él asintió.

-Estoy intentando componer una muy guay. Y he encontrado una que está chulísima, pero no me acuerdo cómo se llamaba... -soltó una pequeña risa- Te la enseñaré la próxima vez que vengas con Dani a mi casa, ¿vale?

Eliot asintió. Daniel, que los escuchaba, puso los ojos en blanco. No sabía por qué a su hermano le gustaba tanto hablar con Eliot y viceversa. Para él estaba muy claro que sus amigos eran sus amigos y punto, no los de toda la familia. En ese momento Carolina se acercó a él y le echó los brazos. Daniel la cogió.

-¿Qué quieres, pequeñina?

-¿Me puedes empuja' en el columpio porfi?

Él asintió y la soltó.

-¡Lucas! Voy con tu hermana a empujarla en el columpio. Ven que no te pierdas.

-¡Sí!





-Te quiero, cari.

-Yo también te quiero; ¿pero no te das cuenta que acabamos de estar hablando hace cinco minutos en la cafetería?

-Jaja. Es que sé que voy a pasar mucho tiempo sin verte. -hablaban por el WhatsApp.

-Esperemos que no sea tanto. Te amo mi pequeñajo. Ojalá estuvieras siempre aquí.

-Sí... Oye ¿sabes que acabo de ver a un tío muy bueno por la ventanilla?

-¡¡JUS!!

-¿Qué? Jaja.

-No intentes ponerme celoso.

-No lo hago: lo consigo.

-Puf...

-Jaja. No te quejes que tú también hiciste lo mismo pero durante más tiempo. Además que lo tuyo si iba en serio.

-Uy, Jus, no me compares. Que yo no lo sabía. Eso es como si le dices a alguien “ey, que no puedes salir con nadie, no vaya a ser que le gustes a otra persona y no lo sepas y le estés haciendo daño.

-Hombre, pues claro, Agus. Así debería de ser.

-¡Venga ya! ¡Entonces al final nadie saldría con nadie!

-Bueno... pues cambiemos a “con nadie menos con Justin” y las chicas sí pueden, que me da igual.

-¡No tienes tú fe ni na'!

-Jaja. Bueno, te dejo, que acabamos de llegar.

-Oki. Te amo, Justin.

-Y yo a ti también, Guille.

-¡Justin!

-Jaja. Que no, venga. Te quiero, cari. ¡Si sabes que el 99% de mi corazón está ocupado por ti!

Agustín sonrió desde el coche de su hermano.

-¿Y el otro 1%?

-A mi familia y a mis amigos.

-Está bien, está bien. ¡Hasta pronto!

-Adiós.





El lunes, al salir del instituto, los chicos se despidieron. Justin empezó a volver sólo a su casa, con las muletas. Por suerte sólo estaría así por quince días. Escuchó pasos por detrás; pero no les dio importancia: a aquella hora todo el mundo volvía a casa del trabajo o del instituto. Se culpó por no haber acelerado la marcha cuando una figura frenó su ritmo para caminar a su lado y él vio por el rabillo del ojo quién era. Peter.

-Ey, Justin.

-Hola. -murmuró él.

-Quería decirte algo... -Justin tenía la vista fija en el suelo- Oye ¿quieres mirarme cuando te hablo?

Justin le miró asustado. No quería empezar una pelea, y Peter se cabreaba por casi nada.

-Perdona... No quería parecer borde. Sólo quería decirte que... en fin, perdón por mi comportamiento el otro día al salir de clase.

A Justin le dejó alucinado este nuevo comportamiento de Peter. Miró con disimulo al resto de la calle. No había nadie del instituto, adolescente o muchacho de la pandilla de Peter. Empezaba a plantearse muchas cosas acerca de Peter...

-No pasa nada, en serio. No fue nada.

-Oye, ¿tienes los deberes de mates para mañana?

-Claro. Si quieres te los dejo luego, cuando lleguemos a los bancos, que no los puedo sacar ahora mismo.

-Vale. -Peter miró por primera vez sus muletas- ¿Quieres que te ayude?

-No, gracias, estoy bien.