sábado, 25 de enero de 2014

Cambios inesperados.


<<En esta vida de cambios, lo más importante es ir adaptándose a cada nueva experiencia y aprendiendo de cada una de ellas; pero nunca, nunca, ir quedándose en el pasado.>>

 

Fue un beso bastante cálido y deseado, con el que Daniel llevaba soñando semanas. Fue mejor que el primero que le dio a Sam, se notaba que ambos tenían más experiencia; y además, a ella la quería de verdad. Mientras que una parte de Violeta deseaba no separarse nunca de él, otra le hacía sentir realmente mal y querer alejarse; acurrucarse y ser consolada entre los brazos de Rubén. Pero eso ya no podía ser, no; Rubén había resultado ser un imbécil que se aprovechaba de ella, y no el príncipe que ella creía, con el que había pensado en pasar el resto de su vida. Se separó de Dani y le dedicó una pequeña sonrisa. Los labios de él no podían dejar de sonreír, sus extremos se elevaban mientras sus ojos brillaban con alegría. Realmente la quería, aunque no sabía cómo ni por qué, aquella chica había llegado al fondo de su corazón.
La abrazó cálidamente, por un acto reflejo. Violeta se sintió protegida entre sus brazos. Después se separó lentamente, cogiéndola de las manos.
-Violeta, llámame antiguo; pero... -dejó caer una rodilla en el suelo frente a ella, para su sorpresa- ¿Quieres salir conmigo y ser mi princesa, la persona que más quiera por el resto de los días de mi vida?
-Vaya... Hombre, tanto tiempo no sé...
Él sonrió, Violeta notó la picardía en su cara, la misma que cuando gastaba bromas con Eliot. Dani se levantó, cogiéndola en volandas y dio una vuelta sobre sí mismo con ella sobre su hombro; lo cuál hizo que la chica se riera y se olvidara de Rubén por un momento. La dejó en el suelo y la miró a los ojos, quitándole un mechón de la cara. Violeta sintió un pequeño cosquilleo ante su tacto.
-En realidad... Eso fue sólo un “truco” que me enseñó Justin.
Violeta reprimió una risa.
-¿Justin?
-Ajá. -contestó él asintiendo- Ya podrás imaginar más o menos cómo empezó él a salir con su pareja.
Ella sonrió.
-Eso sería interesante, podrías contármelo.
-Em... Mejor, pregúntaselo a él.
-Me encantaría conocerla. -dijo ella mirando al cielo. Pasó la vista a Dani, que la contemplaba sin entender- A su pareja.
Él asintió. Estaba tan acostumbrado a hablar de Agus sólo con sus amigos que no se acostumbraba a que Violeta todavía no supiera la verdad. Y no quería mentirle, no quería que en su relación hubiera mentiras; pero no podía defraudar a Justin, y sin su permiso tenía prohibido decírselo. Ni a ella ni a nadie.
-Algún día te la presentará. Estoy seguro de que te caería bien.
-¿Ah, sí?
-Ajá. -le sonrió perdiendo la mirada en el mar azul de sus ojos. Se inclinó sobre ella y la besó, sus labios sintieron de nuevo un cosquilleo que atravesaba su cuerpo, su estómago se ató y su corazón dejó de latir por un momento; sumiéndose casi en el paraíso- Y ahora, ¿me permites invitarte a un paseo por el parque? -le preguntó tendiéndole la mano.
-Por supuesto. -respondió ella cogiéndose de su mano mientras sus labios se curvaban. Le encantaba su pequeño teatrillo de caballero romántico antiguo.

***

Violeta estaba sentada en la clase, hablando animosamente con Samanta. Sentía unas ganas tremendas de contarle a alguien lo de Dani entusiasmada; pero no podía hacerle eso a ella, sería como restregarle que su ex salía ahora con otra. Mientras que ella simplemente tenía... rollo con uno que al parecer tenía rollo con todo el santo instituto. O... el no tan santo. Desde el sábado, cada vez que se entristecía pensando en Rubén pensaba en él, para bloquearlo. Aunque por las noches sólo podía soñar con Rubén, por la mañana hacía como que no pasaba nada. Fingía estar bien, que nada podría estar mejor de que ella saliera con el buenachón de Dani. Hasta sus padres se alegrarían de que hubiera reemplazado al hombre por él, tenía su edad, era divertido, la ayudaba... y... tal.
En otras circunstancias se lo habría contado a Jorge o a Lara, intentando que el entusiasmo de ellos se le contagiara. Que pensaran que su amiga estaba completamente recuperada y con un chico muchísimo mejor, se pusieran felices y con ellos se pusiera feliz ella. Pero, al igual que Jorge, ella también prefería verlo a la cara para ver su reacción; así que esperaría a que la visitara. Igual que con Lara, aunque no sabía cuando podría volver a verla.

Por fin llegó la hora del recreo, y él ya estaba fuera esperándole. Sus amigos hablaban un poco más allá. Violeta se acercó a él con la merienda en la mano, y Dani le pasó el brazo por la cintura. “Te he echado de menos”, le dijo con la mirada. Se sonrieron y le dio un beso dulce en los labios. Después se juntaron con los chicos.

Sam se quedó mirando hacia el lugar con la boca abierta. Millones de sensaciones pasaron por su cabeza, de la rabia a los celos pasando por el odio, el dolor o la tristeza. Aquel había sido un pequeño detalle que ninguno de los dos había tenido en cuenta. Y podía ser que lo suyo con Dani ya hubiera sido hace mucho tiempo, que fuera parte del pasado; pero sabiendo que hasta hacía unos días se estaba metiendo con él por eso, quizá deberían haber tenido más cuidado al expresar sus sentimientos frente a la chica. Porque a ella aún le dolía. Y aún recordaba los besos de Dani cuando Peter o cualquier otro chico la besaban; quizás, y tan sólo quizás, si cortaran de raíz aquella tremenda locura fuera capaz de olvidarle. Pero ninguno de los dos había vuelto a hablar del tema desde entonces. Daniel era la persona a la que Sam más odiaba en el mundo por todo lo que le hizo, pero a veces, y tan sólo a veces, le volvían las ganas de llorar al acordarse de él. Como una cicatriz que no había terminado de cerrar, un asunto pendiente que quedaba sin zanjarse.

***

Eliot estaba sentado en un pequeño muro de hormigón del patio, entre los jardines y el campo de fútbol, sujetándose las manos, con los codos sobre las rodillas y las piernas colgando. Observaba a Dani y Violeta, que tenían las manos entrelazadas y sonreían juntos. Unos pasos más allá, las chicas se picaban entre ellas; y entre ellos Justin miraba las hojas de un árbol sumido en su mundo, probablemente pensando en Agustín. Sonrió mirando a la parejita y posó por un momento la mirada en Ainoa. El habitual calorcillo cariñoso comenzó en el fondo de su corazón. Se preguntó qué se sentiría estando con alguien como Dani con esa chica. Cómo sería estar enamorado. Él empezaba a sentirse mucho más animado y acogido de nuevo; pero observándoles desde fuera como hacía ahora se notaba aún más la diferencia. Dani y Violeta eran la parejita feliz ahora, mientras Justin se pasaba de vez en cuando el rato en su mundo y Agus no pasaba por allí para gastar sus habituales bromas. También se notaba mucho que todos habían madurado, sobretodo las chicas y Jus. Daniel había madurado hacía ya tiempo, entre crisis y crisis emocional. Y él se sentía ahora el niño pequeño del grupo, lo bueno era que cuando viniera Agus seguirían compartiendo el aire infantil y jugarresco, y que Violeta era aún más pequeña que él.
Siempre le había dado miedo crecer, que pasara el tiempo. Le asustaba, desde pequeño, la idea de que crecieran y se distanciaran sus caminos, que pararan de verse, que se rompiera el grupo. Ya había escuchado demasiadas veces a sus padres hablar sobre buenos amigos de los que no volvieron a saber y había visto a su hermana hundirse por una ruptura o una amiga perdida. No quería que eso les pasase a ellos, quería que sus familias permanecieran juntas por siempre; pero sabía que eso sería difícil. Mientras tanto, se dijo, disfrutaría del momento.
-¡Ey, Eliot! -lo llamó Ainoa- ¿Qué haces que no vienes aquí?
Él sonrió y bajó de un salto. Corrió hacia ellos y revolvió el pelo a la muchacha, que sonrió. La cogió por la cintura levantándola del suelo, de espaldas.
-Ay, que ya me echabas de menos. Si es que no puedes vivir sin mí, ¿eh? -bromeó. Ella sonrió.
Un pequeño cosquilleo recorría su columna mientras intentaba que no se le subieran los colores a las mejillas. Giró la cabeza para mirarlo a sus preciosos ojos y le dirigió una sonrisa un tanto irónica.
No sabes cuánto...

***

Justin entró en el restaurante. Estaba más lleno de lo que le gustaría; pero aún quedaban sitios libres. Se quedó de piedra cuando vio una cabellera negra tintada. No iba solo; pero tampoco con la compañía con la que solía. Se quedó mirándole, seguro que era Peter. Pasó la vista a sus acompañantes. Una mujer de mediana edad con el pelo a tirabuzones, un hombre formal y rígido que no se le parecía nada, una niña de unos doce o trece años y un pequeño de diez. Tan sólo la niña parecía tener algún rasgo en común con Peter; pero debían de ser su familia. Algo le sorprendió aún más: Peter... estaba... estudiando. Estudiaba mientras los otros comían, recordando de vez en cuando que tenía que llevarse un mordisco a la boca. El hombre miró a Justin y alzó una ceja, antes de que éste se diera cuenta. Peter inmediatamente lo miró.
Se sorprendió mucho cuando vio al muchacho que los miraba. ¿No debería estar completamente enfadado con él y haber dado media vuelta? Pero no, estaba embobado, mirándolos. ¿Qué le llamaría tanto la atención? Mierda. Recordó. Miró sus libros rápidamente encima de la mesa; pero ya no tenía ningún sentido guardarlos, y era consciente de que su familia lo miraba.
-Ey, Justin. -lo llamó antes de que al aludido le diera tiempo a huir.
Jus se paró en seco. ¿Qué hacía? No debía hablar con él, por mucho que quisiera ayudarse. ¿Y no estaba con su familia tan unida? -sabía que no, había detectado sus miradas frívolas y sin sentimiento mientras estaban allí sentados, como si a ninguno le gustara la compañía del otro. Sobretodo cuando miraban a Peter, que tenía la cabeza gacha y la mirada totalmente perdida en sus libros; en una postura que hasta podría dañarle el cuello- Pero sería muy maleducado por su parte no responderle... Y además, no perdía nada, ¿no?
Se giró y le sonrió.
-Ey, hola, Peter. -él forzó una sonrisa por respuesta. Sus familiares tenían la mirada fija en él, casi como buitres. ¿Sería por lo que pasó con su primo?
Por algún extraño motivo, sintió un impulso y se acercó a él.
-¿Qué haces, estudiando?
-Sí... Tenemos un examen mañana, ¿recuerdas?
-Ya... Pero es que tú... -no supo si terminar la frase.
-No hace falta que la termines, no creo que haya nadie en esta mesa que dude sobre eso. -hubo un pequeño silencio. Justin se inclinó un poco a mirar lo que estudiaba, y se fijo en un detalle que nunca había visto en él antes. Sobre la mesa, descansaban unas pequeñas gafas con las patas de un fino metal gris. Peter las recogió rápidamente y se las pasó a su hermano, que estaba sentado en el mismo banco que él, por debajo de la mesa- ¿Y tú, empollón, cómo es que estás aquí y no sumido entre tus libros?
-Mi hermano está en el comedor y mis padres trabajando; así que no tenía ganas de hacerme una comida para mí solo... -se dispuso a marcharse.
Peter bufó y bajó la mirada a sus libros, rascándose el cuello. Sabía que nunca podría resolver esos problemas él solo. Y tampoco quería pedir ayuda a los de su familia.
-Ey, Justin. -él se volvió- ¿Me ayudas?
El muchacho parpadeó. ¿En serio acababa de oír lo que acababa de oír? ¿Del orgulloso de Peter?
-¿Y eso?
-No lo entiendo. -contestó él quitándole importancia con un gesto.
-Claro, como no atiendes. -le culpó su madre.
-Peter atiende. -le defendió Justin sin saber por qué- A... veces; pero atiende.
El chico lo miró, como intentando averiguar por qué había hecho eso. Había cerrado la boca de un plumazo a su madre sin faltarle la educación, y se alegraba de ello.
-A ver... ¿qué es lo que no entiendes?
Peter le dejó un pequeño hueco en el banco y le señaló un problema. Justin se lo explicó, y a Peter le pareció mucho más sencillo. Sus familiares los miraban; pero con una mirada distinta. Los dos adultos con una gran curiosidad reflejada en sus ojos y las caras algo más relajadas, los pequeños con muecas y reparo en los ojos.
Jus terminó de explicar y Peter de hacer el ejercicio. Lo miró.
-Ey, Peter... Supongo... Supongo que yo podría ayudarte. -dijo señalando con un gesto el libro.
-Sí, supongo que podrías. Lo necesitaría.
-Creía que no te importaban las notas.
Él se encogió de hombros y suspiró.
-No cuando al final aprobaba... Este año... este año está siendo más difícil aprobar que hacer un poco la pelota a los profes y estudiar como para un cinco raspao. -Justin lo miró sin decir nada, hubo un pequeño silencio- Ey, ¿qué te parece? Esta tarde me ayudas a estudiarme el examen de mañana y te pago en función de la nota que saque.
Él asintió. El muchacho miró a su madre, que se encogió de hombros.
-Puedo permitirme pagar dos euros. -hizo una pausa significativa- Lo que no sé es si él puede permitirse perder ese tiempo en vano.
-A mí me parece bien. -intervino Justin- Ah, y por cierto, el examen no es mañana; es el miércoles. Lo cambiaron esta mañana. Quizás si atendieras... -A Peter le brillaron los ojos.
-¿En serio? ¡Toma! Espera... ¿a qué hora lo dijeron?
-Em... Pues creo que a primera.
-Ah, pues entonces yo no estaba. No es mi culpa. En... parte.
-Cierto.
-Una sola condición más: que mis amigos no sepan nada de esto. Ni nadie. Que no sepan ni que me has visto aquí ni que te he pedido ayuda.
Jus asintió.
-Está bien. Y que mis amigos no sepan que me hablo contigo. -notó la mirada interrogativa de sus padres- No es por nada; pero... no tienes muy buena fama.
-No me extraña. ¿Me ayudas con éste? -señaló el siguiente ejercicio.
-Voy a buscar algo de comida y ahora vuelvo.
-De acuerdo.
Después de estar un rato ayudando a Peter mientras comían y de que los dos se preguntaran repetidamente cómo habían llegado allí, Justin observó el resto de los rostros de la mesa mientras Peter estudiaba. Ellos habían estado hablando animosamente de los estudios, el trabajo...
-Ey, Peter, ¿sabes qué? Por más que os miro no puedo encontrar ninguna similitud entre vosotros.
Él se encogió de hombros.
-Dicen que me parezco más a mi padre.
La atención ahora se centraba en ellos. Justin miró al hombre.
-Pues a mí no me lo parece.
Pedro apretó la mandíbula.
-Eso es porque ése no es mi padre.
Se levantó de la mesa echando la silla hacia atrás y salió del local. Justin se arrepintió de haber hablado, quedaba claro que la había cagado. Pero los demás no parecían querer hacer nada por arreglarlo, a los pocos segundos retomaron la conversación, un poco más baja; pero esta vez sobre aquel asunto. Justin se levantó y siguió sus pasos.
Lo encontró sentado en la acera, con la cabeza entre las manos. Se sentó a su lado.
-Ey, Peter... Lo siento. Lo siento si la he cagado. Entonces, ¿quién era ese tipo?
-Es... Es... Es mi padrastro.
Jus tragó saliva. No parecía que su relación fuera muy bien con ese lado de la familia.
-¿Y con tu padre... qué pasó?
Peter miró al suelo, al lado contrario de Justin.
-Él... él nos abandonó. Hace unos años que no lo veo. Lo único que me quedó de él es mi hermana, y ella... ella... ella me odia.
Justin estuvo a punto de decirle que seguro que eso no era así, que su hermana no lo odiaba, que tendría a alguien que lo quería en este mundo. Pero supo que no serviría de nada; y, más aún, que Peter se enfadaría en cuanto se diera cuenta de que había contado algo de su vida personal y privada a alguien como él, alguien del exterior y, sobretodo, alguien que podría no ser de fiar y extender el rumor por todo el instituto; o empezar a verle más débil.
El muchacho se incorporó lo suficiente para poder sacar un paquete de tabaco de debajo de su chaqueta y comenzó a fumar; mientras miraba al asfalto o al horizonte sin hacer caso a su acompañante. Para él no había nadie allí, seguía sintiéndose completamente solo.

***

Llegó a su casa y se dejó caer sobre la cama. Sus padres y Antonio ya habían llegado a casa, y se habían preocupado un poco al no verle allí. Para desgracia, él había tenido el móvil descargado; pero no tardó mucho en regresar después de que ellos llegaran. Conectó el cable y esperó a que se cargara lo suficiente para poder encenderlo. Mientras esperaba, lo llamó su madre; así que dejó el móvil allí y fue a ayudarla a guardar las cosas de la compra, y más tarde ayudó a su hermano con los deberes y merendó. Cuando regresó a su habitación tenía tres llamadas perdidas. Recibió otra. En la pantalla salía escrito su nombre. Lo desconectó y contestó rápidamente.
-¡JUUUSTIIIIIIIIN, CARIIIII!
-¿Qué? -contestó éste sin poder reprimir una sonrisa de la energía que derramaba el chico.
-¡No te lo vas a creer! ¡¡Dentro de unos días tengo unos cuantos días de vacaciones!! Son sólo dos o tres; pero bueno. Mi hermano tiene trabajo; así que me quedaré allí en casa de mis padres. Tengo que estudiar; pero al menos así podré verte.
-¡¡GENIAL!! -respondió él sin dejar de sonreír, se le humedecieron los ojos de la alegría.
-Síiii.
-No sabes lo mucho que te he echado de menos.
-Sí lo sé; porque es lo mismo que yo o incluso menos todavía.
-No lo creo.
Los dos sonrieron.
-Anda, no nos peleemos por eso. -zanjó Agus bromeando- No sabes las ganas que tengo de verte y de tocar tus labios... Es como si mis labios hubieran olvidado el sabor que tienen.
-Vaya, ¡pues espero que eso no sea porque has probado los de otros en todo este tiempo! -contestó él haciendo como que se ponía celosos; aunque no podía parar de sonreír. Agus se rió.
-Nunca podría. Te quiero mucho, Justin. Y dentro de nada podré tenerte de nuevo entre mis brazos y darte un achuchón de esos que tanto nos gustan.
Él sonrió. Ya antes de que salieran juntos, desde pequeños, Agus le había dado ese abrazo especial para animarle. El único problema, recordó con sorna, era cuando se pasaba con la broma de fuerte y tenía que escaparse si no quería terminar ahogado.
-Ojalá estos días de espera se pasen rápido.
-Ojalá.

sábado, 18 de enero de 2014

El beso





<<Si una mirada dice más de mil palabras, un beso dice millones>>

- ¿Y has hablado con ella entonces?

-No, aún no he podido, pero me muero de ganas... La echo tantísimo de menos, de verdad... Pero no sé cómo decírselo...

-Simplemente, díselo.

-¿Y si está saliendo con otra persona?

-No crees que te habría avisado? Hicisteis un trato, y Violeta no es ni tonta ni una insensible, te lo diría (y con razón) al menos para que no te siguieras oprimiendo.

-No me estoy oprimiendo. Solo, soy... precavido.

-No intentes engañarme, Rubén. Te conozco perfectamente, por algo somos familia.

Él miró hacia otro lado y  dejó que el suave calor que aportaba el sol le calentase las heladas mejillas.

Su acompañante siguió mirándolo unos segundos hasta cansarse y empezar a leer una revista que llevaba consigo.

-No puedo creer que no quieras aceptar que tengo razón - dijo seriamente sin mirarlo a los ojos.

-No he hecho tal cosa - dijo Rubén mientras entornaba los ojos. Había visto algo que le había recordado a Violeta. Un jersey, una chica llevaba el mismo jersey que ella.

Estiró el cuello para intentar verla mejor.

-Cuando me llamaste para disculparte no imaginaba que nuestra conversación sería así - siguió diciendo la joven.

...Y los mismos vaqueros. Y el pelo era el mismo. Pero la chica estaba de espaldas y se alejaba.

Se levantó de un salto y corrió hacia la desconocida en silencio, sin despedirse.

La chica se dirigía a la estación. La siguió hasta la puerta. ¿Y si era ella? ¿Por qué no lo había buscado si volvía a la ciudad? No se atrevió a dar el único paso que le faltaba para entrar en el edificio.

Se perdió entre la multitud, pero no había ningún tren. Espero unos segundos que se le hicieron eternos antes de entrar dentro.

-¡RUBÉN! - le gritó alguien en el oreja - ¡¿SE PUEDE SABER POR QUÉ ME HAS DEJADO SOLA?! ¡ESTÁ CLARO QUE NO SE PUEDE CONTAR CONTIGO, NO SE PUEDE NI TENER UNA CONVERSACIÓN! ¡NO TIENES NI IDEA DE LO MUCHO QUE ME HA COSTADO VENIR HASTA AQUÍ, DE CONVENCERME DE QUE DE VERDAD TE SENTÍAS CULPABLE POR LO QUE HICISTE, PERO NO, NO ERES MÁS QUE UN ESTÚPIDO, Y YO UNA INGENUA, NO VUELVAS A HABLARME EN TODA TU VIDA!

Cuando pudo por fin darse cuenta de quién era quiso correr tras ella también, pero no pudo, Violeta podía estar en el andén a unos metros de él, mientras que por otro lado, su hermana merecía con creces una disculpa.

-¡Espera! - intentó gritarle, pero una familia con enormes maletas lo empujó para poder entrar - ¡Espera! - intentó volver a gritarle, pero ya estaba demasiado lejos.

Sin pensarlo dos veces, corrió hasta llegar a agarrarla del brazo. La joven se giró con brusquedad y le pegó un puñetazo en la nariz. Su vista empezó a nublarse.

-¿POR QUÉ ME HAS PEGADO?

-Sabes que te mereces mucho más - dijo secamente ella antes de seguir andando.

Empezó a sentir rabia y dolor al mismo tiempo, nada que había vivido antes podía compararse a ese momento. 

-No te considero mi hermano, Rubén. 

La sangre le caía desde la nariz hasta la barbilla. Necesitaba agua. 
¿Desde cuándo había aprendido a pegar así? Nunca había tenido tanta fuerza, o al menos no lo había demostrado. Distraído, se limpió con la mano algo de sangre, sin éxito. 

La gente empezaba a fijarse en él, así que buscó desesperado un baño. El más cercano estaba en la estación. 

Volvió corriendo dentro y se encerró en el baño. 

-Que bestia - dijo para sí cuando se miró en el espejo. El cuello de la camisa se le había manchado. Suspiró. 

Se enjuagó la cara con agua y se secó con el poco papel que había en aquél minúsculo baño. 

Tenía la nariz hinchada y estaba bastante seguro de que terminaría morada. Su "hermanita" había dejado de depender de él, y había dejado de serlo también. 
Se sentía tan culpable. 

Alguien aporreó con fuerza la puerta con fuerza. 

-¡Date prisa! ¡El tren está a punto de llegar! 

Rápidamente, volvió a lavarse la cara y se puso la chaqueta antes de salir corriendo hacia el andén. El hombre que estaba esperando para entrar lo adelantó dándole un empujón. El tren iba a salir. 
La chica subía al tren, y sí, era ella, era Violeta, y sí, parecía a punto de llorar. 

Cuando el tren empezó a alejarse tanto que ya no lo veía, él seguía allí, de pie junto a la puerta, esperando a que volviese con ella dentro.
Ni siquiera lo había visto, no se había girado para comprobar si estaba ahí como en las películas que tanto había visto con ella. Todo lo que le había dicho antes, todo lo que le había prometido le cayó sobre los hombros con fuerza. 

La nariz le ardía. 

La echaba de menos, y necesitaba verla, comprobar que seguía bien y volver con ella, lo necesitaba con todas sus fuerzas. 

Se echó el pelo hacia atrás y volvió a casa. 

***

-¿Dani? 

-¿Violeta? ¿Estás bien? 

Su voz al teléfono sonaba destrozada. 

-¿Podemos vernos? 

-Claro, dime dónde estas y vamos a buscarte. 

-Prefiero a solas. 

Ainoa y Eliot pusieron mala cara. 

-Estoy en mi casa, pero mejor quedamos en otro sitio, necesito hablar contigo, de verdad... - continuó ella.

-Está bien, dónde tú quieras. 

Eliot fue a decir algo pero Justin le dio un codazo para hacerlo callar. 

-El parque que hay cerca del instituto, ¿te parece bien? 

-Claro. Nos vemos ahí en veinte minutos. 

-Hasta ahora. 

Ambos colgaron el teléfono.

Todos lo miraban contrariados. 

-¿Vas a ir?

-Necesita ayuda - dijo él levantándose. Todos asintieron - Lo siento, de verdad. Pero... no es culpa mía, quiero decir...

-No puedes evitarlo - lo corrigió Eliot - , no puedes evitar ir a verla, y está claro que no dejas de pensar en ella - soltó una sonrisa triste - estás enamorado, Daniel. 

El chico miró de uno en uno a sus amigos. Ninguno añadió nada más. 

-Pase lo que pase, y sienta lo que sienta por ella, haría lo mismo por vosotros.

Todos le sonrieron y él se dio la vuelta, preocupado. 



 Cuando llegó al parque, Violeta corrió a abrazarlo. 

-Muchas gracias por venir - le dijo con la cabeza apoyada en su pecho. 

Daniel la mantuvo entre sus brazos unos segundos más. 

-De nada. ¿Estás bien?

Ella negó con la cabeza. 

-Rubén está con otra - dijo sosteniéndole la mirada. 

Abrió la boca para decir algo sin saber realmente que contestar, decidió callarse en lugar de soltar una estupidez. Violeta suspiró mirando hacia otro lado. 

-Lo siento...

-Gracias. Yo también - dijo ella con la voz rota - No sé qué he podido hacer mal. 

-No es tu culpa, no digas eso. 

-¿De verdad? Para empezar lo único que quiero ahora es vengarme de él. Eso no puede ser bueno, y no quiero ser de esas. 

-Tú no eres así... 

Aunque le gustaría que lo fuese, que se vengase de Rubén con él. 

-¿De verdad lo crees? - le preguntó débilmente. El chico asintió - Gracias. 

-Es solo la verdad. ¿Y sabes qué? Se está perdiendo a la mejor chica que conozco. ¿Esa no es ya una buena venganza? 

Violeta río, sorprendida por el comentario. ¿Ella la mejor? ¿Y Ainoa y Estrella? Ellas sí eran dignas de admirar, siempre tan fuertes y amables. No era nada a su lado. 

-No te creo - dijo sonriendo. 

-Puedes preguntarle a quién quieras, yo no miento - le sonrió él. 

Violeta se tiró de las mangas de la sudadera, nerviosa. 

-¿Te apetece un batido? - le preguntó Daniel, notando la incomodidad que había entre los dos. Debería haberse callado. 

-Claro, vamos. Yo invito. 

-No, eres tú la que estás mal y soy yo el que te invitará a un batido. 

-Yo te he hecho venir aquí  solo para consolarme. 

-No me molesta en absoluto eso. 

Violeta miró hacia otro lado, y Daniel carraspeó. 

-De verdad, Daniel, solo... quiero hacerlo. 

-Está bien, pero que sea la última vez que una dama invita a un caballero. 

-¿Te consideras un caballero? ¡Qué egocéntrico! - bromeó ella. Ya parecía estar mucho mejor. 

-El egocentrismo forma parte de mi ser - replicó con ironía. Le pareció algo egocéntrico por su parte. 

Violeta río. Él no pudo evitar no hacerlo tampoco. El día empezaba a ir bien. Necesitaba pensar en algo que no fuese triste. Y aunque no podía evitar sentirse culpable por estar feliz ante el reciente engaño de Rubén, solo se sentía más cerca de la chica que nunca. 

Al entrar en la cafetería un calor extrañamente agradable les azotó la cara con suavidad. Se sentaron junto a una ventana. 

Pidieron un batido cada uno y siguieron hablando de lo que pensaban hacer en verano, de los exámenes que pronto tendrían, comentaron algo sobre Sam, y cuando Violeta recordó que debía llamar a su mejor amigo y salió fuera para tener más privacidad, Daniel fue a la barra y pagó en su lugar.

Salió a la calle también. 

-Sí... Gracias... Te prometo que iré cuando pueda volver a reunir el dinero para volver a ir... ¿De verdad lo harías? ¡Gracias! ... ¿QUÉ ME TIENES QUE CONTAR? ¡CUENTA, CUENTA! 

-Vaya, parece interesante - comentó Daniel acercándose. Violeta le sonrió. 

-Bueno, pues me lo cuentas en cuanto vengas, ¿de acuerdo? ...Vale, adiós, yo también te quiero. 

Colgó y se giró hacia él. 

-Espera un segundo que voy a apagar - le dijo. 

-No hace falta, ya lo he hecho yo. 

-¡Tonto! ¡Invitaba yo! - le dijo dándole un suave empujón. 

-Lo siento - dijo sonriendo. 

Estaban peligrosamente cerca. 

-Te debo un batido - dijo ella entre susurros. Pero Daniel lo escuchó perfectamente. 
Notaba como la sangre bombeaba en el corazón con fuerza, le pitaban los oídos.

-No me debes nada - le sonrió él.

Los separaban unos milímetros.

-¿Nada? - dijo ella molesta. De pronto triste. Dio un paso hacia atrás. El chico sintió sus ánimos venirse abajo.

-¿Pasa algo? 

-Daniel, lo siento... 

-¿El qué sientes? - la nueva conversación empezaba a molestarle.

-Si te he llamado - dijo ella tomando aire - era solo porque pretendía vengarme de Rubén. Pero no puedo hacerte esto, sé que te gusto, no quiero hacerte ningún daño. 

-¿A qué viene esto? - se enfadó Daniel.

-Por favor, no te enfades. Te lo digo justamente porque no quiero estar mal contigo.

-Esto no está bien. ¿Quién te ha dicho que me gustas?

-Nadie, lo he notado... - de pronto cayó en cuenta de algo - ¡Por favor no me digas que estoy equivocada! ¡Qué vergüenza! 

Daniel apretó los labios. ¿Y la vergüenza que estaba sintiendo él? 

-No sé qué decirte - dijo seriamente.

-¡Lo siento! ¡Soy una loca! ¡No hago más que imaginarme cosas! ¡Por favor olvida lo que te he dicho! ¿Sabes qué? Seguramente haya imaginado lo de Rubén, quizá no era él. Voy a llamarlo y ... - dijo ella mientras se alejaba. Solo quería salir de ahí. 

Daniel olvidó su enfado y lo transformó en miedo. No podía perder su oportunidad. La agarró del brazo. 

-Ni se te ocurra llamarlo. 

La miró a los ojos. 

-Yo... - empezó a decir - es verdad que me gustas... 

-¿De... de verdad? 

-Sí. Pero no podía decírtelo, solo habría conseguido alejarte, estabas con Rubén... y luego estaba Sam... - se tragó su enfado.

-¿Sam? - dijo ella confusa - ¿Es que también te gusta Sam? 

Daniel negó con la cabeza. 

-Le hice mucho daño, y no me lo puedo perdonar, fui cruel...

-Lo que hicieras hace años no va a cambiar la opinión que tengo de ti, Daniel. 

 Violeta dio un paso hacia él. 

-Lo que hice me define. 

-Yo no te considero alguien cruel. 

-Y me alegra muchísimo saberlo, de verdad - dijo el sonriendo. Le cojió una mano y ella se dejó hacer - Pero... esto no deja de ser malo. Tu aún quieres a Rubén... Y necesitas a alguien que de verdad pueda ayudarte, y yo no podría... yo no te merezco. 

-Estaría soñando si pudiese estar con alguien tan bueno como tú, de verdad - le aseguró ella. 

-Aún así, pienso que no estaría bien. Acabas de ser engañada y... 

Violeta sabía muy bien a qué se refería. Daniel no quería ser el típico "apoyo" para mejorar después de una ruptura, no quería ser utilizado. 

-No podría hacerte daño, Daniel - le dijo sonriendo. 

-Entonces... 

-Entonces, si me pides salir, saldré contigo encantada. 

Daniel sonrió y le apretó la mano. Ella se sonrojó. 

-¿Puedo besarte? - le preguntó él, pasando la mirada de sus labios a sus ojos. 

No obtuvo respuesta, ni un asentimiento, pero sí un beso. 






Feliz entrada de año, esperamos que os haya gustado y que sigamos juntos este año.



martes, 24 de diciembre de 2013

Nada

Este capítulo va dedicado a todos vosotros, nuestros lectores. Gracias por leernos y seguir ahí después de tanto tiempo. Esperamos que disfrutéis mucho con este capítulo, que os dedicamod con todo nuestro cariño.
¡Feliz Navidad, próspero Año Nuevo y hasta el año que viene!
Mª del Mar y Elena.







"Nada", la respuesta más mentirosa y común cuando te preguntan "¿qué te pasa?" 

 





Sam pensaba en lo que Dani le había contado apoyada en la pared del baño. Mientras, Dani estaba metido en su propio mundo. Recordaba la época en la que Sam y él salieron y cómo había empezado y terminado todo.



Conoció a Samanta cuando se chocó con ella corriendo por los pasillos del instituto. Él le tiró todos sus libros al suelo, y la ayudó rápidamente a recogerlos sin intercambiar palabra. Sus ojos se toparon por apenas unos momentos. Ella tenía unos ojos melosos anaranjados preciosos. Eliot llegó detrás de él y le pidió perdón de su parte a la chica, después le apremió a darse prisa para ir al examen.

Al día siguiente volvió a encontrarse con ella. Parecía casi que lo hubiera estado esperando; porque estaba casi en el mismo sitio en el que se chocaron al día anterior.

-Ey, qué, tú eres el chico que me tira los libros y ni siquiera se disculpa, ¿no? -dijo ella por llamar su atención.

-Eh... Perdón. -Contestó él rascándose la cabeza. Hizo un gesto de despedida con la cabeza y se fue.

A partir de ese día, Samanta y sus amigas siempre esperaban al principio de las clases en ese sitio, y ella lo miraba disimuladamente en cuanto podía. Un día, estaba estudiando con sus amigos en la biblioteca y dio la casualidad de que Sam estaba sentada en la mesa de al lado. Escuchó como se quejaba de que no le salieran los ejercicios de matemáticas y se acercó a ella. Le preguntó si quería ayuda y se lo explicó brevemente, lo cual seguramente dejó bastante sorprendidas a todas las chicas que había en aquella mesa, con lo borde y callado que normalmente se mostraba. Pero él no lo hizo adrede para ligar, sólo quería ayudar, y más con el enorme ridículo que había hecho cuando se tropezó con ella. Y lo de ser borde... eso era apenas una máscara, después de lo que le ocurrió en primero, había aprendido a auto-protegerse. A partir de entonces, Samanta había intentado hablar con él todo lo que podía, lo cual al chico a veces le parecía un poco molesto, empezando por su timidez. Él había notado que le gustaba, pero no quería salir con nadie, y menos después del daño que le hizo la chica de primero... Pero también pensó que a lo mejor salir con ella le ayudaba a sentirse mejor, por sentirse apreciado por alguien que no formara parte de su grupo.

Y así siguió todo hasta que un día se quedaron a solas y se produjo su primer beso. A las dos semanas, decidieron que la suya sería una relación formal.

Cuando se acostó con ella fue sobretodo por enfado contra sus padres. Fue un acto tonto de rebeldía, hacer lo que él más odiaba que hubiesen hecho ellos. Y se lo restregó en la cara a ambos. Sus padres no se vieron con fuerzas de regañarle, ¿cómo regañarle por aquello que ellos mismos habían cometido? Y aún más, ¿por aquello por lo que el niño había nacido? Pero sí le advirtieron que esperaban que la chica se encontrase bien y que no jugara con ella, y menos por incordiarles a ellos, dado que no era su culpa.

Dani empezó a sentirse muy muy mal. No quería salir con ella, no por ella, si no por él. Siempre había sabido que aún no estaba preparado para mantener una relación, y menos una seria, y ahora todo se le desmoronaba encima. Pero tampoco era capaz de decírselo o de dejarla. Terminó por pasar olímpicamente de ella ante su propia inseguridad, de lo cual aún se sentía muy arrepentido.

Ainoa y Sam siempre se habían llevado bastante mal. Ya se llevaban mal desde antes de que ellos dos salieran; pero Aino había conseguido aguantarla por su amigo. Hasta... que lo dejaron, claro. Dani no sabía de qué se conocían o de dónde procedía aquel odio; pero ambas parecían guerreras en plena batalla cada vez que se veían. Y... después llegó cuando Sam les echó la culpa a sus amigos de su ruptura y empezó a hablar mal de ellos. Ainoa y Dani fueron a los que peor les sentó. Conociéndolos lo suficiente o pensando un poco, cualquiera hubiera sabido que no era por lo mal que le caía a la una o el sentimiento de culpa del otro. No. Era por la autoestima de ambos, que estaba hecha añicos. Pero llevaban máscaras que sabían ocultarlo muy muy bien; tanto que a veces ni ellos mismos se daban cuenta de su malestar interno.



-Ey, Dani, ¿me estás escuchando?

-¿Eh? ¿Qué? Perdona. -contestó éste volviendo a la realidad.

-Te decía que si nos vamos yendo ya, que no es una situación muy cómoda estar en los cuartos de baño del instituto con tu ex.

-Ah, claro, claro. Sólo una cosa. Samanta, por favor, esta vez, guárdate lo que te he contado para ti. No por mí, sino por ella. No metas también a Violeta en todo este asunto.



***



-¿Qué te pasa, Eliot? -le preguntó después de intentar consolarlo- Sabes que puedes confiar en mí, sea lo que sea me lo puedes contar.

El chico intentaba con todas sus fuerzas parar de llorar, lo cual sólo conseguía que se pusiera peor. Como suele pasar cuando te abrazan y estás mal, el abrazo de Ainoa había despertado sin quererlo su llanto.

Lo alejó hacia un sitio un poco más apartado y se sentaron, mientras el muchacho se secaba las lágrimas.

-Venga, cuenta, ¿qué te pasa? ¿Puedo ayudarte en algo?

El chico negó con la cabeza mientras hablaba.

-No... No es nada. Es... Sólo es que...

-No, no es “nada” cuando estas llorando, El. Dímelo, quizás podamos ayudarte.

-Es que... Últimamente me siento como que estoy de sobra en el grupo, ¿sabes? Como que estoy de más.

Ainoa se quedó petrificada durante unos segundos. ¿Cómo había podido pensar justo el cabecilla del grupo eso?

-Pero... No te entiendo, Eliot. Si nosotros siempre estamos juntos para todo... Y tú siembre has estado ahí... ¿eh? Con nosotros. ¿Por qué ahora dices eso?

-Sí, siempre ha sido así; pero es que ahora yo noto las cosas como si... como si fueran un poco diferentes. En fin, todos sabemos que Estrella, Justin y tú habéis tenido siempre un trío bastante especial para contaros las cosas, es cierto. Pero normalmente también estábamos siempre juntos Dani y yo, al igual que vosotras y sobretodo Jus también nos contábais de vez en cuando vuestras cosas. Pero últimamente es como si... como si Dani estuviera siempre buscando estar al lado de Violeta ¿sabes? Y vale, eso lo entiendo, aunque nunca haya estado enamorado de nadie. Pero luego es como si vosotros tres también estuvierais más pegados y fuerais cada uno por vuestra parte, y yo siento que... como que sobro allí... que estoy en medio.

-Oh, Eliot, no digas eso... Si sabes que nosotros siempre vamos a estar ahí y que te queremos mucho...

-Euh... ya, ya lo sé. Pero es lo que siento. -le respondió un silencio pensativo por parte de su amiga- Normalmente todo esto seguramente se lo contaría a Agus, ¿sabes? Ya sabes, porque no está metido en el lío... Pero no quería contároslo a vosotros con tal de que no os sintierais mal; porque no es vuestra culpa. Son sólo paranoias mías. … Supongo... Supongo que yo también lo hecho de menos.

-Todos lo hacemos. Siempre ha formado parte del grupo aunque fuera en menor parte. Pero, en serio, Eliot, no te sientas así ¿vale? Que igual que no quieres hacernos daño tampoco puedes protegernos siempre, y tú también necesitas ayuda de vez en cuando ¿eh? Que no eres superman...

Consiguió hacerle sonreír.

-Ojalá... -bromeó él.

-Venga, y ahora vámonos con el grupo y ya verás como todo está bien.

Él asintió. Después de estar hablando sobre el tema con todos, Eliot se acercó un poco a parte a Ainoa.

-Oye, ¿a qué te referías con todo eso que me has dicho antes de que te lo contara? -le preguntó en un susurro.

-¿El qué?

-En fin... Ya sabes... Lo del amor y todo eso.

-Ah... Ya te lo he dicho, te quiero como a un hermano y estaba muy preocupada por ti. Esto... es que no sabía como empezar a hablar.

-Am.

***





Violeta llegó a donde estaba su clase y vio a Samanta de lejos, que hablaba con unas amigas. Cogió aire. Se acercó a ella.

-Em... Sam... ¿Puedo hablar un momento contigo?

Ella le dirigió una mirada dolida e hizo como si se lo pensara. Ardía en deseos de que la chica se disculpara ante ella, ya que a Violeta se le notaba en la cara que estaba arrepentida.

-Sí... Supongo.

-Gracias... Esto... Es que, quería decirte, que lo siento mucho por lo del otro día. No debí decírselo; pero no sabía qué hacer al no saber quiénes eran ellos de verdad... Y ahora ya no sé nada, tengo un cacao mental y no sé quiénes sois ninguno de vosotros; al fin y al cabo apenas os conozco... Pero sólo quería pedirte perdón, estuvo mal lo que hice... no espero que me perdones; pero, en fin, tenía que intentarlo.

Sam abrió la boca para responder cuando alguien tiró del brazo d Violeta hacia atrás- la chica se giró instintivamente. Era Ainoa.

-¡¿Pero qué haces?! ¿Por qué le pides perdón a la serpiente ésta? Hiciste lo que debías, decirnos lo que contaba a nuestras espaldas...

-¡¿Por qué coño no te metes dónde te llaman, Ainoa?! -soltó Samanta.

-¡Mira quién fue hablar, la santa que nunca se mete en todos los fregados, oiga!

-Joder, ya empezamos.

Las tres se volvieron al que había hablado detrás de ellas, Justin. Violeta agradeció que viniera alguien a darle algo de cordura a todo este asunto.

Justin tenía el móvil pegado a la oreja, algo prohibido en su instituto. Su interlocutor le preguntó qué pasaba.

-Ainoa, que ya está otra vez peleando con Sam. -respondió él. Se giró hacia la primera chica- Vamos a ver, Ainoa, si Violeta quiere pedir disculpas a Sam, por muy equivocada que tú creas que esté, ¡déjala! No es de tu incumbencia lo que hagan con su vida; así que deja ya de intentar buscarnos problemas ¿vale?

-Pero... Jus...

-Ni Jus ni nada, que les dejes, ostia. Ya setoy harto de todos estos problemas, joder, que agustico estaríamos viviendo en cavernas cada uno por su lado.

-Venga, Jus, no digas eso.

Él bufó.

-¿Qué pasa? -pudieron escuchar al otro lado de su teléfono.

-Nada, que empiezo a hartarme de tanta mierda.

-Uf... ¿Dónde estás?

-En el instituto.

-No deberías hablar conmigo, te van a quitar el móvil.

-Me da igual. Me da igual todo.

-¿Yo te doy igual?

-No me seas imbécil.

-Venga, Jus, que no pasa nada, ¿eh? ¿Quieres que vaya pa'lla esta tarde?

-No, no quiero que vengas, Gus. Sólo quiero no tener que ver a nadie.

-Venga, no digas eso...

Mientras habían estado hablando, Justin se había encaminado con pasos enfadados hacia el pasillo. Ainoa lo había seguido con la mirada, entristecida por sus palabras. En ese momento la profesora de latín de Justin se cruzó con él y le dijo que colgara, lo cual hizo.

-¡Justin, espera! -le pidió Ainoa.

Al mismo tiempo, Peter le había vuelto la cara mientras pasaba por su lado para llegar a su clase. Justin se fue corriendo.

En ese momento, Eliot, que había visto a las chicas y había andado hacia ellas alegre, se percató de la situación y corrió detrás del muchacho.

-¡Justin, espera!

-¡No quiero, déjame en paz!

-¡Ainoa, ya voy yo! -le gritó a la chica girándose a ella. Aino asintió.

La persecución llegó hasta el cuarto de baño de los chicos, donde Justin se encerró en uno de los pocos vaters con puerta y la atrancó, sentándose en la tapa de la taza. Eliot entró detrás de él, quedándose al otro lado de la puerta.

-Justin, quiero hablar contigo.

-Pues yo no.

-¿Qué te pasa?

-Nada.

-Dímelo.

-No quiero, joder. déjame en paz, Eliot.

-Um... Como quieras.

Eliot miró a su al rededor. No había nadie. Cerró la puerta que daba a la zona central del baño, se encaramó a la pared y pasó por encima de la puerta de Justin, quedando entre el muchacho y la puerta, que mantuvo sujeta.

-Ya que no quieres decírmelo por las buenas, será por las malas. De aquí no sales hasta que no me lo digas.

Justin se mordió el labio y agachó la cabeza.

-Ey, venga. -le dijo El dándole un empujoncito en la cabeza- A mí me incomoda tanto o más que a ti estar aquí encerrado contigo.

Justin dejó escapar una pequeña sonrisa y lo miró a la cara.

-Ey, que porque sea gay no te voy a comer ¿eh?

-Bueno, pero creo que ambos sabemos lo que yo pensaría si estaría aquí encerrado con una chica buena ahora mismo... ¿Y por qué no ibas a pensar tú igual?

Justin aguantó una risa.

-Qué guarro eres...

Él sonrió, había conseguido que se riera.

-Y ahora venga, dímelo.

Él respiró con fuerza, lo miró a los ojos, tragó saliva y pensó por dónde empezar. Había tantas cosas que contar...

-¿Y qué quieres que te cuente?

Eliot frunció el ceño.

-Pues lo que te pase, supongo.

-¿Qué parte de lo que me pase?

-Venga, Jus...

Justin volvió a mirar al suelo y se sorbió los mocos mientras se le humedecían los ojos, sería una charla larga.

-Pues... no sabría cómo decírtelo, un poco de todo.

-¿Un poco de qué?

-Empecemos por los problemas. Últimamente todo el mundo tiene problemas. Y ya sabes que yo no puedo con eso.

-Pero los problemas son suyos...

-Ya, pero yo me preocupo y me meto en su pellejo tanto que terminan siendo míos.

-Eres una magnífica persona, Jus; pero deberías dejar de serlo un poco. No puedes amargarte la vida por los problemas de los demás, ¿me entiendes? No puedes dejar que nadie te amargue la vida. Ni siquiera Ags, ni siquiera yo. Porque es tu vida, y sólo tienes una.

-Te he dicho un millón de veces que no le llames Ags...

-Ya, bueno, ¿y qué? ¿Eso es lo que más te importa de esta conversación?

-No; pero...

-¿Pero qué?

-Nada...

-¿Cuáles son los problemas que te preocupan ahora, Jus?

Justin se quedó un momento en blanco, no quería contarle lo de Peter, se enfadaría con él. Se enfadaría mucho con él si descubría si parte de la culpa de que estuviera así era por ese “perro”, como lo llamaba él.

-Pues... Empecemos por Sam y Ainoa. Me pone de los nervios que estén siempre así, peleándose, y por tonterías. Sam también me ha dicho muchas cosas a mí, y nunca me he peleado con ella.

-Eso es cosa suya, como tú mismo le dijiste a Ainoa. Ellas se pelean y seguirán peleándose por los siglos de los siglos amén; no me preguntes por qué. Y de todas formas, tienes que admitir que si tú aún no te has peleado con Sam es porque no has tenido cojones.

-Es posible...

-¿Te dolió que le dijera a Violeta que eres homo sin ella ni siquiera saberlo?

-Mucho.

Eliot hizo una mueca.

-Tienes que empezar a aceptarte a ti mismo.

-¿Cómo? ¿Si todos lo usan para meterse conmigo?

-Mira a Agus, él está perfectamente y lo sabe todo el santo instituto.

-Con Agus no se metieron nunca, o no mucho. Por si no te has dado cuenta, Agus causa miedo y respeto cuando se lo propone, no como yo.

-Bueno; pero...

-Pero nada, Eliot. Que no me gusta que vayan habalando así sobre mí por ahí.

-Y no me extraña... En fin, tú no hagas caso a Sam, ¿vale? Y si lo prefieres así, pasa del tema con Violeta si ella no lo saca.

-De acuerdo...

-¿Qué más?

-Pues bueno... Tú tampoco estás del todo bien.

-Ya, bueno... -agachó unos segundos la cabeza- Es que, ¿sabes? Este año el grupo está muyy cambiado.

-Ya, lo sé. Yo también lo estoy notando; pero ya volverá,

Él asintió.

-Lo sé. Ojalá que llegue pronto. ¿Qué más?

Justin cogió aire y se decició a contárselo.

-Ya se que no te cae bien; pero es sobre Peter. El chico no está muy bien últimamente... De hecho, su primo está en el hospital por su culpa... Intenté acercarme a él para ayudarle, y en principio funcionó, hasta me dijo que le llamara Pedro y me confesó lo mal que se sentía.

-Pero...

-Pero después, de un golpe, todo cambió. Ahora me mira mal o me aparta la mirada por los pasillos, ¡y ni siquiera me habla! No sé lo que le ha pasado, me dijo que quería cambiar...

Eliot miró al suelo apretando la mandíbula. Justin se esperó una buena reprimenda, hasta el último de sus amigos detestaba a Peter por lo que le había hecho, e incluso por su forma de ser de ir mirando por encima del hombro a la gente... Eliot lo miró a los ojos, casi veía la llama de ira que el muchacho estaba intentando apagar.

-A ver, Justin. -dijo como a baladas- Sí, es verdad que no soporto a ese tipejo, y mis buenas razones tengo; pero no voy a matarte por ello. Aún así... no te entiendo. Después de que él no ha hecho ni una cosa buena por ti, ni por nadie, no sé por qué te preocupas tanto. Olvídate de él ¿vale? Olvídate de él. Hay mucha gente que puede hacerse cargo de ello, no tienes por qué ser siempre tú. De hecho, en esta situación tú eres el menos indicado: ni siquiera lo conoces. -suspiró- Por favor, Jusin, sé que no puedo pedirte que cambias; pero intenta reprimirte un poco, ¿quieres? No puedes mejorar la vida de todo el mundo, simplemente, no puedes. Y menos si ellos no te dan permiso a hacerlo.

Hubo un minuto de silencio tenso, Justin pensaba si responderle o si no.

-Pero... Pero sí que ha ayudado alguna vez a alguien. -Eliot lo miró casi con cara asesina- Nos ayudo en el parque... Cuando los chicos d su instituto se habían metido con Violeta.

Eliot parpadeó.

-Ahí... Ahí... Tienes razón... La verdad es que no entiendo por qué lo hizo, sigo dándole vueltas a ello; pero no lo entiendo. En fin...

Tras otro rato de silencio, Eliot recordó que no estaba allí para regañar al chico; si no para todo lo contrario.

-Bueno; pero, ey, Jus, ¿por todo lo demás estás perfectamente, no? Además de que esos ni siquiera son problemas tuyos.

-Bueno...

Eliot se temió lo peor.

-¿Bueno?

-Hay algo más.

-¿Y el qué, si puede saberse?

Justin cogió aire.

-Sé que parezco un pesado, pero hecho de menos a Agus, mucho de menos. Y aunque hable todos los días con él no es lo mismo; es como si se hubiera forjado una nueva vida allí sin mí; mientras que la mía sigue rotando en esperar que vuelva y en esos cinco minutos que paso dialogando con él cada día, a cada vez que puedo. Y... también sigo sintiendo que estoy marginado. Ya sé que eso me ha pasado siempre y nunca me ha importado; pero ya empiezo a hartarme, ¿sabes? A veces me gustaría ser como tú o como Dani, o como Gus. Pero parece que estoy destinado a ser siempre el chico de la clase que sólo está ahí si es el último al que queda por pedirle los apuntes, aunque haya que pasar primero por todos los chungos de la clase. O el que sólo está ahí porque va con un amigo.

Eliot se quedó sin saber qué decir. Tenía razón, en el fondo, tenía razón. Fuera del grupo él... no era nada para nadie. En la clase nunca había sido uno más, y en los partidos de baloncesto iba sólo por ir con ellos o con Agus, incluso Ainoa y Estrella estaban más incluidas en ellos, hasta cuando no jugaban. También era verdad que el propio Justin se había acostumbrado a estar así y hasta ayudaba a su situación porque era así como estaba más cómodo, como había estado siempre; pero no le extrañaba que quisiera experimentar como era ser como uno más.

-No digas eso, Justin. -declaró al fin- Si no te buscan ellos mismos se lo pierden; así hay más Justin para nosotros, que vales mucho aunque ellos aún no lo vean. Y... piénsalo... la verdad es que aquí la mayoría no valen mucho porque son sólo borregos que dejan de ser ellos mismos entre estas cuatro paredes para ser alguien, pero tú no; así que tampoco te pierdes mucho. Si te digo la verdad, creo que Agus eligió bien cuando te escogió a ti. No podría haberlo hecho mejor.

Justin sonrió y se sonrojó un poco, sin ser capaz de levantar la cabeza.

-Gracias...

-No hay de qué, -respondió El con una sonrisa- sólo digo la verdad. Y ahora levanta ese ánimo y no estés tan de capa caída, ¿eh? -le apremió dándole una palmadita en el hombro- Que seguro que a Ags no le gustaría verte así.

Salieron y se encontraron a otro chico que estaba haciendo sus necesidades en uno de los orinales de pie. Él volvió la cabeza para ver quién era, Eliot se quedo un poco pillado.

-Hola, Eliot. ¿Qué hacíais ahí?

-Anda, hola, Gabriel. Nada, sólo le hacía una encerrona para saber por qué demonios estaba tan raro últimamente.

-Ah. Guay, supongo. -respondió él con una mueca mientras volvía a lo suyo.

Justin bufó, conocía al muchacho desde primero; pero para él era como si sólo Eliot estuviera ahí.

-A mí no hace falta que me saludes, ¿eh? -le reprochó borde.

-Perdona, Justin. Hola. -respondió él sorprendido.

Justin se fue y Eliot lo siguió después de despedirse.



***



Justin estaba sumido en un dibujo en la mesa del salón. Se había despedido de Agus hacía no sabía cuanto rato, las horas dibujando se le pasaban volando. Le hacían sentir mejor; realmente, se le daba bien. Alguien llamó al timbre de la casa, Jus dejó que fuera a abrir otro, sin perder concentración ni un segundo.

Poco después, su hermano lo llamó unos pasos detrás de él, el muchacho ni lo escuchó. Notó una mano en su hombro, que lo sacó de su mundo de repente. Se giró a su propietario.

-¿Qué pasa, Antón?

-Mira, ha venido a verte. -le respondió él señalando hacia atrás. Justin se giró.

Estrella le sonrió mientras saludaba con la mano con esa sonrisa risueña tan característica suya que a Justin le subía el ánimo, como a muchos otros.

-Estaba sola en casa y he pensado en venir a verte, espero que no te importe.

-¡Claro que no! Estás en tu casa.

Ella sonrió y se acercó a él.

-¿Qué haces?

-Nada, sólo dibujaba un poco.

-Um... Pues está muy bien.

-Gracias.

Se sentaron en el sofá y estuvieron hablando un rato los tres, a Antonio le encantaba pasar tiempo con los amigos de su hermano, y a Justin no le importaba, le gustaba mucho estar con él.

-Estrella. -llamó su atención Antonio.

-¿Sí?

-¿Tú tienes novio? ¿Te gusta alguien?

Ella se sonrojó un poco mientras una imagen llegaba a su recuerdo; aunque por suerte el chico no lo notó.

-No... Nadie, ¿por qué?

-No, nada, por saberlo.

-¿Y a ti, Jus? Pasas mucho tiempo hablando con el teléfono...

Él le sonrió.

-Es que tengo muchos amigos.

-Am...

En ese momento llegó su madre.

-Anda, Antonio, déjalos un rato a solas, que no creo que Estrella haya venido a hacer de niñera.

El pequeño se fue con su madre, ellos escucharon que hablaban y agudizaron el oído.

-Mamá, ¿tú crees que Estrella y Justin están saliendo?

-No creo... Y si no seguramente ya nos lo hubieran dicho, ¿no crees? Anda, deja tranquilo a tu hermano. De todas formas, ¿por qué dices eso?

-No sé... Pero la verdad es que no me importaría que se convirtiera en mi cuñada, me cae muy bien Estrella.

Justin y ella intercambiaron una mirada. Su hermano estaba en edad de inventar de todo. Estrella reafirmó sus sospechas: no, aún no se lo había dicho.



***



Jorge vio a Samuel por el rabillo del ojo. Mierda... pensó. ¿Qué haría él allí? Intentó ocultarse sin que Andrés lo notara; pero Samuel lo descubrió y se acercó a él.

-Vaya, ¿qué, maricón, poniendo los cuernos a tu novio? Creo que se lo diré mañana... Y no sé por qué me parece que no le gustará nada...

Andrés levantó los puños cuando vio que detrás de Samuel aparecía el resto de la jauría. Los bajó de inmediato. Habría que buscar aluna otra forma de acabar con la disputa.



***



Violeta había vuelto a su ciudad para ver a Jorge, había sido un largo viaje, aprovecharía todo el fin de semana.

Vio a Rubén al pasar por una bocacalle. Sonrió y pensó en saludarle, por mucho que se hubiesen dado un tiempo, no pasaría nada por verle un rato. Se acercó un poco a él, que aún no había percatado en ella. Estaba con una mujer, en la puerta de un bar. Rubén la abrazó y Violeta pudo ver una enorme sonrisa en su cara y un cariño gigante desprendiéndose de sus ojos. 

-Te quiero, -escuchó que le decía al oído- y te he echado muchísimo de menos. 

El corazón de Violeta paró de latir. Se dio la vuelta y corrió a alejarse de allí antes de que la viera. En cuanto estuvo fuera de su vista, se dejó caer sobre una pared. Las lágrimas recorrían sus mejillas mientras se mordía el labio inferior. Ahora entendía perfectamente por qué le había pedido un tiempo. 

Decidió que no quería ver a nadie, y menos aún pasar todo el fin de semana con Jorge; así que pensó en que escusa poner. 

Mandó un Whatsapp a su madre "Mamá, al final no me puedo quedar en casa de Jorge -miró la hira para asegurarse de cuanto tiempo había pasado-, estamos viendo una película pero después tiene que irse con sus padres de visita" "Vale, pero vuelve en cuanto terminéis la película" 

Abrió el chat de Jorge y le mandó también un mensaje "Lo siento muchisísimo, Jorge; pero al final no puedo ir. Nos vemos otro día, ¿vale? 

Se dirigió de vuelta a la estación y esperó al tren. Éste tardó en llegar media hora, que la chica pasó mirando sus zapatos. En el tren se puso los cascos a todo volumen intentando pensar en otra cosa, con tal de no llorar, y después retrasó lo máximo que pudo su regreso a casa.  

-Qué rápido has llegado. -dijo su madre a modo de saludo desde la cocina cuando abrió la puerta. 

-El tren ha llegado rápido. -respondió ella- Me voy a la cama, buenas noches a todos. 

-Pero cómo, ¿no vas a cenar? 

-Es que Jorge y yo nos hemos hinchado de palomitas... Y no tengo hambre... 

-Bueno, vale, hasta mañana. 



Subió corriendo a su cuarto, cerró la puerta, se quitó los zapatos y se tiró a la cama sin cambiarse. Empezó a llorar desolada. Todo su mundo se le caía encima mientras una sola persona se pasaba por su mente: Rubén. Rubén sonriendo, Rubén besándole, Rubén con la mujer... 

No durmió mucho esa noche, y cuando lo hizo, hasta en sus sueños lloraba. 



***



Rubén volvió a su casa de pasar una fantástica velada con aquella mujer con la que había pasado tantas noches, cuando su madre los arropaba después de contarles un cuento y darles las buenas noches. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que la vio... y la había echado tanto de menos... Fue una lástima que sus tíos y ella tuvieran que mudarse de país cuando empezó la universidad.



***



Violeta llevaba ya un rato despierta con la mirada perdida.

Había tomado una decisión: lo suyo ya había acabado para siempre. A partir de ahora era una simple chica de dieciséis años soltera, y Rubén ni siquiera se pasaría por si vida. Era el momento de dejar a otro su lugar y dejar que él se pudriera en los confines del infierno.





¡Hola de nuevo! Sólo recordaros que hay nuevos personajes y descripciones en Vidas unidas ♪♥