domingo, 20 de abril de 2014

Hazy



Cause without you things go hazy 

                                     - Rosi Golan

Carraspea y baja la mirada, claramente nervioso.
Violeta no consigue articular palabra correctamente. 

 - Da... Dani...

Una chica sentada relativamente lejos pero que aún así está atenta a la conversación no puede evitar una sonrisa melancólica, Pobre chico, piensa contrariada.

 - Esto es tan... no me lo esperaba, perdona - intenta arreglar su reacción Violeta.

 - ¿Te ha molestado?

 - ¡No! ¡Claro que no! ¿Cómo iba a molestarme algo así? - deja que una sonrisa nerviosa aparezca en su cara, aunque es más bien una mueca. ¿Cómo se supone que tiene que reaccionar a eso? Nunca nadie le había dicho algo así , a parte por supuesto de Rubén.

 - ¿No tienes nada que decir al respecto? - la saca Dani de sus pensamientos, impaciente. Al momento se arrepiente, presionarla no volverá la situación menos incómoda.

 - Bueno... yo... - Violeta deja con suavidad las manos sobre su regazo - no sé cómo tomármelo. Sé que no es nada malo, pero ha sido tan... repentino... No llevamos apenas unas semanas y ya...

 Dani enrojece. Quiere irse, salir corriendo, escapar y esconderse, pero se mantiene correcto, y dentro de lo que cabe aguanta el arrepentimiento con toda su fuerza de voluntad.
Debería sentirse liberado y aliviado, pero en cambio, la tensión aumenta por momentos.

 - Perdona... no pretendía que fuera tan incómodo - se disculpa con una voz dulce y un tono controlado, esperando esconder sus sentimientos una vez más.

 - No... no te disculpes - se apresura a decir ella, se masajea las muñecas intentando liberar algo de tensión - Lo que me ha sorprendido ha sido la rapidez, eso es todo, normalmente suele pasar más tiempo antes de ... todo esto - dice señalando la mesa con un gesto con ambas manos.

 - No volveré a repetirlo, perdona.

Violeta lo mira apenada, aunque no se atreve a fijar la mirada en sus ojos, tiene miedo de encontrar un corazón roto.

 - Es solo porque... si el "te quiero" se dice demasiado pronto normalmente no es cierto, y eso me ha asustado  - intenta justificarse.

 Dani asiente y vuelve a pedir disculpas, en lugar de asegurarle de que es cierto. Prefiere no hacer más el ridículo por hoy.

- Disfrutemos de la comida - dice intentando parecer adulto y maduro. 

Después de la cita, Daniel la acompaña a casa y como despedida se besan y se abrazan. Ambos intentan aparentar que lo han olvidado, pero ninguno lo ha hecho realmente.

***

 - ¿Has llegado bien? 

 - Sí, gracias cariño - contesta Agus mientras deshace la maleta vaciándola sobre la cama.

 - Me alegro. ¿No ha habido ningún problema?

 - No... ¡Deja de preocuparte, estoy bien! - ríe el joven.

 - Perdona, perdona - se disculpa igualmente divertido Justin - Buenas noches, cariño.

 - Buenas noches - le contesta en un tono meloso a su novio.

Una voz de mujer detrás de él lo saca de su ensimismamiento:

 - ¿Con quién hablabas? - le pregunta su madre curiosa.

Agustín se da la vuelta rápidamente, no la ha oído llegar.

 - Con nadie - dice él quitándole importancia.

 - Sonabas muy cariñoso... ¿es tu novio? - sonríe la mujer.

Agus se muerde el interior de la mejilla.

 - ¿Lo era? - pregunta de nuevo, exaltada.

 - No, no lo era - dice muy serio él.

 Se siente decepcionada con que su hijo no le quiera decir la verdad, pero no puede obligarlo, así que se acerca a él, recoge la ropa sucia de Agustín que hay sobre la cama y desaparece con un cesto lleno a rebosar en dirección a la lavadora.
Dentro de unas horas volverá a casa con su marido y su visita a sus hijos habrá acabado en una lavadora de ropa sucia. 

 - Por poco - murmura para sí mismo el chico, y borra el historial de llamadas.

A pesar de todo, sabe que esto no puede seguir igual, al final todos tendrán que saberlo, por muy raro que les parezca que su novio sea su mejor amigo. 

***

Después de la llamada no ha hecho nada, simplemente se ha quedado tendido sobre la cama, esperando quizá a que Agus volviera mágicamente. 
 Finalmente, se decide por escuchar algo de música para dormirse. 
Enciende el teléfono y abre la aplicación de Europa Fm que tiene descargada. 
Coloca lentamente y con aburrimiento los auriculares en sus orejas y se deja transportar por una canción que no conoce  pero que consigue hacerlo sentirse identificado. 

I watched you sleeping quietly in my bed
You don't know this now but there's some things that need to be said
And it's all that I can hear, It's more than I can bare


***

Se deja caer con fuerza sobre la silla de su escritorio y enciende el ordenador, necesita escuchar música ahora mismo. 
Enciende la radio del portátil y se coloca los gigantescos cascos sobre la cabeza. 

What if I fall and hurt myself?
Would you know how to fix me
What if I went and lost myself?
Would you know where to find me
If I forgot who I am,
Would you please remind me oh?
Cause without you things go hazy


Se siente traicionado y decepcionado, pero no puede echarle las culpas a Violeta. 
La fiesta de despedida de Agus fue bastante menos incómoda para él ya que ella no estaba, pero pensar eso lo hace sentirse culpable. 
Hubiera sido perfecta para olvidar lo ocurrido si no le hubieran preguntado por la cita... 
Pero tampoco puede culpar a nadie. 

Suspira con fuerza y cierra los ojos. 
Termina de escuchar la canción y apaga el ordenador antes de poder empezar a escuchar la siguiente. 




lunes, 14 de abril de 2014

Sorpresas

 

Hay mil maneras de decir un “te quiero”.

 


Justin pasó esa tarde estudiando con Peter a través del móvil: cada vez que el chico no entendí algo (cada pocos minutos) le mandaba un Whatsapp con una foto del ejercicio para que él se lo explicara. Le costaba concentrarse, porque sólo quería estar con Agus; pero él le había dicho que quería pasar ese día con su familia y, aún así, el necesitaba estudiar.

***

Daniel le apartó la silla de la mesa para que ella se sentara como todo un caballero, bordeó la mesa y se sentó en frente de ella, como todo un caballero. Daniel llevaba una camisa blanca y unos pantalones vaqueros que le quedaban realmente bien.
Pasaron un buen rato entre risas y bromas. Ambos sentían que no podían parar de sonreír. Violeta estaba realmente feliz, por fin su sonrisa resurgía después de tanto tiempo... Lo que ella no sabía es que este hecho hacía más feliz todavía a Daniel de lo que le pudiera hacer a ella. Le faltaba poco para pegar saltos de alegría por hacer sonreír a esa chica, su chica.
-Oye, Violeta... -le dijo, sin apagar su sonrisa, cogiéndole las manos con dulzura.
-Dime, Dani.
-Sé que últimamente estás mal porque es muy duro soportar una ruptura y todo eso, y más de la manera que ha sido la tuya... Pero quiero que sepas que yo siempre estaré ahí. Sea como sea y aunque lo nuestro no funcione, te prometo que intentaré estar a tu lado para siempre. Y quiero que sepas que puedes confiar en mí.
-Yo... Gracias, Daniel.
-De nada... -contestó él hundiéndose en sus ojos con una sonrisa- Y también quiero que sepas que cualquier chico se moriría por estar un instante aquí, con una chica como tú; y que es un gran honor para mí poder compartir mesa contigo.
-Oh... Dani... No te pases...
-Sólo digo la verdad. -contestó él con una sonrisa infantil.
Ella sonrió y, sonrojándose, bajó la mirada hacia la mesa. Daniel pasó unos segundos en silencio observándola, jugueteando con sus manos.
-Violeta... yo... -la chica le miró, y él consiguió al cabo de los segundos deshacer el nudo en su garganta- Te quiero.

***

Salía del instituto, después de haber tenido un día bastante malo. Se le habían olvidado los deberes de Latín, y a la profesora no le había servido bastante ponerle una amonestación y un negativo; si no que además lo había sacado al pasillo con el libro encima de la cabeza convirtiéndose así en el hazmerreír de todo el instituto. Por suerte o por desgracia, a Peter también lo había sacado, y habían estado allí fuera los dos. Peter pasó la mayoría de la hora preguntándole por problemas del examen, de lo cual Justin no tenía ganas de pensar, y el cuarto de hora restante atosigándolo con preguntas para averiguar quién era “A” o sacando temas sin interés. Eso cuando no pasaba algún alumno cerca, momento en el que o bien se metía con él, o hablaba con el alumno o le volvía la cara. Después le había pedido perdón por esto atribuyéndolo a que ambos habían decidido que no querían que nadie supiera que se hablaban, Justin había aceptado que Peter tenía razón; pero eso no quitaba el hecho de que hubiera pasado una pésima hora. Para colmo, la profesora de latín los había castigado a los dos y a David Gutierrez a quedarse en el recreo, a él por no saberse aún las declinaciones y a ellos porque seguro que no habían estado toda la hora con el libro sobre la cabeza como ella les había ordenado. Peter pasó el tiempo hablando con David, y Justin se dedicó a dibujar.
Justin seriamente pensaba que aquella profesora era excéntrica, estaba amargada, y cuando tenía un mal día pagaba las penas con ellos. ¡A él nunca le castigaban! Pero aquella le tenía manía, seguro.
Después, en Educación Física, lo habían elegido de los últimos y, para colmo, cuando habían perdido le habían echado aél la culpa. A última hora el profesor había faltado y estuvo intentando estudiar con Marga; la cual en seguida había notado que le pasaba algo había intentado sonsacárselo y después, rendida, se había ido dejándolo solo cuando él se lo había pedido.
Ahora tendría que bajar las escaleras restantes del instituto y llegar a casa. No tenía ninguna gana de hacer todo el camino nuevamente solo; pero Agustin no parecía estar allí.
Notó una mano meterse en la suya. Levantó la mirada y Estrella le sonrió.
-Ey, ¿qué tal, Justin?
-No he tenido un gran día... Pero podría estar peor.
-Oh, lo siento, ¿quieres contármelo?
-Claro.
-Por cierto, ¿puedes acompañarme a la biblioteca? Tengo que devolver un libro.
-Claro, si tú después me acompañas a mi casa.
-¡Trato hecho!
De ida a la biblioteca, Estrella se acordó de que tenía que pasarse por alguna parte y se desviaron del camino. Entraron por un callejón que hacía de atajo. De repente Justin lo vio todo oscuro, notó una mano sobre sus ojos y otra amordazándole la boca. Trató escapar; pero no sirvió de nada. El hombre era mucho más grande y fuerte que él. Temió por Estrella.
Le llevaron por alto y, cuando por fin sintió los pies en el suelo, alguien lo empujó al tiempo que le descubrían los ojos. Trastabilló para no caerse y enfocó la vista.
-¡Sorpresa! -gritaron todos a su alrededor.
Justin se quedó suspendido por la sorpresa. Vio a Agustín con una gran sonrisa en frente de él. Se volvió y vio a Robin, él era el que lo había “secuestrado”.
-Vaya... ¿Y esto? -preguntó a Agustín, que se acercó a él y le cogió de las manos.
-Te dije que ya me encargaría yo de hacer una fiesta de despedida. -Jusin sonrió- Además, no sé si podré estar aquí el mes que viene para tú cumpleaños y... En fin, de todas formas, el que tú estés aquí ya es un gran motivo para celebrarlo, no necesito razones para darte sorpresas.
-¿Será el que tú estés aquí, no?
-Me refería a aquí, a mi lado. -se tocó el pecho. Justin sonrió.
Estaban en un sótano mediano, Justin reconoció que era el de Teo, el otro mejor amigo de Agus. Miró a su al rededor, estaban Robin, Estrella, Ainoa, Eliot, Dani, Agus y el propio Teo. Pronto se dio cuenta de que también estaban los demás amigos de Agus; pero este lo había planeado todo para poder saludarle como era debido sin que se sintiera incómodo por la presencia de los otros; que todavía no sabían su pequeño secreto.
Agus lo cogío de la cintura, dio una vuelta sobre sí mismo con él y le besó. Se escuchaba una música de Melendi de fondo, típico de Agustín. Entraron todos juntos a la fiesta, ya que se habían quedado en la entrada. Había música y algunas bebidas, toda la gente eran conocidos y buenos amigos suyos.
A pesar de tener allí a todos sus amigos y de no intercambiar ni un sólo beso o caricia, Agustín no se separó de él en toda la tarde. Se iban juntando con unos amigos u otros, riendo y contándose anécdotas.
-¿Sabes? -le informó Justin en un momento en que quedaron solos al ir a por bebidas- Mi tía me ha regalado una semana en Suiza con ellos. Hay un campamento de dibujo durante Semana Santa, y debe estar genial.
-¡Vaya! Me alegro mucho por ti, cariño. Seguro que te lo pasarás genial ¡¡ya podrías pedir a tu tía de invitarme!! -soltó una pequeña risa- Una lástima que no haya más dinero y que yo en Semana Santa tendré que estar estudiando para los exámenes... Ahora, eso sí; espero que desde allí también hablemos todos los días, ¿eh?
-Claro que sí, cielo.
Agustín notó que algo le vibraba en el bolsillo derecho. Sacó el móvil. Era Violeta.
Le había mandado un mensaje antes de que empezara la fiesta avisándole para que pudiera venir a esta. Le había pasado su número Estrella.
-Lo siento mucho, Agus... Pero mi padre dice que ya está bien de tanto salir, y más entre semana con las clases...
-Oh... Qué lástima. Se echará de menos tu presencia aquí, preciosa. La próxima vez será.
-¿Vendrás de nuevo?
-¡Claro!
-Bien, pues ya nos veremos. Siento mucho no haber podido ir a despedirme.
-No pasa nada, entiendo a tu padre. ¡Hasta la próxima!

***

Ainoa observaba a las chicas acercarse a Dani y a Eliot y hablar con El. ¿Por qué todas tenían esa facilidad para llamar su atención cuando que era ella la que más lo conocía? Tenían suerte de que las conociera a todas; porque si no sí podría empezar a plantearse cosas raras.
Caminó para acercarse a ellos cuando se dio cuenta de que Estrella no la seguía. Se giró confusa, Estrella estaba mirando algo, de espaldas a ella.
-¿Vamos?
-Oh, sí, sí. Perdona.
-¿Qué mirabas?
-Nada, nada. -contestó su amigas intentando no sonrojarse.
Al otro lado del sótano, donde Estrella había estado mirando, Robin, con una camisa de manga corta bastante ajustada, hablaba con uno de los amigos de Agustín.

***

Antes de que se hiciera demasiado tarde, Teo comenzó a despedir a la gente, quedando al final solo ellos y los del grupo. Justin estaba hablando en esos momentos con Estrella y Ainoa, Agustín se había alejado para despedirse de la gente.
Ya había salido toda la gente excepto ellos. Comenzaron a escuchar una música más lenta, y de pronto vio a Agustín al lado de él ofreciéndole una mano para que lo acompañara a bailar. Él sonrió y lo acompañó al centro del sótano. Entonces comenzó a sonar la canción “Nada valgo sintu amor”, de Juanes. Agustín empezó a cantársela a la vez que el cantante, con su melodiosa voz sonaba hasta aún mejor. Mientras cantaba, bailaba con él con las manos sobre su cintura. Agustín le dedicaba cada una de las palabras de la canción a Justin desde lo más profundo de su corazón, él lo sabía, y esto hacía que empezaran a surgir de su interior lágrimas de alegría que no se atrevían a salir. A su vez, el disfrutaba de la música y pensaba que esa canción perfectamente pudiera haberla escrito él para Agus.
Cuando la letra de la canción acabó y las últimas notas sonaban, Agustín se inclinó un poco.
-Te amo. -le dijo al oído.
Una lágrima de emoción resbaló por el rostro de Justin, que se lanzó a los brazos de su novio para abrazarlo con fuerza.
Ese día, había pasado de ser un día negro a ser uno de los mejores de su vida.

***

Ainoa se acercó a Dani. El chico había tenido revisión en el médico a la hora del recreo; así que no se habían visto en toda la mañana, y durante la fiesta se había olvidado de preguntarle.
-¿Qué tal tu ayer tu cita, Dani?

domingo, 6 de abril de 2014

Pequeños detalles

Queremos dedicar este capítulo a nuestra mejor amiga África, por estar siempre ahí, apoyarnos siempre, porque es la mejor... En fin, podríamos estar definiendo sus virtudes durante años y no acabaríamos.
El día 2 de este mes fue su cumpleaños, y bueno, aquí tienes tu pequeño regalo ;)
¡Te queremos Principessa!!
También unas felicitaciones a Lila, cuyo cumplamos es hoy. ¡¡Eres la mejore, Preciosa!!
Te quiero, mi Estadounidense ;)






Y hay veces, que incluso antes de despedirte de alguien, ya lo extrañas.


Olía tan bien...
Cada cosa suya conseguía hacerlo sentir diferente y afortunado, y hacían que Agustín le atrajese más. Sabía que tenía suerte, muchísima suerte, y su novio era la prueba.

-¿Qué tal el día? - le preguntó el chico mirándolo desde arriba.

-Ahora, perfecto.

Agus sonrío tristemente. No se quedaría por mucho tiempo.
Lo abrazó con más fuerza contra sí.

-¿Vamos a comer?

-Está bien. ¿Invitas tú?

Agustín asintió y salieron de allí por el otro lado del callejón, el que no daba al instituto, para evitar ser vistos.

Después de comer algo, Agustín lo acompañó a su casa, donde se despidieron con un abrazo y un beso suave y casi imperceptible en la mejilla.
-¿Nos vemos mañana?
-Claro – contestó el mayor de los dos.
-Me gustaría poder prepararte algo para tu último día aquí pero teniendo que estudiar no tengo tiempo...
-De eso me encargaré yo, no te preocupes.
Justin sonrió, aguantando las ganas de besarlo. Se apretó el estómago para no sentir las mariposas que amenazaban con ponerlo a temblar, incluso se mareaba un poco.
-Hasta mañana – se despidió Agustín bajando las escaleras de la entrada con una sonrisa en la cara.
Su nerviosismo se mezcló con tristeza y soledad.
-Adiós... - murmuró antes de entrar en casa.
Aún sumergido en sus pensamientos, se sorprendió al escuchar el grito de Antonio y notar como lo estrechaba entre sus brazos.
-¡JUSTIN! ¿PODÍAS HABER LLEGADO ANTES, NO? ¡POR TU CULPA HE TENIDO QUE AGUANTARME LAS GANAS!
-¿Las ganas de qué? - preguntó divertido su hermano mayor.
-¡TÍA ANA NOS HA TRAÍDO BOMBONES DE SUIZA!
Justin sonrió ampliamente al niño.
-Corre a la cocina, voy en un segundo.
-¡No tardes!
Antonio hizo lo que le había dicho mientras él saludaba a su tía, que estaba hablando con su madre en el salón.
-Os he traído bombones para... - empezó a decir su tía sonriendo.
-Sí, lo sé. Antonio se ha encargado de gritármelo cuando he llegado – bromeó.
Ambas mujeres rieron.
-Hay una caja para cada uno de vosotros. Ya verás, reconocerás el tuyo.
-Muchas gracias, tía Ana.
Ella sonrió al joven y siguió hablando con su hermana.
Justin fue a la cocina y rió al ver a su hermano ya con la boca llena de chocolate.
-¿Están buenos?
-Eso es poco – dijo antes de coger otro bombón.
Justín abrió su caja y cogió uno. Se fijó entonces en la tapadera y vio un pequeño sobre pegado donde estaba escrito su nombre.
-¿Qué...?
Antonio lo dejó solo para agradecerle a su tía los dulces.
Abrió el sobre lentamente y leyó su contenido con los ojos bien abiertos.
-¿¡A Suiza!? - gritó corriendo al salón.
Su hermano lo miró con los ojos bien abiertos, mientras que su madre y su tía sonreían.
-Sí, unas semanas, conmigo, tu tío y tus primos. Encontramos un campamento perfecto para ti de una semana.
-¡¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!! - dijo Justin abrazando a su tía con suavidad para no tirarle la taza de café.
-¡Me alegro de que te guste!
-¡Claro que me gusta! ¡Muchísimas gracias!
Antonio pareció disgustado, su madre lo abrazó para reconfortarlo y él se dejó hacer.
***
-¿Cielo, bajáis a comer? - gritó su madre desde el primer piso.
-¡Ya vamos! - contestó Jorge desde la habitación de Violeta.
Era el último día de Jorge allí, no podía perder días de clase y se iría esa misma tarde, después de comer.
-¿Vamos? - le preguntó a su amiga.
Ella asintió y se levantó de la cama con pereza.
Ambos bajaron al salón y se sentaron a la mesa.
-¿Qué vamos a comer? - preguntó Violeta a su madre.
-Paella.
Ella sonrió y Jorge la imitó al verla por fin hacerlo.
Después de comer, fueron juntos a la estación.
Los padres de Violeta la esperaron en el coche para darle más intimidad.
Jorge y Violeta fueron hasta el andén, y viendo que el tren ya estaba allí, se despidieron con un abrazo y varios besos en las mejillas.
-Mejórate – casi le suplicó Jorge a Violeta – por mí.
Ella sonrió y asintió.
-Está bien. Suerte.
-Gracias.
Jorge subió al tren y buscó un asiento junto a la ventana para poder despedirse de Violeta, que esperaba su despedida intentando esconder la tristeza que la invadía completamente.
Cuando el tren hubo desaparecido unos minutos más tarde de su vista volvió al coche.
Su madre le sonrió.
-Podrá venir otro fin de semana, e incluso en vacaciones, si quieres.
-Gracias – dijo ella sonriendo.
Al volver a casa, se encerró en su habitación y durmió durante unas horas.
En realidad no estaba ta mal. Notaba que algo que la había aprisionado ya no la encerraba más dentro de sí misma.
Daniel era bueno para ella, y Rubén... aprendería a olvidarlo.
Ainoa la llamó en ese momento.
-Dime – dijo con un tono un poco más alegre.
-¿Qué tal estas?
-Mejorando.
-Me alegro – dijo ella.
-¿Tú?
-Bien, gracias.
Ambas sonrieron y se hizo un pequeño silencio entre ellas.
-Daniel me ha dicho que ibais a salir hoy pero al final no habéis podido.
-Sí...
-¿Te apetece salir ahora?
-Claro, ¿por qué no?
-Perfecto – Ainoa pareció más alegre – nos vemos en una hora en la cafetería de la última vez.

Ya allí, Violeta empujó la puerta de la entrada con cansancio y entró esperando ver a todos sentados en una mesa, pero no fue así.
Dani estaba de pie delante de una mesa decorada con velas.
-Daniel... ¿por qué... ?
-No es más que un pequeño detalle... 


sábado, 29 de marzo de 2014

Oculto.

Hablar con alguien y estar pensando en algo que no puedes contarle ocurre algo así como todos los días.

 

 

Dani se despertó. Recordó todo lo que había pasado y se sintió mal por su primo; pero no pediría perdón a su estúpida amiguita. Ella también se había pasado, y mucho. Nadie tenía derecho a meterse con él, y mucho menos con sus amigos.
Sus padres aún no habían vuelto. Se levantó del sofá y fue a buscar a Lucas Martín. El niño estaba de rodillas escribiendo en una mesa muy baja con una gorra roja en la cabeza y moviendo la cabeza al son de una melodía en su cabeza. Seguramente estaría escribiendo una canción o algún rap.
Le quitó los cascos que, aunque apagados, el chico se ponía para no escuchar nada y aislarse del mudo exterior.
-Ey, Lucas Martín, ve a ponerte un abrigo, anda, que nos vamos.
-Vale -dijo él sin muchas ganas-, ¿puedo llevarme esto para seguir escribiendo?
-Como quieras.
-Vale, ¿vamos a ver a Eliot? Quiero enseñárselo.
A Dani aquello le dolió un poco, ¿en serio quería enseñárselo a Eliot antes sin que ni siquiera lo hubiera visto antes él?
-Claro, como quieras.
-¿Y a dónde vamos entonces?
-A ver a Borja.
-Estará enfadado.
-Lo sé. ¿Puedo ver yo también eso, Martin? -le preguntó cambiando de tema.
-Em... No. Por haberte portado tan mal con Borja. -respondió el niño escondiéndolo tras su espalda y yéndose de allí.
Daniel suspiró. Se dirigió al dormitorio de su hermana. Allí estaba ella, de espaldas a la puerta jugando con un peluche. Se quitó los zapatos y entró sin hacer ruido. La cogió por sorpresa, levantándola del suelo y haciéndole una pedorreta en la barriga. La niña se rió.
-¿Tienes ganas de ir a ver a Sandra, pequeñina?
-¡Síiii! -exclamó ella.
-Pues corre y ve a ponerte los zapatos. -le ordenó dejándola de nuevo en el suelo.

***

Rubén se despertó por un pitido de su móvil. Lo cogió. Era Raúl. El hombre estaba preocupado porque aún no le había contado qué le pasaba. Decidió resumírselo todo para que lo entendiera. Raúl había sido siempre una brillante mente pensante, quizás a él se le ocurriera alguna idea. Quizás sabía cómo hacer para que la chica a la que amaba, la cual le odiaba, salía con otro chico y no quería volver a saber de él, volviera con él. No tenía muchas esperanzas, nunca había creído demasiado en los milagros. Pero había que intentarlo, y confiaba mucho en Raúl.

***

Habían vuelto de tomar aquel helado, la verdad era que Violeta no se sentía mucho mejor, y Jorge no sabía qué más hacer. Ese día, la chica había quedado con Dani; pero, no sabía si por suerte o por desgracia, sus padres le habían vuelto a dejar al cuidado de los pequeños. Viendo a Dani casi agradecía ser hija única; aunque luego se fijaba en Ainoa y Robin, Jus y Antonio o Eliot y sus hermanos y no parecía ser tan malo. Creía que Estrella también tenía una hermana con la que se llevaba muy bien, ella era la única hija única.
Y en todo esto era en lo que pensaba como distracción para poder sacarse a Rubén un rato de la cabeza; era lo único que se le había ocurrido.
No podía seguir así, simplemente, no podía.

***

Por fin llegó a casa de sus tíos, eso de ir cargando con Carolina porque la niña se había empeñado en llevar su nuevo juguete y se tropezaba cada dos por tres a la vez que escuchaba la charlatanería de Martín, al cual parecían haberle dado pilas “Duracell”, era un tanto exasperante. Llamó a la puerta y le abrió su tía.
-¡Hola, chicos! -les saludó Teresa con una gran sonrisa- ¿Cómo es que os habéis dejado caer por aquí?
-He venido a ver a Borja. -le contestó Dani.
-Oh, sí. Parece que ha venido un tanto enfadado... Pasar, pasar.
-¿Dónde está?
Daniel se dirigió a la habitación que su tía le había indicado. Allí estaba Borja, solo. Se apoyó en el marco de la puerta.
-Ey. ¿Se ha ido ya tu amiguita?
-Sí. Y vete, déjame en paz.
-¿Estás enfadado conmigo?
-Tú verás... -contestó él sarcástico.
-Sabes que no puedes enfadarte conmigo.
Dani se lanzó encima de su primo con un ataque de cosquillas. Al final consiguió que Borja se relajara un poco.
-Bueno, ¿a qué has venido?
-Quería pedirte perdón. -Borja abrió la boca para decir algo- Y no, no voy a pedirle perdón a esa sucia arpía. -le cortó él- Si tendría que haberme callado era por respeto a ti, no a esa. Y qué quieres que te diga, no me parece una buena persona, no creo que sea una buena compañía; pero ya sé que al final harás lo que tú veas.
El niño quiso decirle que a penas tenía otra opción: ella era bastante popular, y... él era el marginado. A lo mejor si se acercaba a ella pararían de meterse con él. Pero no, no se lo digo, no quería que supiera eso de él.
-Y bueno, -prosiguió Daniel- no voy a dejar que nadie se meta con mis amigos; así que entiéndeme, ¡no iba a quedarme de brazos cruzados! Pero... sí que es verdad que me pasé; así que lo siento.
-Disculpas aceptadas. -contestó Borja, dándole un abrazo para sorpresa del chico.

***

Peter miró a Justin y luego de nuevo a la bolita de papel que tenía en la mano. Se la tiró disimuladamente para que nadie la viera pero, a la vez, que si la vieran creyeran que era la típica bola babeada para molestarle. El chico la leyó “necesito que me ayudes en una cosa... Nos vemos en los baños de la tercera planta en el recreo, deshazte de tus amigos”. En esa planta no solía a ver nadie en los recreos, al fin y al cabo, estaba prohibido entrar a esas plantas del edificio a esas horas. Inclinó un poco la cabeza para que Peter supiera que estaba asintiendo.
En el recreo, Peter le pidió volver a quedar: había hecho todos los problemas como el chico le dijo, pero aún así seguía teniendo muchas dudas y seguía sin entenderlo.
Justin no sabía muy bien qué hacer ¿tendría que quedar con el muchacho cuando ya sólo quedaban dos días para que Agus se fuera? No le parecía muy justo; pero le había dicho al muchacho que iba a ayudarle. Decidió explicarle al chico la situación:
-Em... Es que mira, Peter. Ha venido a visitarme mi pareja, que está viviendo en otra ciudad y lleva mucho tiempo sin verme, y quiero aprovechar el tiempo para estar juntos... Pero también es verdad que yo tengo que estudiar para ese examen... Intentaré encontrar si tengo tiempo.
-Um... Claro, lo entiendo. Podrías presentármela. -dijo curioso.
-¿No decías que no querías que nadie supiera que te estoy ayudando?
-Cierto... ¿Es de aquí?
-Sí.
-Una lástima.
Hubo un rato de silencio, se intercambiaron los móviles para poder avisarle si tenía tiempo y se giró hacia la puerta.
-¿Sabes? Creo que esa “A” tiene suerte. -comentó Peter de repente- Um... ¿Alisson, Andrea, Antonia, Alberta? … ¿Cómo se llama?
-Nunca lo descubrirías. -dijo sin girarse a él.
-Bueno, aún así, creo que tiene suerte.
Justin se contuvo de darle las gracias y se fue con sus amigos. Había sido muy raro por parte de Peter.

***

Aquel fue un recreo muy molesto para la pobre de Ainoa. Que Estrella le diera un pequeño codazo cada vez que Eliot y Daniel no miraban y que Violeta le lanzara indirectas era casi para meterle una paliza cada una. Justin, decidiendo que ya había sido bastante con la broma, se puso detrás de ella dejando sus brazos en sus hombros y las piernas haciendo distancia entre ella y las dos chicas; para alivio de Ainoa.
¿Qué iba a hacer ahora? ¿Es que no entendían que, por mucho que le gustara, ella no quería salir con él?

Peter pasó por delante de donde estaban ellos con su grupo para dirigirse al porche y los jardines más alejados, donde no solían pasar los profesores y se podía fumar. Les lanzó una mirada por el rabillo del ojo. “A de Ainoa” pensó, aunque eso no tenía mucho sentido si Justin no le había mentido al decirle que su pareja había venido de visita como excusa para no poder quedar.

***

Cuando salió del instituto,en seguida vio de lejos a Agus, que le hizo una seña y se metió por un callejón. Fue corriendo alegre hasta allí y se lanzó de un salto a sus brazos, cómo le gustaría que Agus se quedara para siempre allí...

domingo, 23 de marzo de 2014

Apoyo




 El apoyo de la persona adecuada y en el momento adecuado, hace milagros.


Llevaba pensando en Andrés toda la tarde. Tenía ganas de llamarlo y de saber cómo se encontraba, si algo había cambiado...
Pero no podía, Violeta necesitaba su ayuda.
La miró unos segundos buscando su mirada, pero ella solo se fijaba en las aves del estanque.

-¿En qué piensas? - le preguntó intentando parecer natural.

-En Rubén.

-¿Y qué piensas de Rubén?

-Que  no debería haberle enviado ese mensaje, porque se lo puede haber tomado muy mal, y que aún así sigo estando cabreada con él.

Jorge intentó no suspirar con demasiada desesperación.

-Perdona, soy repetitiva - dijo Violeta agachando la cabeza.

-No, no te preocupes. Pero deberías pensar en otra cosa.

-¿Cómo en qué?

Jorge evitó su mirada y se fijó en un cisne que se movía con una gracilidad impresionante.

-En que la vida sigue. Aún no eres ni siquiera mayor de edad y tienes otro novio, al que le gustas y que te gusta, ¿cuál es el problema?

-Rubén... Rubén me quería.

-¿Y tú lo querías a él?

La chica se mantuvo unos segundos en silencio.

-Creo... creo que estaba enamorada de él.

-¿Estabas?¿En pasado? - preguntó Jorge llevándose a la boca un chicle. Miró a su amiga con cariño y le acarició una mejilla pálida y húmeda por las lágrimas.

-No lo sé.

Podría haber dejado de hablar del tema, pero sabía que con Violeta, lo mejor era hablar del tema al principio, cuando las emociones aún estaban a flor de piel, porque más tarde, podía llegar a confundirlas y sería muy difícil quitarle una idea de la cabeza entonces.

-¿Y Dani?¿A él lo quieres?

-Dani me gusta mucho.

-Yo creo que él te quiere.

-¿Cómo lo puedes saber? No lo conoces nada más que de unos días...

Jorge hizo una pompa con su chicle de fresa y le cogió la mano en señal de apoyo.

-Por cómo te mira. No mira así ni siquiera a Eliot, que según me ha parecido entender es su mejor amigo.

Violeta asintió, algo más contenta.

-Me alegro de saber que lo tengo a mi lado - comentó con la voz algo rota.

Jorge la abrazó suavemente y  le acarició el pelo como  a un bebé.

-¿Te apetece un helado? Invito yo.

***

-¿¡SE PUEDE SABER QUÉ TE PASA!? - le gritó el chico a Daniel. 

-Podría preguntarte lo mismo, no te hagas el listo. 

Carolina se levantó del sofá y salió rápidamente del salón.

-¡NO HE HECHO NADA PARA QUE ME TRATES ASÍ! ¡ESTOY AQUÍ PARA AYUDARTE!

-Tu ayuda pero no me hace falta, muchas gracias. 

Borja cogió su chaqueta y se acercó a la puerta de entrada rápidamente. 

-No me esperaba esto de ti, Dani. Pensaba que sabías comportarte. 

La amiga de Borja se colocó detrás de él y cogió su abrigo también. Ambos salieron juntos de la casa. 

-Te has pasado - le dijo Lucas a su hermano mayor. 

Daniel se encogió de hombros como única respuesta. 

-Te estás comportando como un niño. Él no tiene la culpa de que papá y mamá hayan salido  y te hayan dejado a ti al cargo. 

Ya estaba harto de que le tocase siempre a él. Sobretodo porque le habían fastidiado todos sus planes. 
Ya iban dos veces en una semana.

-¡Pero estoy de muy mal humor, ¿de acuerdo?! - Daniel respiró profundamente - Déjame solo, por favor - dijo un poco más relajado. 

-Mejor solo que mal acompañado - se burló su hermano con maldad. También se había enfadado. 

Por fin estuvo solo. 

Que Borja apareciese con su nueva "amiga" sin avisar lo había molestado más de lo que debería, lo admite, pero de ahí a que ella fuese tan descarada y criticase todo lo que tenía que ver con él y sus amigos lo había hecho explotar. 

Se pasó una mano por el pelo y se tumbó todo lo largo del sofá. Los pies se le salían de él, pero le daba igual, se divirtió mirándolos unos segundos antes de dormirse. 

***

 -Pareces un fantasma - le dijo una voz desconocida cuando estaba abriendo los ojos. 

-No me encuentro bien. 

-Eso ya lo veo Rubén. Espero al menos que no haga falta que te lleve al hospital - dijo esta vez alguien que reconoció: Alba. ¿Qué hacía en su casa?

Abrió los ojos lentamente y con pesadez. Se había prometido no beber, pero ya no se acordaba de lo que había hecho anoche. 

-¿Qué hacéis aquí? - le preguntó con voz débil a su hermana y a su acompañante que no conocía.

-No contestabas al teléfono unas horas después de que me contaras lo de ese mensaje - explicó Alba sirviéndose un vaso de zumo de piña -, sabiendo cómo eres me asusté de que pensaras hacer algo estúpido, así que vinimos lo más rápido que pudimos. 

-Nunca te dije mi dirección.

-¿Nunca has probado a buscar tu nombre en internet? La dirección de tus dos casas aparecen en una página web bastante conocida: buscas el nombre de una persona importante y te da su dirección. 

-No soy tan importante.

Alba no le dio importancia al comentario e hizo un gesto con la muñeca que lo demostraba.

-En lo que concierne a "cómo entramos" tengo que decir que esconder las llaves bajo una maceta no es lo más original que he visto.  

Rubén no hizo mucho caso a eso y cambió de tema.

- ¿Qué mas decía sobre mí internet?

-Pues...debo admitir - dijo sonriendo mientras se sentaba a su lado en el sofá -, que algunos comentarios sobre ti me hicieron mucha gracia.

-¿Eran malos? 

-No, no. No te preocupes. Todo en orden - le dijo el desconocido a Rubén, que lo miró desconcertado.

-Bueno, ¿Y él? - dijo sentándose lentamente. 

-Es mi prometido. 

-¿¡Te vas a casar!? - se sorprendió el hombre. Se sintió ofendido y al mismo tiempo culpable por no saberlo. 

-Aún no, no estoy preparada. Pero sé que quiero pasar mi vida con él. 

El hombre se acercó y le dio un suave beso en los labios. 

-Me alegro por los dos - dijo Rubén levantándose y andando unos pasos hacia ellos. Le tendió la mano al prometido de su hermana - Encantado, y felicidades...

- ...Philippe - terminó él la frase - Encantado también, y gracias - contestó él dándole la mano a Rubén. 

-¿De qué parte de América eres, Philippe? - dijo Rubén sentándose de nuevo y masajeándose la sien.

-De... Nueva York - dijo el hombre algo sorprendido. 

-He ido varias veces allí. Es una ciudad muy atrayente. 

-Sí, lo dicen mucho. Pero como yo me he criado allí, no me resulta tan impresionante. 

-¿Dónde aprendiste a hablar español?

-Tu hermana me enseñó - dijo sonriéndole a la joven. 

-Soy profesora en una academia para extranjeros.

Rubén asintió con una sonrisa torcida. 

-Bien, bien - logró decir antes de darse la vuelta y mirar hacia las escaleras que subían al segundo piso.

-Podéis quedaros aquí sin problemas - dijo mientras volvía a levantarse y subía las escaleras - yo me voy a dormir unas horas, serviros lo que queráis.

 




domingo, 16 de marzo de 2014

Adieu


La diferencia entre “au revoir” y “adieu” es que “adieu” es un adiós para siempre. Hay cosas que, simplemente, deberían acabar.


Justin se despertó y miró el reloj, aún era temprano. Recordó que ese día había quedado con Peter por la mañana para ayudarle con el examen de Matemáticas del viernes. No tenía demasiadas ganas, pero tenía que hacerlo, ya le había dicho que lo haría. Era lunes, y tenían puente, al día siguiente volverían al instituto. Había conseguido convencer a Agus para que pasara esa mañana con su familia sin decirle que había quedado con él. Si Agus lo descubría, se enfadaría, y mucho. No le extrañaba, después de todo... Entonces recordó que aún no le había pedido permiso a su madre y bajó a desayunar, la encontró en la cocina.
-Oye, mamá, se me olvidó decirte que he quedado con un niño de la clase para ayudarle con las mates, espero que no te importe ¿verdad?
-Por supuesto que no. Y vaya, hombre, ¿ya vas haciendo más amigos fuera del grupo?
-En... en realidad no. Tan sólo somos compañeros, e hicimos un trato: yo le ayudo y él me paga en función de la nota que saque.
-Vaya... -su madre estaba menos alegre ahora- Bueno, algo es algo. Vístete y desayuna antes de que venga; por cierto ¿a qué hora habéis quedado?
-En dos horas. Y vaya, mamá, ¿cómo has sabido que hemos quedado aquí?
-¿Si no por qué ibas a decirme que habías quedado a ayudarle y no que ibas con tus amigos? Vamos, desayuna. -dijo saliendo de la habitación con su café en la mano.
No era que Justin no contara las cosas a sus padres, sólo que... ella sí lo sabía. Recordó de golpe la razón: se lo confesó un día que estaba llorando, lloraba por Agus, el día del restaurante. Su madre le ayudó todo lo que pudo y le consoló mientras lloraba. Al día siguiente, cuando Agus empezó a salir con él y su madre le preguntó si estaba mejor, él sólo le respondió que sí sin darle más información. No sabía si a su madre le parecía bien esa parte de él, y no se sentía cómodo hablando del tema con ella. Su padre no lo sabía. Y esa era la razón por la que también le incomodaba decirle que se juntaba con un nuevo chico, o que los niños de su clase se alejaran de él, temía que se imaginara cosas raras.
Paró de pensar en el tema y se hizo el desayuno. Luego se vistió con una camisa larga a cuadros de colores claros entre el morado y el blanco y una camiseta negra por debajo, dejando la camisa abierta. Se puso unos pantalones vaqueros y revolvió un poco su pelo negro, después de peinárselo. No había que olvidar que, después de estar con Pet, había quedado con Agus. Mientras bajaba las escaleras sonó el timbre. Qué rápido había pasado el tiempo, ya eran pasadas las diez. Abrió y le dirigió una media sonrisa un tanto forzada a Peter, él le devolvió una igual.
-Espero que no hayas tenido que esperar mucho, me ha costado un poco encontrar la casa. -le dijo mientras entraban.
-No, tranquilo, me estaba vistiendo.
-Guay entonces.
Se sentaron en la mesa grande del salón y le empezó a explicar. Al rato notó a Peter un tanto nervioso, acercaba su mano a la abertura de la chaqueta y la volvía a dejar sobre el papel. Resolvió su duda:
-Aquí no se puede fumar, ¿verdad?
Él negó con la cabeza.
-Mi padre dejó de fumar cuando mi hermano nació, y odian el olor a tabaco. Sobretodo porque no quieren que haya humo cerca de mi hermano: es asmático y piensan que le puede afectar.
-Vaya, no lo sabía. ¿Y no podemos salir fuera un poco con los libros y me sigues explicando?
-¿No te puedes esperar un poco más?
Peter suspiró y, aunque apretando los puños, asintió con la cabeza y volvió al problema. Justin no tardó mucho en notar que la concentración de Peter había disminuido al pensar en su cigarrillo.
-Anda, salgamos fuera y tómate uno mientras te explico este ejercicio. Así no adelantaremos nada.
-Gracias. -respondió él casi con alivio.
Justin estuvo a punto de decirle que debía parar de fumar, que con el tiempo sería malo para él y que, más aún, podía acabar como Jake. Pero no le dijo nada, sabía que no le haría caso y no sería una buena idea. Al menos, mientras que lo soportara, podría seguir ayudándole con las Matemáticas, que ya era algo. Y la verdad era que todo esto lo hacía porque en el fondo sentía pena, mucha pena, por Peter. No parecía saber lo que era la amistad, ni el esfuerzo para conseguir algo y la satisfacción de sacar buena nota después de estar estudiando, tampoco que se podía ser feliz sin la compañía de un cigarrillo, o que había más formas de relacionarse con gente que ir al botellón. O que no tenía que ser un borrego popular para que la gente lo aceptara, porque así, la verdad, era que los que no eran como él lo detestaban y sólo le hacían caso por su condición en el instituto, y los que sí lo eran estaban con él por conveniencia. Sí, le daba pena, mucha más pena que la que sentía por el Justin de hacía dos años y todo lo que había pasado por culpa de Marcos y Peter.

***

Violeta despertó y buscó a Jorge con la mirada. No estaba en el colchón que habían dispuesto para él. Miró la hora. ¡Ya eran las doce! Con razón no estaba su amigo; pero, ¿por qué no la había despertado?
La verdad era que le venía bien, le apetecía quedarse un rato para pensar a solas. Decidió que ya era el momento de dar el paso. Cogió el móvil de su mesilla y lo encendió. Entró en Whatsapp. Cada paso le costaba más y daba un pequeño vuelco a su corazón. Entró en el chat de “Rubén ❤❤”. Cogió aire.
-Rubén, por si no te ha quedado ya claro, lo nuestro ha terminado. Ya no quiero volver a verte -esa debía ser una de las mayores mentiras de su vida, pero debía hacerlo por su propio bien-, así que hazme el favor y no vuelvas. Y, no sé por qué, pero siento que tengo que decírtelo: ahora estoy con Daniel. Así que deja de intentarlo, por si se había pasado esa idea por tu estúpida mente. Adiós, y esta vez, es un adiós para siempre.
Mandado el mensaje, bloqueó su contacto, sin dejarle una sola oportunidad para responderle. Cuando llegó Jorge, con una bandeja con su desayuno y una amable sonrisa, imaginó sin querer que era Rubén. Cuando vio que en realidad era su amigo, se sintió súper estúpida. Giro de golpe poniéndose boca abajo y hundió la cara en la almohada. Jorge borró su sonrisa, tenía la sensación de que no ayudaría mucho para animarla su desayuno-sorpresa; pero aún así tenía que intentarlo. Dejó la bandeja en el suelo, que era el único sitio que había, y se agachó a su lado.
-Eh... pequeña... ¿qué te pasa? -le preguntó en voz baja con la voz más dulce que pudo, intentando esconder su amarga preocupación.
Ella le pasó el móvil, que aún tenía la conversación con Rubén abierta. Jorge lo leyó e hizo una mueca.

***

Rubén hacía horas que se había despertado, de hecho había dormido a ratos toda la noche, tenía insomnio. Sonó un pitido en su móvil y lo cogió sin mucho ánimo. En cuanto vio que el mensaje era de Violeta lo abrió al momento, una llama de esperanza se encendió en su corazón. Terminó de leer y dejó caer el móvil sobre el colchón. Lo que llevaba toda la noche esperando.
Sentía ganas de llorar, pero había dejado secos sus ojos y sabía que eso no serviría de nada. Mandó un mensaje a Raúl. No lo había hecho antes porque preferiría hablarlo en persona, o en Skype aunque sea como con su hermana; pero necesitaba una mano amiga y sentía que no era justo apoyarse tanto en Alba después de haberla dejado tantos años sola.
Raúl, su mejor amigo que estaba en un viaje de negocios en América, le respondió en seguida:
-Ahora mismo estoy a punto de entrar en una reunión, Rubén, ¿es muy importante?
-La verdad es que sí; pero puedo esperar a que salgas.
-De acuerdo, te llamo en un par de horas.
-Mejor escríbeme, las llamadas internacionales son caras.
-Cierto.
-Suerte con la reunión.
-Suerte con lo que sea que te ocurra.

***

-Chicos, ya está la comida.
-Oh, ¿ya es tan tarde? -preguntó Peter mirando la hora- Bueno, yo mejor me voy, hasta mañana Justin.
-Quédate si quieres. -le contestó la mujer.
-No... gracias. No hace falta, ya comeré en casa.
-¿Tú dónde vives, Peter?
Él les dio el nombre de su pueblo.
-Vaya, pero eso está muy lejos, -observó la madre- tardarás mucho en volver ¿no?
-Sí, voy en autobús, tardo una hora. Pero no pasa nada.
-Venga, que estarás hambriento. -le volvió a invitar ella- No voy a dejar que tardes en comer una hora cuando que aquí hay comida de sobra.
Las tripas de Peter rugieron, dejándole sin opción para rechazar otra vez la oferta, y ellos sonrieron.
La comida transcurrió casi en completo silencio.
-Bueno, muchas gracias, señora. Yo mejor me voy ya a casa. -se despidió Peter poniéndose de pie en cuanto terminó de almorzar.
Ella asintió y Antonio se levantó corriendo.
-¡Yo lo acompaño a la puerta, yo lo acompaño! -pidió el pequeño poniéndose recto con aires de persona mayor.
Justin sonrió.
-Vale, como tú quieras. -le contestó pasándole una mano por el pelo.
Caminaron juntos y en silencio hasta la puerta. Peter lo miraba con curiosidad, era tan parecido a Justin... Le faltaba un poco de altura, el pelo más negro y los ojos más oscuros y serían casi idénticos. Llegaron a la puerta.
-Adiós, pequeño, gracias por acompañarme. -le dijo revolviéndole el pelo. Antonio sonrió- Bueno, cuida a tu hermano, ¿eh? Que tiene que seguir enseñándome mates. -le dijo guiñándole un ojo.
Antonio sonrió y asintió, Peter se fue.
-Ese chico apesta a tabaco. -dijo el padre de Justin en cuanto oyó cerrarse la puerta.
-Sí, lo sé, fuma mucho. Pero tranquilo, no es ni mi amigo, yo sólo le ayudo con Matemáticas.
-Eso espero... No parece un buen chico.
-En realidad, lo juzgas por su aspecto; pero no, no tiene buena fama.
-Pues a mí me cae bien. -argumentó Antonio en cuanto encontró un momento en que no hablara nadie, había llegado justo a la cocina para enterarse- Parece simpático. Y dice que te cuide para que le ayudes con las mates. -dijo mirando a su hermano.
Él le sonrió por toda respuesta.

***

Ainoa miró a su hermano. Los músculos se le marcaban bajo la camiseta. Siempre se había preguntado cómo era que no había vuelto a tener novia después de tantos años. Sólo había tenido una, y no creía que a él le fuera muy difícil conquistar a quién quisiera, además de tener que admitir que era muy guapo, sabía que su hermano era simpático, gracioso e inteligente, y poseía un gran corazón. Siempre se había comparado demasiado con él. Cuando era pequeña, él era como un  ídolo para ella. Ahora ya no; pero a veces le seguía dando coraje comprobar que fuera mejor que ella, aunque realmente esa opinión sólo la tenía la muchacha. Lo que ella no sabía, era que si el muchacho no tenía novia, era porque estaba enamorado. Enamorado de la mejor amiga de su hermana pequeña, y no podía intentar acercarse a ella sin ganarse una buena pelea con su hermana. Además... Estrella todavía era pequeña, y Robin sabía que, si el sentimiento era mutuo, a Mónica no le gustaría que saliera con su hermana menor hasta que esta no fuera al menos mayor de edad. Y lo entendía, al fin y al cabo, él mataría a cualquiera que intetara acercarse a la enana de Ainoa.

Robin se fue a seguir estudiando, acababan de terminar de comer y estaban solos en casa. Ainoa tenía el libro sobre la mesa; pero no era capaz de concentrarse. Tenía la mente perdida en su conversación del día anterior con Violeta, Jorge y Estrella. Después de quedarse sonrojada por lo de Eliot, había negado con redundancia que fuera cierto. Les dijo que como podían pensar eso si ellos dos eran como hermanos. Claro que... No había colado. Así que ya hasta el desconocido de Jorge sabía el secreto mejor guardado por su corazón, ya sólo quedaban Dani y... el propio Eliot.  Lo cierto era que, después de tantos años, sabía que algún día llegaría el momento en que alguno lo descubriera. Al fin y al cabo estaban siempre juntos, y algo debería de notársele si sentía las mejillas arder cada vez que el chico la tocaba.
Estrella se había quejado un poco al descubrir que Justin sí lo sabía, había dicho "¿cómo es que a mí, que soy tu mejor amiga, no me lo dices y a ése sí?" pero tampoco le había dado demasiada importancia. Es decir, ella también le había confesado sólo a Justin su amor hacia Robin; pero lo suyo era distinto: Ainoa era su hermana. Y sabía que le molestaría muy mucho saber que había fijado la vista en su hermano.

***

-¡Adiós, mamá, voy a ver a Agus!
-¡No vuelvas tarde!
-¿Puedo ir contigo, Jus, puedo ir, puedo ir? -le pidió Antonio.
-Lo siento peque, pero va a ser que no. Otro día te vienes ¿vale?
-Bueno...
Llegó a casa de Agus y llamó a la puerta. Estaba algo nervioso. Siempre lo estaba al pensar que pudiera ser que Agus ya le hubiera contado lo suyo a sus padres. Abrió el padre de Agustín, la madre también había acudido al saber que era él para saludarle.
-Hola, Justin, ¿qué tal? Cuanto tiempo. -saludó el padre.
-Me alegro de volver a verte. -le dijo con una sonrisa la madre.
-Gracias, yo también a ustedes. Bien, gracias.
-Ya te he dicho un millón de veces que me tutées, Justin.
-Perdón, la costumbre. Es por caer mejor a los profesores.
Agustín salió en su rescate apareciendo por la entrada con el mando de la consola en la mano.
-Ey, ¿qué hay Justin? ¿Te hace una partidita?
Jus echó a correr en dirección al salón.
-¡El sofá bueno es mío! -exclamó.
-¡No! -contestó Agus corriendo tras él- ¡Pa' ti el malo, cabezón!
Justin se tiró en plancha sobre el sofá señalándolo de su propiedad y Agustín se tiró encima suya con un grito de guerra.
-¡Quita, que me apachurras! -le dijo Justin tirándolo al suelo girándose.
-Ay, pero no me tires.
-No, ¡si te parece dejo que me aplastes!
-Pues claro que sí, wapo. Si lo estás deseando, que estás muy solo.
-¡Ay! ¡Cállate! Puto maricón de mierda... -dijo a sabiendas de que tenía a sus padres detrás.
-Pues más te convendría a ti serlo también -dijo a la vez que intentaba tirarle del sofá-. Así estarías conmigo y no estarías tan soolo y amargado como estás, que no te quiere nadie.
Él se rió y se deshizo de él. Si esa "conversación" ya sería rara siendo los dos amigos, uno hetero y el otro homosexual, siendo los dos novios lo era más todavía. Llevaban haciendo la misma tontería de pelearse por el sofá desde pequeños, con la diferencia de que antes se esperaban a que no estuvieran los padres para intentar tirarse el uno al otro sin que los regañaran.
-Bueno, ¿jugamos ya o qué?
-Um... De pende, si me dejas la mitad del sofá sí. -dijo él alejándole el mando.
-Bueno... Vale...
Empezaron a jugar, sentados cada uno en una punta del sofá. Bastante después sus padres se despidieron de ellos y le dijeron a Agus que llegarían para después de cenar. En cuanto escucharon la puerta cerrarse, se miraron con una sonrisa cómplice. Agustín paró el juego y se acercó a él. Le besó en los labios.
-Ya lo estaba deseando.
-Podríamos habernos ido a dar un paseo si tanto lo querías.
-¿Y perderme la satisfacción de darte una derrota? Já.
-Oye, que vamos casi empate, sólo me ganas por unas cuantas...
-Eso es porque todavía estaba calentando. -contestó Agus pegando su frente a la de él y mirándole como si lo retara a ganar.
Justin sonrió y lo besó.
-Mira que eres malo, ya podrías dejarme ganar si tanto me quieres... -le fijos haciéndole pucheros.
Agustín soltó una carcajada.
-Que te quiera no significa que vaya a dejarte ensuciar mi larga lista de victorias, jum. -objetó haciéndose el chulo.
Justin sonrió y se sentó entre las piernas de él, volviendo a iniciar el juego. Y así, entre partida, besos, caricias y conversaciones, pasaron la tarde.
Agustín le invitó a quedarse con él a cenar; pero él le dijo que no ya que tenía que madrugar para ir al instituto al día siguiente, y volvió a tiempo para ayudar a su madre a poner la mesa. Después de cenar, subió con su hermano a leerle un cuento. A Antonio le encantaba leer y lo hacía estupendamente; pero le gustaba aún más que le leyera su hermano. Mientras le leía, no se podía quitar de la cabeza que se sentía mal por no decirle a Agus que ayudaba a Peter, al fin y al cabo, se lo estaba ocultando, y la suya era una relación con las máximas sinceridades. Terminó de leer el capítulo por el que iba Antonio.
-Ya es tarde, peque, mejor ponte a dormir y sigues leyendo mañana.
-Sí. -respondió él, acomodándose obediente.
Pero Justin no se levantó de la silla. Antonio supo que quería decirle algo.
-Oye, Anton... Ya sé que ya eres muy grande; pero, ¿te importa que esta noche me quede a dormir contigo?
-Em... Claro. -le contestó él. Justin se subió a la cama y se acomodó al lado de su hermano- Justin... ¿te pasa algo?
-No, sólo que esta noche no quiero estar solo.
-Si te pasa algo ya sabes que puedes contármelo. -dijo el pequeño apagando la luz.
-Sí, lo sé, no te preocupes. Gracias, Anton.
-No hay de qué, tú siempre haces lo mismo conmigo.
Y por una noche, Justin no tuvo todas las dudas y preocupaciones rondándole por la cabeza. La compañía de Antonio era, si cabía, la que más serenidad le daba y la que más le consolaba.