miércoles, 4 de septiembre de 2013

Un pequeño héroe.

Ayudar a resolver los problemas de otros aunque vaya en tu contra y darlo todo por su bienestar te asemeja a un héroe sin capa ni máscara.

 

 

Cuando Violeta se despertó había empezado a comprender ciertas cosas. El extraño... "secuestro" de Rubén, por ejemplo. Él la había recogido en la calle y estaba tan pedo que empezaba a imaginarse cosas. Además... había tenido un pequeño sueño sobre lo que había pasado antes de emborracharse; pero no estaba segura de ello. Lo único que sabía era que no quería ir a clase. Se encontraba todavía muy mal, sobretodo por el remordimiento, y no quería que en su clase la vieran así. Su madre entró en la habitación para despertarla.
-Venga, Violeta... Vamos.
-Mamá...
-¿Sí?
-No me encuentro bien... Y si los profesores me ven así les voy a dar muy mala impresión... Por favor, déjame quedarme. Sólo un día más y mañana te prometo que voy.
Su madre se lo pensó, si estaba así era culpa suya y tendría que asumir sus consecuencias; pero sí que era verdad que no convendría que sus profesores la vieran así.
-Bueno... está bien; pero mañana estés como estés vas ¿eh? -la chica asintió agradecida- Y, como esto vuelva a pasar otra vez, vas hasta el primer día.
-Tranquila, mamá, que no volverá a pasar. No quiero ni volver a ver una gota de alcohol.
-Venga... descansa, cariño.

***

Justin estaba colocando las cosas en su pupitre. Tenían examen de Matemáticas a primera hora, buena forma de empezar el día. Peter pasó por detrás de él para llegar a su sitio. Llevaba la mochila abierta y, mientras bordeaba los pupitres, se cayó de ella un folio. Justin la cogió y fue a la mesa del muchacho.
-Toma, se te ha caído. -se la tendió.
Él le sonrió.
-Gracias.
-No hay de qué. Mucha mierda con el examen. -le deseó con una sonrisa. Peter le devolvió e gesto.
-Muchas gracias, suerte también a ti; aunque no creo que la necesites.
-No te creas. -replicó él.

***

Dani estaba en la puerta del instituto, conversando con Eliot mientras esperaban a que saliera el resto del grupo. Borja llegó corriendo, buscaba a su primo.
-¡Ey, Borja! -lo saludó él- ¿Qué haces tú aquí? Pensaba que iba a recogerte tu madre.
-Sí, y viene ella.
-Entonces deberías volver a tu insti antes de que se de cuenta de que no estás y se preocupe.
-Ya, ya, ahora voy. He venido a decirte algo.
Dani notó entonces la expresión de preocupación en la cara de su primo y se inquietó.
-Venga, cuenta.
El chico miró con el ella frente arrugada a Eliot y devolvió la mirada a su primo.
-Vale, pero prometedme que no se lo contaréis a nadie. O al menos que no contaréis que os lo he dicho yo ¿vale? Podría meterme en líos.
-De acuerdo. Pero di rápido, que si no la tita va a matarme por distraerte.
-Vale. ¿Te acuerdas de la chica a la que te quedaste mirando cuando viniste a recogerme?
-Sí, Violeta. ¿Qué pasa con ella?
-He oído ciertos rumores sobre ella.
Dani se quedó parado y tragó saliva.
-¿Cuáles?
-Fue hace dos días. Dicen que... la emborracharon. Por reírse de ella ¿sabes? La engañaron y la dejaron súper pedo tirada en mitad de la calle. Por lo que cuentan ella es una santurrona; así que nunca habría bebido una sola gota si no es porque la obligan. Hoy no ha venido a clase, yo mismo he ido a buscarla.

***

Después de que Borja se fuera, Daniel se había quedado pensando en lo que debería hacer. Uno de los de su grupo también había terminado pedo una vez, y al día siguiente no recordaba nada. Seguramente Violeta no sabría cómo había llegado a estar así.

Ahora, se dirigían a casa de Rubén. Tenía la corazonada de que él los escucharía más que el estricto padre de Violeta. Además, le causaba más confianza. Habían mandado un mensaje a su grupo y todo el grupo le acompañaba, a pesar de haberle pedido que lo dejara para más tarde, le mandara un mensaje a Violeta y ya. Pero Dani era cabezota, y no querían dejarle solo porque sabían que acabaría metiéndose en problemas.

Llamaron a la puerta. Rubén abrió y los miró. Parecía cansado. Un día duro en el trabajo, pensaron.
-Hola, chicos. ¿Qué queréis?
-¿Te has enterado de lo de Violeta? -le preguntó Dani yendo al grano.
-Sí. Y por eso mismo sus padres no me dejan volver a verla; así que supongo que será mejor que vayáis a su casa. Si queréis os dejo la dirección.
Eliot le contestó que ya sabía donde vivía. Daniel pensó que si Rubén no podía volver a verla eso significaba que Violeta ya no tenía novio, lo que le dejaba vía libre. Se culpó a sí mismo. No podía aprovecharse de aquello por mucho que le gustara la chica. Mientras él pensaba, Rubén se había despedido y cerraba la puerta.
-¡No, espera! -pidió mientras sujetaba la puerta. Rubén lo miró- Sabemos lo que le ha pasado en realidad a Violeta.
El hombre abrió la puerta de par en par.
-Habla.
Le contaron todo lo que le había dicho Borja. Dani dijo que se lo había contado un amigo, para no revelar la identidad de su primo, como él había querido. Cuando terminó de hablar, Rubén le preguntó quién había sido. Daniel le mandó un mensaje a su primo. Le respondió en seguida y él retransmitió la información a Rubén.
-Si lo único que sabemos son los rumores que ha escuchado tu primo no nos servirá de nada, necesitamos oírlo de alguien que estuviera allí.
-¿Cómo sabes que es mi primo?
Él le señaló su móvil.
-Porque en tu móvil pone “el primo Borja”.
-Ups. Espera, que le pregunto dónde viven.
Le envío un mensaje a Borja preguntándole si sabía dónde podían encontrarlos.
-No sé dónde viven. -le respondió él- Pero sobre estas horas suelen estar en el parque, lo sé porque yo los he visto varias veces. Los reconocerás porque van un gran grupo de chicos y chicas de tercero. Uno de ellos es el primo de Peter, Jake, seguro que lo reconoces porque se parece mucho a su primo. Es rubio.
-Vale, gracias.
-Nada. Ahora tengo que dejarte. ¡Adiós, Dani!
El parque estaba a unas manzanas de allí. Cuando llegaron apenas había alguna gente paseando. Esperaron un rato y no vieron a nadie que pudiera ser de los que Borja les hablaba.
-No van a venir, Dani. -replico Ainoa- Si no han venido ya no vendrán. Entiendo que quieras ayudar ¿vale? Pero a lo mejor es mejor esperarlos mañana en la puerta de su instituto.
-Venga, Daniel. Que tengo hambre, vámonos. -se quejó Estrella.
-Esperémonos un poco más ¿vale? A lo mejor hoy vienen más tarde, se habrán retrasado o algo ¡yo que sé! Puede que Borja no mirara muy bien la hora... Sólo un rato más ¿vale?
Eliot no decía nada, sabía que Violeta le molaba mucho, y Dani era muy tozudo cuando algo le importaba de verdad. Justin y Rubén sólo observaban. Se sentaron en un banco.
Bastante rato después, vieron un grupo que parecía el que había descrito Borja.
-Jus. -llamó Daniel al chico. Él lo miró para que hablara. Dani señaló a un muchacho rubio del grupo- ¿Crees que ése será Jake?
Él lo observó.
-Um... puede ser. Tiene el estilo de Peter, y es rubio ¿no? Aunque la verdad, no me parece que en la cara se parezca mucho... A lo mejor tu primo se refería sólo a su estilo.
-Um... Puede ser. -se levantó y se giró hacia Rubén- Me vendría bien saber el apellido de Violeta ¿cuál es?
-Gómez. Violeta Gómez.
-Vale... Creo que será mejor que tú no te acerques, Rubén. Primero porque será más difícil que se suelten de la lengua si te ven a ti, y segundo porque si saben que vas con nosotros y se ponen las cosas feas tu podrías salir peor parado. Pero nos sirves como testigo adulto.
Él asintió.
-Está bien.
Rubén se alejó de ellos caminando con paso tranquilo mientras fingía mandar mensajes con el móvil. Se quedó apoyado en un árbol cercano a donde estaba el otro grupo, que llevaban ya algunas botellas en las manos. Fingió estar leyendo mensajes; pero en realidad había abierto la cámara y los grababa. Tenía la impresión de que, si los chicos actuaban bien, se soltarían de la lengua.

Ellos se acercaron a los que parecían ser más los cabecillas. Eran una chica y un chico. Todos estaban hablando entre risas.
-Oye, perdona, ¿conocéis a Violeta Gómez? -preguntó Dani.
-¿A Violeta Gómez? -repitió el muchacho, pensando- Sí, ¡y menudo pedo que se trincó el otro día! Panzá de reír que nos metimos.
-¿Un pedo? ¿Violeta? -fingió él extrañarse.
-Sí, bueno, ella es una santurrona ¿no? Pero ya sabes, todo el mundo cae alguna vez bajo las garras del alcohol.
-ALCOHOL, ALCOHOL, ALCOHOL, HEMOS VENIDO A EMBORRACHARNOS, EL RESULTADO NOS DA IGUAL. -canturrearon los del grupo.
Dani no pudo aguantar con su rabia.
-Vosotros la emborrachasteis. -lo acusó.
-¿Y tú que sabes?
-Nos lo han contado.
-Pues dime quién es porque le voy a dar un buen par de ostias.
-O sea que es verdad.
Él se encogió de hombros.
-Puede. ¿Y a ti qué te importa?
-Pídele perdón.
-¿Por qué, porque tú lo digas?
Daniel se abalanzó sobre él; pero Eliot lo sujetó antes y le pidió que se tranquilizara.
-¿Pensáis que nos vais a dar miedo vosotros tres y las dos nenazas o qué? -les triplicaban en número.

En ese momento, otro grupo estaba pasando por allí. Los más populares de la ciudad entre los de Bachiller, cuarto y tercero de ESO. El grupo de Peter. Se quedaron hablando, no muy lejos de ellos. Peter los vio y se acercó con otros dos más, que le seguían. Saludó al grupo con el que se estaba enfrentando Dani. Ellos también eran algo populares y bebían, se conocerían. Peter se dio cuenta de que allí pasaba algo por la expresión de Daniel y el chico con el que discutía. Preguntó qué pasaba.
-Nada. -respondió el muchacho, al que Peter había preguntado principalmente- ¿Sabes, “tron”? El otro día engañamos a una y le metimos un pedo que no veas, a la muy inocente. Panzá de reír cogimos.
Peter sonrió.
-Buena movida, tíos. -contestó.
-¿Ves? ¡Sí que la engañasteis? -se enfadó Daniel.
-¿La conocéis? -preguntó Peter. Ellos asintieron y Peter pasó la mirada por el grupo. Notó que Justin lo miraba y le devolvió la mirada unos momentos. Se volvió al otro muchacho.
-Pídele perdón, macho. -volvió a exigir Dani.
-No me da la gana.
-Tíos, que no recuerda nada y sus padres creen que fue ella.
-A mí también me lo hicieron una vez y no sabéis lo mal que se siente. -replicó Ainoa- Sus padres creen que fue culpa de su novio y le han prohibido volver a verle. Tenéis que decírles algo. No podéis ser tan malos, tíos.
-¿Qué esa pringá tiene novio? -se sorprendió él- Bueno, pues que se busque otro.
Peter, que había estado observando, se giró a los dos cabecillas. La chica era la que había pasado la nota a Violeta, y el muchacho era el ligue de ésta.
-Vais a pedirle perdón. -afirmó Peter, para sorpresa de todos. El muchacho lo miró con los ojos muy abiertos.
-¡¿Pero qué dices, men?! ¡¿Tú estás mal o qué?!
-No. Debo un favor a estos pives, y vosotros vais a explicadles lo que pasó a sus padres ¿os queda claro? -se volvió a Jake, que lo estaba mirando y se había quedado pillado al escucharle- Y tú, Jake, si no quieres que le cuente a tu madre lo que haces más te vale asegurarte de que cuenten la verdad ¿eh? Que no creo que a la tita le guste.
-¡Qué dices! ¡Eres un aguafiestas, premoh!
-¿Te ha quedado claro? Y ya sabes que no me importa ir a decírselo.
-Puf... ¡Venga ya! Y qué favor les debes ¿eh? ¿Te rebajaron el precio de la maría o qué? Seguro que eso tampoco le gusta oírlo a tu madre cuando se lo cuente.
Él se encogió de hombros.
-Pues díselo si quieres. Pero no, no es eso, y no te importa. -se giró a los cabecillas- Y vosotros dos, ya sabéis lo que tenéis que hacer si no queréis que la pillemos todos con vosotros ¿eh?
Ellos se giraron y salieron corriendo. A un gesto de Peter, los dos grandullones que lo acompañaban los siguieron. En dos zancadas los habían cogido y llevado de vuelta con Peter.
-Vosotros fuisteis los que lo planearon todo, ¿eh? -no respondieron. Jake asintió.
-¿Podéis acompañarlos a la casa de la tía? -preguntó Peter a sus colegas- Y aseguraros de que digan la verdad. Yo tengo que irme.
-Venga.
Peter se sacó un paquete de cigarros del bolsillo y se lo regaló al otro muchacho.
-Así mola hacer tratos contigo. -sonrió él. Peter le devolvió la sonrisa.
-Venga, tío, nos vemos en la fiesta de Alba ¿eh? Que sus padres no están y va a montar una buena.
-¿Sabes que mañana tenemos examen, verdad? -le avisó Justin. Él se encogió de hombros
Peter preguntó a los otros muchachos si iban a ir y se marcho. Los dos colegas del muchacho y los maquinadores de la borrachera de Violeta los siguieron hasta su casa junto a Rubén. Allí, el hombre se quedó fuera, Daniel llamó a la puerta y los obligaron a contarlo todo. El padre intentó frenar su ira y les pidió los nombres y los teléfonos de sus padres mientras los invitaba a ellos a entrar a ver a Violeta. Subieron las escaleras y llamaron a su habitación diciendo quiénes eran. La chica, sorprendida, les pidió que se esperaran un momento, se vistió y abrió la puerta. Les contaron lo que había pasado y salieron a dar una vuelta, a Violeta le vendría bien tomar el aire. Ainoa le contó que una vez ella se había colado en la fiesta de su hermano Robin, le habían echado algo en la bebida y había acabado igual, con todos riéndose de ella y un resacón impresionante. Pero tuvo la suerte de que su hermano la vio y la sacó de allí. Daniel le comentó que siempre podía cambiarse a su instituto, que había buena gente. Violeta les contó que había creído que tenía por fin amigos cuando la invitaron.
-Pues esos no son buenos amigos, -replicó Dani- pero, si quieres, tengo una idea. Tu casa pilla de camino a nuestro instituto, y los dos instis están al lado. Podríamos pasar a recogerte y volver juntos todos los días, y podrías quedar con nosotros alguna vez. Así verás lo que son los amigos de verdad ¿eh?

***

Rubén se había quedado escondido cuando salieron y le alegró verla con buenos chicos de su edad. Se volvió a casa sin decir nada a nadie y sin que Violeta lo viera.

***

Violeta se acostó. Le habían caído muy bien los chicos; pero al día siguiente tenía que volver al instituto. No tenía ganas de volver a encontrarse con esos majaderos; así que había pensado en suplicar a sus padres que la cambiaran de instituto. Sonó su móvil. Lo cogió. Eran mensajes de Whatsapp, de Jorge. Lo abrió. Se lo había mandado hacía horas; pero había tenido el móvil apagado. Lo acababa de poner a cargar.

“Hola, Violeta. ¿Qué tal la resaca?”

“Violeta... No lo aguanto más, en serio...”

“Necesito hablar con alguien, a ver si así al menos me desahogo. Llámame en cuanto puedas.”

Tenía unas cuantas llamadas perdidas del muchacho. Mierda...

domingo, 1 de septiembre de 2013

Aniversario





No mires atrás y te preguntes “por qué”; mira hacia delante y
pregúntate “por qué no”

Abre lentamente los ojos. Le pesan demasiado los párpados.
Quiere levantarse de la cama, pero al levantar un poco la cabeza todo empieza a darle vueltas.
Suelta un gruñido. No lo entiende. ¿Está enferma de repente?
Alguien llama a la puerta de su habitación. Aprieta la mandíbula, han tocado demasiado fuerte.
Su madre entra en la habitación.
  • ¿Estás despierta, Violeta?
  • ¡Shhh! - le pide silencio la chica.
  • Lo tienes bien merecido, cielo.
La mira confundida. Su madre se acerca y se agacha a su lado, junto a la cama.
  • ¿Que?
  • Tienes resaca.
Se queda callada unos segundos, le cuesta pensar.
  • ¿Resaca, yo?
Su madre la mira con seriedad, aunque no parece enfadada.
  • Llama a Rubén, tenéis que hablar.
  • Uff, mamá, no grites tanto...
Sin decir nada más su madre sale de su cuarto y la deja sola.
¿Cuándo se emborrachó? Nunca le había pasado antes... ¿Y por qué no recuerda nada? ¿Cuánto tiempo lleva durmiendo? ¿Ha hecho alguna estupidez estando ebria?
Y lo peor de todo: ¿cuál ha sido la reacción de su padre? No quiere ni imaginárselo, y le duele pensarlo.
¿Qué le ha dicho su madre antes de irse, que llamase a Rubén? ¿Para qué? ¿Qué tiene él que ver con que ella esté borracha?
No puede evitar pensar en lo que podría haber pasado estando ella borracha... ¿y si él estaba borracho también?
Suelta un gemido y entierra la cara en la almohada.
A su lado hay un cubo, y junto a este un paquete de guisantes congelados. En otras circunstancias habría sonreído al ver los guisantes, pero no puede evitar sentir arcadas al girar la cabeza.
Respira profundamente, intentando que su estómago vuelva a un estado más o menos estable.
Ve por el rabillo del ojo su espejo y se pregunta cómo de desastrosa estará.
Tiene que levantarse.
Saca una pierna de debajo de las sabanas empapadas de sudor, luego otra, y finalmente levanta el resto de su cuerpo, sentándose sobre la cama.
Se le corta la respiración.
Tiene de nuevo arcadas y se tira al suelo junto al cubo. Vomita violentamente.
Muy bien, lección aprendida.
Se levanta a duras penas y olvida el espejo.
Se arrastra hasta la cama y se deja caer sobre el colchón. Da gracias porque no sea una litera.
  • Puuuuuuuuuff
Alarga el brazo hasta la bolsa de guisantes congelados y la coloca sobre su frente. Decide ver su reflejo en la pantalla del móvil.
Todo está borroso.
De repente, suena el tono de llamada que tiene asignado para su novio.
Haciendo caso de su ahora casi inexistente memoria, pulsa a tientas el botón para aceptar la llamada y coloca el móvil junto a su cabeza sobre la almohada.
  • ¿Violeta?
  • Nunca más, Rubén, nunca más – murmura ella.
  • ¿Qué?
  • No pienso volver a acercarme a una sola gota de alcohol.
Escucha su risa al otro lado de la linea, tan musical, tan suya.
  • Pues conociendo a la Violeta sobria, no sé cómo te has emborrachado esta vez, cielo.
  • Yo tampoco...
  • Tienes suerte de que pasase por la ciudad y que te viese, porque si no, puede que siguieras tirada en la calle.
Eso le duele. Tirada, suena fatal.
  • ¿Tirada...en...la...calle?
  • Sí, a las cinco, cariño, a las cinco – ella resopló, llevándose una mano a la dolorida cabeza – tus padres creyeron que estarías con algún amigo, ¡menuda cara pusieron cuando te traje borracha a casa!
  • ¿Tú me llevaste... a casa?
  • ¡Claro, ¿cómo iba a dejarte allí sola?!
  • Gracias... - dijo ella suavemente al teléfono, le dio un sonoro beso al altavoz, para que lo escuchase Rubén – me gustaría tanto que estuvieses aquí... estoy sola...
  • Mmmm, lo siento, no puedo... Cómo decirlo... - hizo una larga pausa – Tu padre no quiere que vuelva a verte, Violeta.
Se hizo el silencio entre los dos.
  • Entiéndelo, está asustado.
  • ¿Asustado?
  • Sí, ayer su hija volvió a casa borracha, en brazos de su novio casi veinte años mayor que ella, ¿qué crees que fue lo primero que debió de pensar?
  • Si te digo la verdad, he llegado a pensar lo mismo hace nada más unos minutos – dice ella en un susurro.
  • Sabes que yo no te haría eso, Violeta – parece ofendido.
  • Lo sé, cielo... lo sé – de nuevo el silencio durante unos segundos - ¿y por qué estabas en la ciudad ayer, no me avisaste?
  • ¿No sabes qué día era ayer? - parece incluso más ofendido que antes.
  • Efectos del alcohol... - intenta justificarse ella.
  • Ayer fue nuestro aniversario... - concluye él muy tristemente – ayer, fue el mismo día hace tres años en el que te vi la primera vez.
  • Lo siento... de verdad. No entiendo cómo pude emborracharme... cómo pude hacerte esto... Estarás horrorizado...
  • Estoy más asustado de que tu padre ponga una denuncia por violación que otra cosa.
  • Pero ayer no pasó nada...
  • No, no pasó nada.
Violeta se estruja la cabeza, haciendo que la bolsa de plástico cruja y le provoque más dolor de cabeza.
Le molesta incluso el ruido del roce de la sábana en su ropa. Entones se da cuenta, sigue vestida.
Muy lentamente, se quita los vaqueros y los tira al suelo.
  • Adiós, Violeta. Feliz aniversario.
Ella mira de golpe al teléfono.
Tiene ganas de llorar.
  • Te quiero, Rubén – consigue sollozar.

Hace tres años.
Tres largos y maravillosos años, que conoció a Rubén.
No se conocieron por una buena razón, pero tampoco fue horrible viendo cómo habían terminado las cosas.
Recuerda que estaba sentada en un banco en el parque, esperando a su novio, un chico irresponsable, asqueroso y gamberro, y ni siquiera era asombrosamente guapo, simplemente un chico irresistible ante sus ojos por ser justamente todo lo malo que era.
Llevaba al menos veinte minutos esperando.
Siempre se retrasaba al menos un cuarto de hora, porque venía en patines, pero a ella no le importaba.
Solía acercarse a ella muy serio, le daba un buen beso y la acompañaba de la mano a una pista de skate para que lo viera patinar con sus amigos.
Era simplemente para no tener que perder una tarde con una chica tonta, su táctica de siempre.
  • Cielo, hace frío – le había gritado ella sentada desde el banco una vez.
  • ¡No me llames cielo! - le había contestado él enfadado.
Pero ella seguía allí, esperando. Olvidando todo lo que él le había hecho como una tonta, una niña.
Y así pasaron horas, ella rememorando “buenos” momentos junto a su “novio” y la noche y el frío en pelo mes de octubre llegando.
Llevaba un vestido, se había puesto guapa para él, y se estaba congelando por él.
Un joven, de unos veinticinco años se acercó a ella.
  • Cielo, ¿qué haces aquí? Es ya tarde...
  • Lo sé – dijo ella secamente. Pederasta, pensó para su interior ¿Qué clase de hombre se acerca a una niña desconocida y la llama cielo?
  • ¿A quién esperas?
  • A mi novio – dijo ella, dejándolo bien claro. No iría con un viejo por ahí.
  • Pues tu novio no llega, lo siento.
  • No pasa nada. Lo esperaré un rato más.
  • Llevas aquí mucho tiempo ya, no va a venir, cielo.
  • ¡¿Me has espiado?! - le gritó ella, levantándose - ¡¿Y quién te crees que eres para llamarme cielo?!
  • ¿No te acuerdas? Violeta, soy Rubén, el hermano de Tony, tu novio.
Entonces se fijó bien en su cara. Sí, era él. Lo recordaba de cuando fue a cenar a casa de Tony.
  • Siento que sea yo quien te lo diga, pero me ha dicho que habéis cortado.
  • ¿Cortado? A mí no me ha dicho nada.
  • Sabes que Tony no tiene ni cerebro ni tacto, me lo dijo así, antes de encerrarse en su habitación para jugar a algún videojuego. Esta tarde no ha salido de casa – Violeta bajó la mirada. Se había olvidado de su cita – Y creo, que si lo piensas bien, que te haya dejado aquí sola, es su manera de decirte que... ya sabes... es su manera de romper contigo.
Ella asintió tristemente.
  • Y como sé que es muy bruto – siguió diciendo él, pero Violeta solo quería que se callara – le pregunté cómo había roto contigo. Me dijo lo que había hecho – se encogió de hombros – Si hubieras sido cualquier otra chica, simplemente me habría acabado peleando con él, porque claramente no sabe respetar a nadie, pero cuando viniste a cenar la semana pasada, me pareciste encantadora, no te mereces que te hagan esto.
La chica lo miró. Sintió el frío calarse entre sus brazos y sus piernas desnudas. Una mala elección, el vestido veraniego, claramente.
  • Y vine a por ti corriendo. Imaginé que tendrías frío, así que te traje un abrigo. Espero que no te moleste que sea mío, no suelo llevar abrigos de mujer.
Violeta río y aceptó el abrigo de buena gana. Estaba caliente, y olía a casa de Tony, con algo distinto, olía a Rubén.
  • Gracias.
  • Te llevo a casa, ven.
Rubén le tendió su brazo y ella lo cogió. Le sacaba unas cuantas cabezas. Era muy guapo. Le gustaba su pelo corto y despeinado y su barba de unos días.
Se subieron al coche juntos. Un coche caro, muy caro. Rubén encendió la calefacción.
  • Una mala elección el vestido veraniego en pleno otoño, ¿no te parece? - le dijo riendo.
Violeta río.
Cuando la dejó en casa, ya estaba loca él.

***

  • ¿Diga? - contestan al otro lado con una voz gutural.
  • ¿Estoy hablando con Shrek?
  • ¿Que?
Jorge suelta una carcajada.
  • ¿Eres Violeta?
  • Sí, soy yo. ¿Qué quieres, Jorge? - contesta ella con brusquedad.
  • Nada, nada. Si te molesto... - empieza a decir él.
  • No, lo siento, perdona – dice ella frotándose la frente – es que estaba durmiendo.
  • ¿Durmiendo? ¿A las dos de la tarde?
Violeta resopla a modo de asentimiento.
  • Vaya, ¿qué te pasa? ¿Estás enferma?
  • No... es solo... - le cuesta decirlo – es resaca.
Su amigo no dice nada. Al cabo de unos segundos muy largos, la chica empieza a preocuparse.
  • ¿Jorge? - susurra.
  • ¡¿RESACA?! - le grita él - ¡¿ESO SIGNIFICA QUE RUBÉN Y TÚ...?!
  • ¡SHHHH! - dice ella con los ojos cerrados. Le pitan los oídos - ¡No pasó nada!
  • ¿Estás segura?
  • Bueno, no me acuerdo...
Su amigo empieza a gritar. Parece ¿emocionado? ¿Es eso? ¿Emocionado porque su amiga haya perdido la virginidad? Violeta arruga la nariz, no le gusta.
  • Rubén me ha asegurado que no pasó nada, Jorge, no te emociones tanto.
  • ¿Y en qué se basa?
  • En que me encontró tirada en la calle a las cinco de la tarde, ¿quizá? - dice ella molesta.
  • Violeta, no estás hablando en serio – dice su amigo de pronto enfadado.
  • Tan en serio como que las nubes son blancas.
Jorge suspira al otro lado, abatido.
  • ¿Y cómo te emborrachaste?
  • ¡No lo sé!
  • ¡No te irrites! - se enfada el chico – Tranquila.
  • Perdona.
Odia tener resaca.
Se frota los cansados ojos y se mira las manos, borrosas.
El teléfono en manos libres está en el suelo.
  • ¿No te acuerdas de nada?
  • No del todo... Antes, de nada; ahora recuerdo que estaba ya borracha al salir de algún sitio, no sé si de mi casa o del instituto.
  • ¿Desde tu casa o de un instituto privado? - Jorge ríe con suavidad – lo dudo mucho.
  • Bueno, pues desde algún sitio.
  • ¿Y antes de estar borracha, no te acuerdas?
La chica gruñe, y se estruja la cabeza en busca de algo que no sea borroso.
  • Estaba en clase.
  • Y...
Ya sabe lo que pretende Jorge, fue lo mismo que hizo ella con él cuando los casos eran contrarios, él se emborrachó en una fiesta, o más bien lo emborrachó una chica. Fue así, después de eso, cómo descubrió definitivamente que era gay.
Aún recordaba la cara avergonzada de la chica, totalmente frustrada, que le preguntaba <<¿Tan mal lo hice?>>. Pobre.
  • Y me pasaron una nota. Era una chica, no recuerdo bien...
  • Vamos, Violeta – la animó su amigo.
  • Pff, ¡qué dolor de cabeza, Jorge, no puedo!
  • Bueno, ya sabes algo de lo que pasó ayer, te pasaron una nota en clase – dijo el intentando parecer animado.
  • Que triste.
Jorge río.
Violeta cerró los ojos.
  • Violeta, te dejo.
  • Adiós... - bostezó ella.
  • Duerme.
  • Duermo.

***

<<Sale del instituto. Alguien la lleva del brazo. Ambas sonríen. Cruzan un paso de peatones con una multitud de chicos y chicas mayores que ella pisándoles los talones. Está repentinamente feliz. ¡Por fin tiene amigos! Se gira de nuevo, todos le sonríen, o eso parece.
Después de andar un tiempo, entran en una casa.
Dentro todo está vacío y no hay luz. Unos chicos cerca de ella encienden unas velas.
  • ¿Es normal que no haya luz? - pregunta extrañada Violeta a la chica que la sujeta del brazo.
  • Sí, sí. Son solo los plomos, solemos tener problemas. Es una casa muy vieja.
Escucha risitas.
  • Pero aquí no hay muebles...
  • Es que los hemos quitado para poder hacer la fiesta aquí, ¡tonta! - dice ella sonriendo - ¡Ya verás lo que nos vamos a divertir! >>




viernes, 2 de agosto de 2013

3 misterios, 2 enamorados, 1 hecho del pasado

En el instituto deberían enseñar a mirar desde los ojos ajenos.

 

Jorge andaba apresurado por los pasillos de su instituto, entre las taquillas, con los brazos repletos de libros. Siempre andaba rápido por no tener que toparse con ellos. Un chico castaño con el pelo hairflip se chocó contra su hombro he hizo que se le cayeran algunos libros. Oyó su risilla y se volvió con enfado. Era Paúl.
-¿Qué pasa, enclenque? ¿Eres un debilucho y se te caen los libros con un simple toquecillo?
Lo había hecho aposta. En realidad Jorge era más alto que él, mientras que Paúl era más enclenque; pero no quería meterse en líos y lo dejó pasar. Recogió sus libros del suelo mientras el chico reía y continuó su camino. Paúl le adelantó para ir a encontrarse con su amigo Armando, que se encontraba riendo en frente de la taquilla de Jorge. Él bufó por lo bajo. Armando era delgado, demasiado, más alto que Paúl y con el pelo negro en punta. Ambos llevaban los pantalones caídos y converses con los cordones desatados. Al lado de la taquilla de Jorge, estaba la de su novio Javi, y el muchacho estaba apoyado sobre ella mirando el móvil. Tenía el pelo negro peinado para delante, era moreno, más bajo que Jorge. Jorge no pudo evitar sonreír por el simple hecho de verle.
-Hola, Javi. -lo saludó cuando llegó a su altura.
Él levantó la mirada del móvil para mirarlo por el rabillo del ojo. Se incorporó y se fue en sentido contrario sin decirle nada. A Jorge se le heló la sangre. ¿Por qué se comportaba ahora Javi así con él? Él no había hecho nada para eso... ¿O sí? No... no había nada... No podría haberlo o lo sabría...
-¿Qué, te ha dejado el novio, marica? -se burló Paúl desde atrás mientras Armando reía.
Jorge tragó saliva e impidió salir a las lágrimas. Evitó girarse para no decirle nada a ese imbécil. Dejó los libros de mala manera, cerró la taquilla de un portazo y se fue en pos de su clase, por donde se había ido Javi, con los dos chicos riendo a sus espaldas. En ese momento pasaba por allí Samuel, el cabecilla del grupo que estaba siempre metiéndose con él. Eran cuatro, ese día faltaba Víctor, el pelirrojo. Samuel llevaba el mismo estilo de peinado que Paúl, pero más rubio. Era alto, ancho e imponente.
-¡Eeeeh! -le dijo- Que la taquilla no tiene la culpa de que tú seas marica, ¿eh? Un poco de respeto al material escolar. -sus amigos reían a carcajadas, Jorge estaba de espaldas a los tres y seguía andando- A ver si va a ser contagiosa tu enfermedad mental y te la ha pega'o el novio... ¡Quita, bicho, no te me acerques, que no quiero ser marica!
Él aguantó las lágrimas. Siguió hacia delante, recto, con orgullo. Como si le resbalaran todos aquellos insultos; aunque no fuera así. Lara, la mejor amiga de Violeta y Jorge en ese instituto, bufó para sus adentros. Lo había visto y oído todo.
-Imbéciles... -murmuró- Enfermedad mental la que tenéis vosotros, como para poder decir tantas tonterías juntas en un sólo momento. Tienen que tener el grado supremo de “idiotez absoluta”. Por favor...
Se fue lo más rápido que pudo a por Jorge, y lo pilló justo antes de que éste entrara al baño de chicos para pasarse toda la clase llorando.


Jus se acercó a Peter en el aula. Esperó a que estuviera solo.
-Oye, Pet. Sobre lo que me dijiste el otro día... ¿Por qué me dijiste que te llamara Pedro?
Él miró a los lados para asegurarse que no hubiera cotillas de por medio y le respondió:
-Mira, Peter me llaman los que sólo quieren aprovecharse de mí, los que no les importo, los que sólo les interesa que sea popular y tener un compañero para echarse unos porros. Pedro me llaman los que me quieren, o los que me respetan por mi “yo” verdadero, no por lo que les pueda dar, no sé si me entiendes. Y yo sé que tú no te acercas a mí porque sea popular o por lo que te pueda proporcionar porque tú no eres así, y también porque no te puedo dar nada.
-Um... ¿Y cuánta gente te llama Pedro?
Él se quedó parado y callado unos momentos. Apartó la vista.
-Casi nadie.
Jus se quedó sin saber qué decir. Se escuchó la puerta abrirse.
-Vete, que ya está aquí el profesor y te va a regañar. -le echó Peter.

Dani se preocupaba por intentar pensar en una escusa para no tener que quedarse ese día cuidando a sus hermanos cuando se fueran sus padres. Eliot se acercó y le preguntó que en qué pensaba. Dani se lo dijo.
-Tío, no hagas eso, deberías de arrimar un poco el hombro y ayudar a tus padres. Yo también lo hago cuando Espe -su hermana mayor- está fuera. Es lo normal, tendrás que ayudarles un poco que los pobres están muy atareados.
-Primero: lo tuyo no es lo mismo, tú sólo los cuidas cuando Espe no está.
-Bueno, y tú cuando no están tus padres.
-Que no es igual, porque la mayoría de las veces que tus padres salen está Esperanza allí para cuidaros, y cuando es Espe quien sale suelen estar tus padres allí. Es igual, y lo segundo: ¿y por qué tengo que cuidarlos yo cuando no me cuidaron a mí ellos, que son mis padres?
-Venga, no seas, te dejaron algunas veces con otros cuando no estaban ellos; pero ya está... Como hacen ahora con Lucas Martín y Caro: los dejan contigo.
-Bueno, pues que los dejen con los abuelos como hicieron conmigo.
-¿Y no crees que tus abuelos ya han tenido bastante con tener que criarte a ti y a ellos?
-¡Pero es que no es justo! ¿Por qué siempre tengo que cuidarlos yo? Que se quede Lucas cuidando a Caro, por ejemplo.
Él escondió una risa.
-Por favor... ¿Pero tú estás escuchando lo que estás diciendo? Martín es demasiado pequeño como para cuidar de Caro.
-Quién nos escuché va a pensar que estamos locos, hablando con dos nombres de la misma persona... -comentó Daniel. Ambos sonrieron.
-Lo sé. Pero volvamos al tema, Dani, por mucho que no te guste Lucas no va a poder suplantarte cuidando el de Caro hasta que no tenga por lo menos trece años, y sabiendo cómo son tus padres no le dejaran al cargo hasta los quince. O sea, que te quedan por lo menos cinco años. Y de todas formas ¿tanto te cuesta? ¿no puedes quedarte cuidando de ellos una vez de vez en cuando? Tú piensa que ellos siempre están ahí para ayudaros y darían todo por vosotros ¿tanto te cuesta ayudarles tú a ellos sólo un rato?
-Jo, tío... Eres como mis padres. Bueno, no, tú eres peor: porque encima a ti te lo cuento y luego me haces sentirme mal.
Él sonrió.
-¿Los cuidarás?
-Está bien, de acuerdo. Pero sólo si tú vienes a ayudarme a poder pasar el rato.
-Vale; pero si me dejas llevarme a Bartolomé, que hoy yo también tengo que cuidarlo mientras Espe va con Sara al cine.
Daniel se aguantó una risa.
-En serio que sigo sin entender cómo a tus padres se les ocurrió ponerle ese nombre. Es un nombre demasiado grande para una persona tan pequeña.
Él se encogió con una sonrisa.
-Ya crecerá.
-No, en serio: Esperanza, Sara, Eliot... hasta ahí iba bien; pero ¿Bartolomé?
-Déjalo ya, anda.
-Vale, vale. -dijo aguantando la risa.


Justin llamó a Agustín y se tiró sobre la cama nada más llegar a casa. Tenía ganas de escuchar su voz, y la comida todavía no estaba hecha. Al rato de la conversación, Agustín le preguntó:
-Oye, Jus, ¿has visto a Antonio?
-¿Antonio? … ¿Tu ex?
-Sí... El primero.
Justin no le contestó.
-Eh, venga, Jus. Que es sólo porque quiero saber cómo está. Ya sabes que no lo traté del todo bien y... Me gustaría saber cómo le va la vida, es sólo eso.
-Ya, tú sueles utilizar a la gente.
-Ya... ¡Oye! Que ya no lo hago, y además, tú no puedes quejarte de eso porque yo a ti no te he utilizado nunca.
-Claro, claro... -dijo en un tono que Agus no supo identificar si era irónico o le daba la razón.
-¡Jus!
-¿Qué? Oye, que tengo que dejarte. Me llama mi madre para ir a comer. Y no, no lo he visto. Bueno, sí, le vi alguna vez pasando por los pasillos; pero ya está, no sé cómo le irá la vida ni na'. Si quieres mañana se lo pregunto a Margarita, a ver si ella sabe algo.
-Vale. Grax.
-Nada. Oye ¿y de Marcos? ¿No preguntas?
-No, a ese tío me da igual cómo le vaya. Es mala gente.
-¿Por qué? ¿Por querer utilizarte igual que tú lo hacías?
-Um... Puede... -se hizo el interesante- Bueno, vete que se te enfría la comida.
-Adiós.
-Adiós... cari. -le preocupaba si a Jus podría haberle molestado su pregunta; aunque sabía que era complicado molestarlo. No, no le había importado; pero ahora le daba curiosidad preguntarle a Marga.


Ainoa andaba por la calle con su hermano, Robin. Era cuatro años mayor que ellos, tenía veinte e iba a la universidad. Su madre le había pedido que cuando saliera de estudiar con un amigo suyo se pasara por la casa de Estrella para que volvieran los dos juntos. No estaba a demasiada distancia; pero así su madre se quedaba algo más tranquila. Además, de todas formas iban a tener que hacer el mismo camino. Robin metió las manos en los bolsillos.
-Mierda... -dijo- Se me han olvidado las llaves en casa.
-Tan despistado como siempre. -sonrió su hermana.
-¿Tú las tienes?
-No.
-Pues tendremos que esperar a mamá, ha salido a comprar. Le mandaré un mensaje para que nos llame cuando llegue, ¿vale? Mientras quedémonos aquí mismo -estaban al lado de un parque- para no tener que esperar en el portal de casa mientras todos los vecinos comentan lo despistados que somos.
-¡Oye! Despistado tú, que a mí nadie me ha dicho que tuviera que coger las llaves y tú se supone que eres el que las lleva encima siempre.
Robin sonrió.
-Vale, vale, está bien. Mía culpa. Pero vamos a sentarnos en el césped, anda, que ha sido hoy un día largo y estoy cansado.
-Vale.
Se sentaron con la espalda apoyada uno en la del otro. Sin darse cuenta, ambos cogieron a la vez una margarita y empezaron a quitar petalos uno por uno. Para su suerte, el otro no se había dado cuenta; si no podría darse cuenta y empezar a hacer preguntas incómodas.


Era de noche. Violeta salió de su casa y vio a Rubén en un coche que no era el suyo. Llevaba una gorra negra que hacía que no se le viera bien la cara. Se acercó como si una fuerza le impulsara. Alguien le tocó la cintura y se volvió. Era... ¿Rubén? Habría visto mal al conductor del coche. Fue a saludarle, aunque le veía raro: vestido de oscuro y con la cara casi tapada por completo. Rubén le tapó la boca en cuanto la abrió.
Abrió los ojos. Estaba en ese siniestro coche, atada. Delante de ella, estaban Rubén y otro hombre. No se lo podía creer. Rubén... No... Él no era así, no podía serlo. ¿O quizás sí? Empezó a llorar desesperada y asustada.