miércoles, 11 de septiembre de 2013

Distacia





Distanciar,  llevar a alguien o a algo más lejos; ahuyentar, hacer huir; apartar, rehuir, evitar. 
Se puede llamar de muchas formas, pero acaba doliendo igual.





- Algún día...


- ¿¡Cómo, algún día!? - Violeta coge aire antes de soltarle el discurso de su vida - ¡No puedes insinuar siquiera irte y dejarme sola solo porque te entra a ti en gana! ¡Eso se llama ROMPER UNA RELACIÓN! ¡No puedo creerlo, Rubén! ¡¿Me dejas sola?! ¡Pues muy bien, ya puedes irte a pastar, pero no pienso ir detrás tuya! - dice antes de colgar.

La rabia hace que le palpite la cabeza. Pero poco después se siente muy mal.
Segundos después el teléfono vuelve a sonar.

- Violeta... entiendo que estés enfadada – dice atropelladamente el joven -, pero si me dejas hablar, puedo...

- No Rubén... Lo siento. Yo... - tarda un momento en contestar – no quiero que te vayas, no lo entiendo. ¿Es que ya... - empieza a perder su tono de voz normal por uno roto y triste – ya no me quieres?

- ¡Claro que te quiero, no sé cómo puedes pensar eso! - dice él. Pero al ver que no resulta demasiado convincente debido a que le ha anunciado su partida hace unos minutos, decide corregirse – Estoy enamorado de ti, Violeta – termina por concluir.

No se escucha nada al otro lado de la línea.
¿Le habrá chocado mucho, molestado? Se pasa una mano por el cabello despeinado.
Está nervioso. Ella no dice ni comenta nada. Empieza a pensar que le ha colgado.

- Tú... - empieza a decir ella.

- Yo...

- ¿Estás enamorado de mí? - dice ella, sorprendida.

- Eso parece.

- ¿Es broma? - dice ella molesta de golpe.
- Perdona, ¿qué? - Rubén también empieza a cabrearse.

- ¿Y por qué quieres cortar conmigo, entonces?
Rubén mantiene la compostura. Cortar... ¿con Violeta? Nunca.

- No quiero cortar contigo. Es solo alejarme un tiempo, para poder pensar...

-Ya, pues no lo entiendo.

-Violeta, eres la primera mujer (barra chica) por la que siento de verdad algo sincero. Me gustaría tanto pasar el resto de mi vida contigo que no puedo soñar con otra cosa – hace una pequeña pausa – Eres la chica de la que estoy enamorado, mi primer amor, prácticamente. Pero – siempre hay un pero – quiero comprobar que... que tú sientes lo mismo, que puedes aceptar que tengo casi veinte años más que tú, que trabajo y que por lo tanto mis horarios no se compaginan con los tuyos, pero sobre todo, que puedes aceptar lo que soy, que me quieres con el corazón, no por mi dinero, ni porque te parece divertido salir con alguien mayor. Quiero que seas mía.

-¿Tuya? - pregunta ella algo confusa.

-Mía – repite él.

Violeta se aclara la garganta.

-Te refieres a...

-¡No, no, no! - exclama él - ¡Por favor, ya hablamos de eso! Puedo esperar todo lo que tú quieras – Rubén se pasea por su enorme salón, admirando las fotos que tiene de ellos dos juntos – Solo quiero ver si después de una temporada separados, mis sentimientos hacia ti son los mismos que hoy, que eres algo con lo que quiero durar siempre.

-Rubén... yo...

-Sé que tu no puedes prometerme lo mismo. ¡Eres una adolescente aún! ¡Las hormonas te harán perder la cabeza, Dios! - suelta una pequeña risilla. Violeta se estremece, la adora. Y pensar que no la va a volver a escuchar – Si cuando llegue el momento, sigues soltera y estás dispuesta a seguir conmigo, todo volverá a ser igual, pero si no lo estás o no sientes lo mismo que yo por ti, te intentaré recuperar.

-¿Cómo?

-A mi manera.

Violeta sonríe.
Sí, conoce “su manera”.
Prepara sorpresas en las que consigue que todo el mundo colabore, haciendo una enorme obra de teatro, en la que ella se siente importante, pero sobretodo, amada. ¡Para algo le ha servido ser el jefe de una empresa de anuncios!
Alguien que se tome tantas molestias como Rubén para hacerla feliz no se encuentra en otra parte. Lo seguirá queriendo, y cada día con más fuerza, hasta que llegue el momento de darle el “sí”, y puedan ser el uno del otro para siempre.

-Violeta, ¿lo harás?

-Lo haré, Rubén. Te quiero.

***

-¿Sabes qué?

-¿Qué? - pregunta con suavidad Eliot – Dime.

-Creo que te gusta Violeta – dice Ainoa dándole un golpecito en el hombro.

-Sí, me cae muy bien. Y me compadezco por ella. No se lo ponen nada fácil en clase...

-Sí, ya lo vi. Pero también vi cómo la mirabas... - hay un tono pillín en su voz.

Eliot se gira hacia ella y le tira una sudadera con olor a limón a la cara.
La está ayudando a doblar su ropa seca.

-No te culpo – Ainoa se encoge de hombros – , es muy guapa.

-Bueno, pero no me tiene que gustar solo por su físico. Sería unos de los amigos de Peter si así fuera.

-Ah, ¿es que acaso estarías dispuesto a salir con una chica extremadamente fea?

-Depende, ¿cómo de fea?

Ainoa suelta una risilla nerviosa.

-Fea como yo.

Eliot la mira un segundo de refilón. Ella intenta no mirarlo para no perderse en sus ojos o en su boca cuando habla.

-Tú no eres fea – dice el chico con un tono de voz nervioso.

-Si no fuese fea estaría ahora mismo pasándolo bien con un tío guapo.

-¿Acaso no estás conmigo? - dice él, socarrón.

Ainoa ríe y dobla con sumo cuidado una camisa blanca semi transparente que es extremadamente frágil.
Ojalá pudiese estar de verdad con él, como algo más que dos amigos que doblan la ropa.

-Ah, sí, es verdad. Quizá tú me sirvas de bufón – dice, escondiendo su mirada enamorada cuando se gira hacia él con sus largas pestañas.

Eliot finge enfadarse y se sienta en la silla del escritorio de la chica a modo de escusa para no seguir doblando.

-En ese caso, no disfrutarás de este “cuerpazo” - dice señalándose a sí mismo .

Ojalá, ojalá pudiese disfrutar de Eliot.

***

-Te agradezco lo que hiciste – dice el chico sonriendo – fue muy amable por tu parte.

-Si bueno, te debía una, ¿no?

Justin asiente y se sienta en el banco más apartado del parque. Peter lo imita.
No puede evitar pensar en las numerosas parejas que han debido de darse el lote en aquel estropeado y viejo banco escondido detrás de un sauce llorón, de espaldas al camino y frente al pequeño estanque.

-Sí, y gracias, Pedro.

El chico hace una mueca.

-¿Te pasa algo? - le pregunta Justin algo sorprendido. ¿Le ha molestado que lo llame así? No entendería porqué, ya que él mismo le pidió que lo hiciera.

-No, no, nada – dice él llevándose una mano al estómago.

Justin aparta la vista del chico. Parece que algo no va bien. Peter está demasiado serio, y no entiende porqué lo ha llevado hasta aquel sitio, a solas.

-Justin, quería hablar contigo sobre una cosa que me preocupa.

-Dime – dice él admirando el paisaje. Hay que admitir que es un sitio que tiene cierto encanto y romanticismo.

-Últimamente, he estado pensando en todo lo que he hecho mal a lo largo de mi vida, o mejor dicho desde el instituto.

-Ajá.

-Y son muchas cosas... pero una de ellas destacó entre las demás – Justin lo mira interesado – Te hice daño, y tú nunca me devolviste la jugada, ¡incluso me has perdonado! Eso no lo hace cualquiera de las muchísimas personas que creo conocer.
Y eso me ha hecho pensar, que vales la pena, y que no eres un “pringado”, ni alguien estúpido, ni mucho menos. Eres alguien interesante. Y me gustaría... solo si tu quieres...

Ay, espera con todas sus fuerzas que no vaya a pedirle lo que cree que va a pedirle.

-Me gustaría ser tu amigo. Quiero decir, empezar desde cero contigo y con el resto de tu grupo. Estoy dispuesto a dejar atrás mi popularidad, si hace falta. No quiero pasar ni un segundo más junto a adolescentes borrachos o fumados. Quiero ser diferente, cambiar.

Justin le sonríe.

-Vaya, Pedro, eso ha sido muy bonito. Se nota que lo has estado pensando – solo puede llegar a decir.

-Sí, la verdad es que me ronda por la cabeza desde ayer.

-¿Por qué desde ayer?

El chico se tensa. De repente tiene mala cara.

-¿Recuerdas que ayer le di un paquete de cigarrillos a Jake?

-Sí, no dije nada, pero no me pareció una buena idea.

-Ya, bueno, la verdad es que deberías haberlo dicho, porque ahora está ingresado con un serio problema respiratorio.

Peter parece molesto pero triste al mismo tiempo al hablar. Tiene pinta de sufrir por su primo, está preocupado.
Por su parte, Justin no sabe qué hacer.

-¿De...de verdad? Lo siento... - Justin no puede evitar preguntar algo obvio - ¿Y cómo está?

-Pues si tienes en cuenta que no puede respirar...

Justin mete las manos en el gran bolsillo de su sudadera Obey.

-Lo siento, Peter – dice muy serio.

-Tengo miedo, Justin... Tengo miedo de que no pueda verlo otra vez más.

-Entonces tienes que ir al hospital a verlo, y pasar tiempo con él y apoyarlo – dice con ánimo Justin.

Peter lo mira muy seriamente. Luego vuelve la vista hacia el agua, verde y llena de pequeños renacuajos.

-No me dejarán volver a verlo. Se ha chivado de que he sido yo quien le proporcionaba el tabaco, y ahora, mi familia se niega a verme la cara.

-No puedo creerlo. Tu primo es un idiota.

-No, yo he sido un idiota por pensar que todo acabaría bien, Justin. ¿Sabes cuanto tiempo llevo fumando María y tabaco? ¿Sabes cuanto? Ya van casi cuatro años. Mi primo siguió mis pasos porque siempre he sido un ejemplo para él, pero sus pulmones no han podido soportarlo. Ahora yo estoy aquí, sentado en este asqueroso banco, deseando fumar pero viendo como la enfermedad podría acabar conmigo ahora mismo.



miércoles, 4 de septiembre de 2013

Un pequeño héroe.

Ayudar a resolver los problemas de otros aunque vaya en tu contra y darlo todo por su bienestar te asemeja a un héroe sin capa ni máscara.

 

 

Cuando Violeta se despertó había empezado a comprender ciertas cosas. El extraño... "secuestro" de Rubén, por ejemplo. Él la había recogido en la calle y estaba tan pedo que empezaba a imaginarse cosas. Además... había tenido un pequeño sueño sobre lo que había pasado antes de emborracharse; pero no estaba segura de ello. Lo único que sabía era que no quería ir a clase. Se encontraba todavía muy mal, sobretodo por el remordimiento, y no quería que en su clase la vieran así. Su madre entró en la habitación para despertarla.
-Venga, Violeta... Vamos.
-Mamá...
-¿Sí?
-No me encuentro bien... Y si los profesores me ven así les voy a dar muy mala impresión... Por favor, déjame quedarme. Sólo un día más y mañana te prometo que voy.
Su madre se lo pensó, si estaba así era culpa suya y tendría que asumir sus consecuencias; pero sí que era verdad que no convendría que sus profesores la vieran así.
-Bueno... está bien; pero mañana estés como estés vas ¿eh? -la chica asintió agradecida- Y, como esto vuelva a pasar otra vez, vas hasta el primer día.
-Tranquila, mamá, que no volverá a pasar. No quiero ni volver a ver una gota de alcohol.
-Venga... descansa, cariño.

***

Justin estaba colocando las cosas en su pupitre. Tenían examen de Matemáticas a primera hora, buena forma de empezar el día. Peter pasó por detrás de él para llegar a su sitio. Llevaba la mochila abierta y, mientras bordeaba los pupitres, se cayó de ella un folio. Justin la cogió y fue a la mesa del muchacho.
-Toma, se te ha caído. -se la tendió.
Él le sonrió.
-Gracias.
-No hay de qué. Mucha mierda con el examen. -le deseó con una sonrisa. Peter le devolvió e gesto.
-Muchas gracias, suerte también a ti; aunque no creo que la necesites.
-No te creas. -replicó él.

***

Dani estaba en la puerta del instituto, conversando con Eliot mientras esperaban a que saliera el resto del grupo. Borja llegó corriendo, buscaba a su primo.
-¡Ey, Borja! -lo saludó él- ¿Qué haces tú aquí? Pensaba que iba a recogerte tu madre.
-Sí, y viene ella.
-Entonces deberías volver a tu insti antes de que se de cuenta de que no estás y se preocupe.
-Ya, ya, ahora voy. He venido a decirte algo.
Dani notó entonces la expresión de preocupación en la cara de su primo y se inquietó.
-Venga, cuenta.
El chico miró con el ella frente arrugada a Eliot y devolvió la mirada a su primo.
-Vale, pero prometedme que no se lo contaréis a nadie. O al menos que no contaréis que os lo he dicho yo ¿vale? Podría meterme en líos.
-De acuerdo. Pero di rápido, que si no la tita va a matarme por distraerte.
-Vale. ¿Te acuerdas de la chica a la que te quedaste mirando cuando viniste a recogerme?
-Sí, Violeta. ¿Qué pasa con ella?
-He oído ciertos rumores sobre ella.
Dani se quedó parado y tragó saliva.
-¿Cuáles?
-Fue hace dos días. Dicen que... la emborracharon. Por reírse de ella ¿sabes? La engañaron y la dejaron súper pedo tirada en mitad de la calle. Por lo que cuentan ella es una santurrona; así que nunca habría bebido una sola gota si no es porque la obligan. Hoy no ha venido a clase, yo mismo he ido a buscarla.

***

Después de que Borja se fuera, Daniel se había quedado pensando en lo que debería hacer. Uno de los de su grupo también había terminado pedo una vez, y al día siguiente no recordaba nada. Seguramente Violeta no sabría cómo había llegado a estar así.

Ahora, se dirigían a casa de Rubén. Tenía la corazonada de que él los escucharía más que el estricto padre de Violeta. Además, le causaba más confianza. Habían mandado un mensaje a su grupo y todo el grupo le acompañaba, a pesar de haberle pedido que lo dejara para más tarde, le mandara un mensaje a Violeta y ya. Pero Dani era cabezota, y no querían dejarle solo porque sabían que acabaría metiéndose en problemas.

Llamaron a la puerta. Rubén abrió y los miró. Parecía cansado. Un día duro en el trabajo, pensaron.
-Hola, chicos. ¿Qué queréis?
-¿Te has enterado de lo de Violeta? -le preguntó Dani yendo al grano.
-Sí. Y por eso mismo sus padres no me dejan volver a verla; así que supongo que será mejor que vayáis a su casa. Si queréis os dejo la dirección.
Eliot le contestó que ya sabía donde vivía. Daniel pensó que si Rubén no podía volver a verla eso significaba que Violeta ya no tenía novio, lo que le dejaba vía libre. Se culpó a sí mismo. No podía aprovecharse de aquello por mucho que le gustara la chica. Mientras él pensaba, Rubén se había despedido y cerraba la puerta.
-¡No, espera! -pidió mientras sujetaba la puerta. Rubén lo miró- Sabemos lo que le ha pasado en realidad a Violeta.
El hombre abrió la puerta de par en par.
-Habla.
Le contaron todo lo que le había dicho Borja. Dani dijo que se lo había contado un amigo, para no revelar la identidad de su primo, como él había querido. Cuando terminó de hablar, Rubén le preguntó quién había sido. Daniel le mandó un mensaje a su primo. Le respondió en seguida y él retransmitió la información a Rubén.
-Si lo único que sabemos son los rumores que ha escuchado tu primo no nos servirá de nada, necesitamos oírlo de alguien que estuviera allí.
-¿Cómo sabes que es mi primo?
Él le señaló su móvil.
-Porque en tu móvil pone “el primo Borja”.
-Ups. Espera, que le pregunto dónde viven.
Le envío un mensaje a Borja preguntándole si sabía dónde podían encontrarlos.
-No sé dónde viven. -le respondió él- Pero sobre estas horas suelen estar en el parque, lo sé porque yo los he visto varias veces. Los reconocerás porque van un gran grupo de chicos y chicas de tercero. Uno de ellos es el primo de Peter, Jake, seguro que lo reconoces porque se parece mucho a su primo. Es rubio.
-Vale, gracias.
-Nada. Ahora tengo que dejarte. ¡Adiós, Dani!
El parque estaba a unas manzanas de allí. Cuando llegaron apenas había alguna gente paseando. Esperaron un rato y no vieron a nadie que pudiera ser de los que Borja les hablaba.
-No van a venir, Dani. -replico Ainoa- Si no han venido ya no vendrán. Entiendo que quieras ayudar ¿vale? Pero a lo mejor es mejor esperarlos mañana en la puerta de su instituto.
-Venga, Daniel. Que tengo hambre, vámonos. -se quejó Estrella.
-Esperémonos un poco más ¿vale? A lo mejor hoy vienen más tarde, se habrán retrasado o algo ¡yo que sé! Puede que Borja no mirara muy bien la hora... Sólo un rato más ¿vale?
Eliot no decía nada, sabía que Violeta le molaba mucho, y Dani era muy tozudo cuando algo le importaba de verdad. Justin y Rubén sólo observaban. Se sentaron en un banco.
Bastante rato después, vieron un grupo que parecía el que había descrito Borja.
-Jus. -llamó Daniel al chico. Él lo miró para que hablara. Dani señaló a un muchacho rubio del grupo- ¿Crees que ése será Jake?
Él lo observó.
-Um... puede ser. Tiene el estilo de Peter, y es rubio ¿no? Aunque la verdad, no me parece que en la cara se parezca mucho... A lo mejor tu primo se refería sólo a su estilo.
-Um... Puede ser. -se levantó y se giró hacia Rubén- Me vendría bien saber el apellido de Violeta ¿cuál es?
-Gómez. Violeta Gómez.
-Vale... Creo que será mejor que tú no te acerques, Rubén. Primero porque será más difícil que se suelten de la lengua si te ven a ti, y segundo porque si saben que vas con nosotros y se ponen las cosas feas tu podrías salir peor parado. Pero nos sirves como testigo adulto.
Él asintió.
-Está bien.
Rubén se alejó de ellos caminando con paso tranquilo mientras fingía mandar mensajes con el móvil. Se quedó apoyado en un árbol cercano a donde estaba el otro grupo, que llevaban ya algunas botellas en las manos. Fingió estar leyendo mensajes; pero en realidad había abierto la cámara y los grababa. Tenía la impresión de que, si los chicos actuaban bien, se soltarían de la lengua.

Ellos se acercaron a los que parecían ser más los cabecillas. Eran una chica y un chico. Todos estaban hablando entre risas.
-Oye, perdona, ¿conocéis a Violeta Gómez? -preguntó Dani.
-¿A Violeta Gómez? -repitió el muchacho, pensando- Sí, ¡y menudo pedo que se trincó el otro día! Panzá de reír que nos metimos.
-¿Un pedo? ¿Violeta? -fingió él extrañarse.
-Sí, bueno, ella es una santurrona ¿no? Pero ya sabes, todo el mundo cae alguna vez bajo las garras del alcohol.
-ALCOHOL, ALCOHOL, ALCOHOL, HEMOS VENIDO A EMBORRACHARNOS, EL RESULTADO NOS DA IGUAL. -canturrearon los del grupo.
Dani no pudo aguantar con su rabia.
-Vosotros la emborrachasteis. -lo acusó.
-¿Y tú que sabes?
-Nos lo han contado.
-Pues dime quién es porque le voy a dar un buen par de ostias.
-O sea que es verdad.
Él se encogió de hombros.
-Puede. ¿Y a ti qué te importa?
-Pídele perdón.
-¿Por qué, porque tú lo digas?
Daniel se abalanzó sobre él; pero Eliot lo sujetó antes y le pidió que se tranquilizara.
-¿Pensáis que nos vais a dar miedo vosotros tres y las dos nenazas o qué? -les triplicaban en número.

En ese momento, otro grupo estaba pasando por allí. Los más populares de la ciudad entre los de Bachiller, cuarto y tercero de ESO. El grupo de Peter. Se quedaron hablando, no muy lejos de ellos. Peter los vio y se acercó con otros dos más, que le seguían. Saludó al grupo con el que se estaba enfrentando Dani. Ellos también eran algo populares y bebían, se conocerían. Peter se dio cuenta de que allí pasaba algo por la expresión de Daniel y el chico con el que discutía. Preguntó qué pasaba.
-Nada. -respondió el muchacho, al que Peter había preguntado principalmente- ¿Sabes, “tron”? El otro día engañamos a una y le metimos un pedo que no veas, a la muy inocente. Panzá de reír cogimos.
Peter sonrió.
-Buena movida, tíos. -contestó.
-¿Ves? ¡Sí que la engañasteis? -se enfadó Daniel.
-¿La conocéis? -preguntó Peter. Ellos asintieron y Peter pasó la mirada por el grupo. Notó que Justin lo miraba y le devolvió la mirada unos momentos. Se volvió al otro muchacho.
-Pídele perdón, macho. -volvió a exigir Dani.
-No me da la gana.
-Tíos, que no recuerda nada y sus padres creen que fue ella.
-A mí también me lo hicieron una vez y no sabéis lo mal que se siente. -replicó Ainoa- Sus padres creen que fue culpa de su novio y le han prohibido volver a verle. Tenéis que decírles algo. No podéis ser tan malos, tíos.
-¿Qué esa pringá tiene novio? -se sorprendió él- Bueno, pues que se busque otro.
Peter, que había estado observando, se giró a los dos cabecillas. La chica era la que había pasado la nota a Violeta, y el muchacho era el ligue de ésta.
-Vais a pedirle perdón. -afirmó Peter, para sorpresa de todos. El muchacho lo miró con los ojos muy abiertos.
-¡¿Pero qué dices, men?! ¡¿Tú estás mal o qué?!
-No. Debo un favor a estos pives, y vosotros vais a explicadles lo que pasó a sus padres ¿os queda claro? -se volvió a Jake, que lo estaba mirando y se había quedado pillado al escucharle- Y tú, Jake, si no quieres que le cuente a tu madre lo que haces más te vale asegurarte de que cuenten la verdad ¿eh? Que no creo que a la tita le guste.
-¡Qué dices! ¡Eres un aguafiestas, premoh!
-¿Te ha quedado claro? Y ya sabes que no me importa ir a decírselo.
-Puf... ¡Venga ya! Y qué favor les debes ¿eh? ¿Te rebajaron el precio de la maría o qué? Seguro que eso tampoco le gusta oírlo a tu madre cuando se lo cuente.
Él se encogió de hombros.
-Pues díselo si quieres. Pero no, no es eso, y no te importa. -se giró a los cabecillas- Y vosotros dos, ya sabéis lo que tenéis que hacer si no queréis que la pillemos todos con vosotros ¿eh?
Ellos se giraron y salieron corriendo. A un gesto de Peter, los dos grandullones que lo acompañaban los siguieron. En dos zancadas los habían cogido y llevado de vuelta con Peter.
-Vosotros fuisteis los que lo planearon todo, ¿eh? -no respondieron. Jake asintió.
-¿Podéis acompañarlos a la casa de la tía? -preguntó Peter a sus colegas- Y aseguraros de que digan la verdad. Yo tengo que irme.
-Venga.
Peter se sacó un paquete de cigarros del bolsillo y se lo regaló al otro muchacho.
-Así mola hacer tratos contigo. -sonrió él. Peter le devolvió la sonrisa.
-Venga, tío, nos vemos en la fiesta de Alba ¿eh? Que sus padres no están y va a montar una buena.
-¿Sabes que mañana tenemos examen, verdad? -le avisó Justin. Él se encogió de hombros
Peter preguntó a los otros muchachos si iban a ir y se marcho. Los dos colegas del muchacho y los maquinadores de la borrachera de Violeta los siguieron hasta su casa junto a Rubén. Allí, el hombre se quedó fuera, Daniel llamó a la puerta y los obligaron a contarlo todo. El padre intentó frenar su ira y les pidió los nombres y los teléfonos de sus padres mientras los invitaba a ellos a entrar a ver a Violeta. Subieron las escaleras y llamaron a su habitación diciendo quiénes eran. La chica, sorprendida, les pidió que se esperaran un momento, se vistió y abrió la puerta. Les contaron lo que había pasado y salieron a dar una vuelta, a Violeta le vendría bien tomar el aire. Ainoa le contó que una vez ella se había colado en la fiesta de su hermano Robin, le habían echado algo en la bebida y había acabado igual, con todos riéndose de ella y un resacón impresionante. Pero tuvo la suerte de que su hermano la vio y la sacó de allí. Daniel le comentó que siempre podía cambiarse a su instituto, que había buena gente. Violeta les contó que había creído que tenía por fin amigos cuando la invitaron.
-Pues esos no son buenos amigos, -replicó Dani- pero, si quieres, tengo una idea. Tu casa pilla de camino a nuestro instituto, y los dos instis están al lado. Podríamos pasar a recogerte y volver juntos todos los días, y podrías quedar con nosotros alguna vez. Así verás lo que son los amigos de verdad ¿eh?

***

Rubén se había quedado escondido cuando salieron y le alegró verla con buenos chicos de su edad. Se volvió a casa sin decir nada a nadie y sin que Violeta lo viera.

***

Violeta se acostó. Le habían caído muy bien los chicos; pero al día siguiente tenía que volver al instituto. No tenía ganas de volver a encontrarse con esos majaderos; así que había pensado en suplicar a sus padres que la cambiaran de instituto. Sonó su móvil. Lo cogió. Eran mensajes de Whatsapp, de Jorge. Lo abrió. Se lo había mandado hacía horas; pero había tenido el móvil apagado. Lo acababa de poner a cargar.

“Hola, Violeta. ¿Qué tal la resaca?”

“Violeta... No lo aguanto más, en serio...”

“Necesito hablar con alguien, a ver si así al menos me desahogo. Llámame en cuanto puedas.”

Tenía unas cuantas llamadas perdidas del muchacho. Mierda...

domingo, 1 de septiembre de 2013

Aniversario





No mires atrás y te preguntes “por qué”; mira hacia delante y
pregúntate “por qué no”

Abre lentamente los ojos. Le pesan demasiado los párpados.
Quiere levantarse de la cama, pero al levantar un poco la cabeza todo empieza a darle vueltas.
Suelta un gruñido. No lo entiende. ¿Está enferma de repente?
Alguien llama a la puerta de su habitación. Aprieta la mandíbula, han tocado demasiado fuerte.
Su madre entra en la habitación.
  • ¿Estás despierta, Violeta?
  • ¡Shhh! - le pide silencio la chica.
  • Lo tienes bien merecido, cielo.
La mira confundida. Su madre se acerca y se agacha a su lado, junto a la cama.
  • ¿Que?
  • Tienes resaca.
Se queda callada unos segundos, le cuesta pensar.
  • ¿Resaca, yo?
Su madre la mira con seriedad, aunque no parece enfadada.
  • Llama a Rubén, tenéis que hablar.
  • Uff, mamá, no grites tanto...
Sin decir nada más su madre sale de su cuarto y la deja sola.
¿Cuándo se emborrachó? Nunca le había pasado antes... ¿Y por qué no recuerda nada? ¿Cuánto tiempo lleva durmiendo? ¿Ha hecho alguna estupidez estando ebria?
Y lo peor de todo: ¿cuál ha sido la reacción de su padre? No quiere ni imaginárselo, y le duele pensarlo.
¿Qué le ha dicho su madre antes de irse, que llamase a Rubén? ¿Para qué? ¿Qué tiene él que ver con que ella esté borracha?
No puede evitar pensar en lo que podría haber pasado estando ella borracha... ¿y si él estaba borracho también?
Suelta un gemido y entierra la cara en la almohada.
A su lado hay un cubo, y junto a este un paquete de guisantes congelados. En otras circunstancias habría sonreído al ver los guisantes, pero no puede evitar sentir arcadas al girar la cabeza.
Respira profundamente, intentando que su estómago vuelva a un estado más o menos estable.
Ve por el rabillo del ojo su espejo y se pregunta cómo de desastrosa estará.
Tiene que levantarse.
Saca una pierna de debajo de las sabanas empapadas de sudor, luego otra, y finalmente levanta el resto de su cuerpo, sentándose sobre la cama.
Se le corta la respiración.
Tiene de nuevo arcadas y se tira al suelo junto al cubo. Vomita violentamente.
Muy bien, lección aprendida.
Se levanta a duras penas y olvida el espejo.
Se arrastra hasta la cama y se deja caer sobre el colchón. Da gracias porque no sea una litera.
  • Puuuuuuuuuff
Alarga el brazo hasta la bolsa de guisantes congelados y la coloca sobre su frente. Decide ver su reflejo en la pantalla del móvil.
Todo está borroso.
De repente, suena el tono de llamada que tiene asignado para su novio.
Haciendo caso de su ahora casi inexistente memoria, pulsa a tientas el botón para aceptar la llamada y coloca el móvil junto a su cabeza sobre la almohada.
  • ¿Violeta?
  • Nunca más, Rubén, nunca más – murmura ella.
  • ¿Qué?
  • No pienso volver a acercarme a una sola gota de alcohol.
Escucha su risa al otro lado de la linea, tan musical, tan suya.
  • Pues conociendo a la Violeta sobria, no sé cómo te has emborrachado esta vez, cielo.
  • Yo tampoco...
  • Tienes suerte de que pasase por la ciudad y que te viese, porque si no, puede que siguieras tirada en la calle.
Eso le duele. Tirada, suena fatal.
  • ¿Tirada...en...la...calle?
  • Sí, a las cinco, cariño, a las cinco – ella resopló, llevándose una mano a la dolorida cabeza – tus padres creyeron que estarías con algún amigo, ¡menuda cara pusieron cuando te traje borracha a casa!
  • ¿Tú me llevaste... a casa?
  • ¡Claro, ¿cómo iba a dejarte allí sola?!
  • Gracias... - dijo ella suavemente al teléfono, le dio un sonoro beso al altavoz, para que lo escuchase Rubén – me gustaría tanto que estuvieses aquí... estoy sola...
  • Mmmm, lo siento, no puedo... Cómo decirlo... - hizo una larga pausa – Tu padre no quiere que vuelva a verte, Violeta.
Se hizo el silencio entre los dos.
  • Entiéndelo, está asustado.
  • ¿Asustado?
  • Sí, ayer su hija volvió a casa borracha, en brazos de su novio casi veinte años mayor que ella, ¿qué crees que fue lo primero que debió de pensar?
  • Si te digo la verdad, he llegado a pensar lo mismo hace nada más unos minutos – dice ella en un susurro.
  • Sabes que yo no te haría eso, Violeta – parece ofendido.
  • Lo sé, cielo... lo sé – de nuevo el silencio durante unos segundos - ¿y por qué estabas en la ciudad ayer, no me avisaste?
  • ¿No sabes qué día era ayer? - parece incluso más ofendido que antes.
  • Efectos del alcohol... - intenta justificarse ella.
  • Ayer fue nuestro aniversario... - concluye él muy tristemente – ayer, fue el mismo día hace tres años en el que te vi la primera vez.
  • Lo siento... de verdad. No entiendo cómo pude emborracharme... cómo pude hacerte esto... Estarás horrorizado...
  • Estoy más asustado de que tu padre ponga una denuncia por violación que otra cosa.
  • Pero ayer no pasó nada...
  • No, no pasó nada.
Violeta se estruja la cabeza, haciendo que la bolsa de plástico cruja y le provoque más dolor de cabeza.
Le molesta incluso el ruido del roce de la sábana en su ropa. Entones se da cuenta, sigue vestida.
Muy lentamente, se quita los vaqueros y los tira al suelo.
  • Adiós, Violeta. Feliz aniversario.
Ella mira de golpe al teléfono.
Tiene ganas de llorar.
  • Te quiero, Rubén – consigue sollozar.

Hace tres años.
Tres largos y maravillosos años, que conoció a Rubén.
No se conocieron por una buena razón, pero tampoco fue horrible viendo cómo habían terminado las cosas.
Recuerda que estaba sentada en un banco en el parque, esperando a su novio, un chico irresponsable, asqueroso y gamberro, y ni siquiera era asombrosamente guapo, simplemente un chico irresistible ante sus ojos por ser justamente todo lo malo que era.
Llevaba al menos veinte minutos esperando.
Siempre se retrasaba al menos un cuarto de hora, porque venía en patines, pero a ella no le importaba.
Solía acercarse a ella muy serio, le daba un buen beso y la acompañaba de la mano a una pista de skate para que lo viera patinar con sus amigos.
Era simplemente para no tener que perder una tarde con una chica tonta, su táctica de siempre.
  • Cielo, hace frío – le había gritado ella sentada desde el banco una vez.
  • ¡No me llames cielo! - le había contestado él enfadado.
Pero ella seguía allí, esperando. Olvidando todo lo que él le había hecho como una tonta, una niña.
Y así pasaron horas, ella rememorando “buenos” momentos junto a su “novio” y la noche y el frío en pelo mes de octubre llegando.
Llevaba un vestido, se había puesto guapa para él, y se estaba congelando por él.
Un joven, de unos veinticinco años se acercó a ella.
  • Cielo, ¿qué haces aquí? Es ya tarde...
  • Lo sé – dijo ella secamente. Pederasta, pensó para su interior ¿Qué clase de hombre se acerca a una niña desconocida y la llama cielo?
  • ¿A quién esperas?
  • A mi novio – dijo ella, dejándolo bien claro. No iría con un viejo por ahí.
  • Pues tu novio no llega, lo siento.
  • No pasa nada. Lo esperaré un rato más.
  • Llevas aquí mucho tiempo ya, no va a venir, cielo.
  • ¡¿Me has espiado?! - le gritó ella, levantándose - ¡¿Y quién te crees que eres para llamarme cielo?!
  • ¿No te acuerdas? Violeta, soy Rubén, el hermano de Tony, tu novio.
Entonces se fijó bien en su cara. Sí, era él. Lo recordaba de cuando fue a cenar a casa de Tony.
  • Siento que sea yo quien te lo diga, pero me ha dicho que habéis cortado.
  • ¿Cortado? A mí no me ha dicho nada.
  • Sabes que Tony no tiene ni cerebro ni tacto, me lo dijo así, antes de encerrarse en su habitación para jugar a algún videojuego. Esta tarde no ha salido de casa – Violeta bajó la mirada. Se había olvidado de su cita – Y creo, que si lo piensas bien, que te haya dejado aquí sola, es su manera de decirte que... ya sabes... es su manera de romper contigo.
Ella asintió tristemente.
  • Y como sé que es muy bruto – siguió diciendo él, pero Violeta solo quería que se callara – le pregunté cómo había roto contigo. Me dijo lo que había hecho – se encogió de hombros – Si hubieras sido cualquier otra chica, simplemente me habría acabado peleando con él, porque claramente no sabe respetar a nadie, pero cuando viniste a cenar la semana pasada, me pareciste encantadora, no te mereces que te hagan esto.
La chica lo miró. Sintió el frío calarse entre sus brazos y sus piernas desnudas. Una mala elección, el vestido veraniego, claramente.
  • Y vine a por ti corriendo. Imaginé que tendrías frío, así que te traje un abrigo. Espero que no te moleste que sea mío, no suelo llevar abrigos de mujer.
Violeta río y aceptó el abrigo de buena gana. Estaba caliente, y olía a casa de Tony, con algo distinto, olía a Rubén.
  • Gracias.
  • Te llevo a casa, ven.
Rubén le tendió su brazo y ella lo cogió. Le sacaba unas cuantas cabezas. Era muy guapo. Le gustaba su pelo corto y despeinado y su barba de unos días.
Se subieron al coche juntos. Un coche caro, muy caro. Rubén encendió la calefacción.
  • Una mala elección el vestido veraniego en pleno otoño, ¿no te parece? - le dijo riendo.
Violeta río.
Cuando la dejó en casa, ya estaba loca él.

***

  • ¿Diga? - contestan al otro lado con una voz gutural.
  • ¿Estoy hablando con Shrek?
  • ¿Que?
Jorge suelta una carcajada.
  • ¿Eres Violeta?
  • Sí, soy yo. ¿Qué quieres, Jorge? - contesta ella con brusquedad.
  • Nada, nada. Si te molesto... - empieza a decir él.
  • No, lo siento, perdona – dice ella frotándose la frente – es que estaba durmiendo.
  • ¿Durmiendo? ¿A las dos de la tarde?
Violeta resopla a modo de asentimiento.
  • Vaya, ¿qué te pasa? ¿Estás enferma?
  • No... es solo... - le cuesta decirlo – es resaca.
Su amigo no dice nada. Al cabo de unos segundos muy largos, la chica empieza a preocuparse.
  • ¿Jorge? - susurra.
  • ¡¿RESACA?! - le grita él - ¡¿ESO SIGNIFICA QUE RUBÉN Y TÚ...?!
  • ¡SHHHH! - dice ella con los ojos cerrados. Le pitan los oídos - ¡No pasó nada!
  • ¿Estás segura?
  • Bueno, no me acuerdo...
Su amigo empieza a gritar. Parece ¿emocionado? ¿Es eso? ¿Emocionado porque su amiga haya perdido la virginidad? Violeta arruga la nariz, no le gusta.
  • Rubén me ha asegurado que no pasó nada, Jorge, no te emociones tanto.
  • ¿Y en qué se basa?
  • En que me encontró tirada en la calle a las cinco de la tarde, ¿quizá? - dice ella molesta.
  • Violeta, no estás hablando en serio – dice su amigo de pronto enfadado.
  • Tan en serio como que las nubes son blancas.
Jorge suspira al otro lado, abatido.
  • ¿Y cómo te emborrachaste?
  • ¡No lo sé!
  • ¡No te irrites! - se enfada el chico – Tranquila.
  • Perdona.
Odia tener resaca.
Se frota los cansados ojos y se mira las manos, borrosas.
El teléfono en manos libres está en el suelo.
  • ¿No te acuerdas de nada?
  • No del todo... Antes, de nada; ahora recuerdo que estaba ya borracha al salir de algún sitio, no sé si de mi casa o del instituto.
  • ¿Desde tu casa o de un instituto privado? - Jorge ríe con suavidad – lo dudo mucho.
  • Bueno, pues desde algún sitio.
  • ¿Y antes de estar borracha, no te acuerdas?
La chica gruñe, y se estruja la cabeza en busca de algo que no sea borroso.
  • Estaba en clase.
  • Y...
Ya sabe lo que pretende Jorge, fue lo mismo que hizo ella con él cuando los casos eran contrarios, él se emborrachó en una fiesta, o más bien lo emborrachó una chica. Fue así, después de eso, cómo descubrió definitivamente que era gay.
Aún recordaba la cara avergonzada de la chica, totalmente frustrada, que le preguntaba <<¿Tan mal lo hice?>>. Pobre.
  • Y me pasaron una nota. Era una chica, no recuerdo bien...
  • Vamos, Violeta – la animó su amigo.
  • Pff, ¡qué dolor de cabeza, Jorge, no puedo!
  • Bueno, ya sabes algo de lo que pasó ayer, te pasaron una nota en clase – dijo el intentando parecer animado.
  • Que triste.
Jorge río.
Violeta cerró los ojos.
  • Violeta, te dejo.
  • Adiós... - bostezó ella.
  • Duerme.
  • Duermo.

***

<<Sale del instituto. Alguien la lleva del brazo. Ambas sonríen. Cruzan un paso de peatones con una multitud de chicos y chicas mayores que ella pisándoles los talones. Está repentinamente feliz. ¡Por fin tiene amigos! Se gira de nuevo, todos le sonríen, o eso parece.
Después de andar un tiempo, entran en una casa.
Dentro todo está vacío y no hay luz. Unos chicos cerca de ella encienden unas velas.
  • ¿Es normal que no haya luz? - pregunta extrañada Violeta a la chica que la sujeta del brazo.
  • Sí, sí. Son solo los plomos, solemos tener problemas. Es una casa muy vieja.
Escucha risitas.
  • Pero aquí no hay muebles...
  • Es que los hemos quitado para poder hacer la fiesta aquí, ¡tonta! - dice ella sonriendo - ¡Ya verás lo que nos vamos a divertir! >>